Opinión

Los Juegos Olímpicos o la nueva temporada de Game of Thrones

El ocio y el juego como forma creativa son sustituidos por la disciplina de la recreación.

  • 07/08/2016
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A días de comenzar los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro 2016, sólo falta que la samba sea acusada de promover la felicidad por un rato y de incitar a los cuerpos al desalojo de las prendas y la seducción; casi tan peligroso para la “democracia”, como ser sospechoso de sedición.

 

Los malandros que usualmente desfilan en los carnavales e invierten su estatus por unos días, vestidos de reinas y reyes, de militares risueños con carmín en los labios, de damas inglesas, chinas o de noche, con zapatillas guardadas en el clóset, serán vigilados y encuartelados en las favelas hasta nuevo aviso; las playas y la ciudad por un mes, serán para quienes usen garotas fabricadas en Asia, pero con etiqueta de París.

 

¡Arre! -vuelvan al corral-, o aténganse a las consecuencias, si no, pregúntenle a Dilma Rousseff cómo la sacaron del juego.

 

El pulgar nos hará libres.

 

Dice Johan Huizinga, que el juego es constitutivo de la cultura, que la cultura nació con el juego, que el juego encarna la improvisación y la creatividad. La adaptación contemporánea del Homo Ludens, ha sido una pieza central en el capitalismo, para enarbolar la lealtad, el honor, la disciplina y la higiene corporal; pero si el disciplinamiento no se logra engranar en las fábricas y en las escuelas, la televisión ayuda a anhelar lo que no tenemos, cuerpos y mentes libres de culpa.

 

En tiempos del culto al cuerpo sano, del físico musculoso y marcado, el verse bien constituye un ideal de vida para pueblos mal nutridos; desde los altares virtuales del consumo, a través de la mercadotecnia neo-colonialista, se cultiva el culto al físico, pero no lo metafísico; el ejercicio interior se trata de alimentar con gluten, aderezado de patrocinadores que te piden lealtad al canal de televisión o el like –de un buen hombre–, mientras devoramos comida chatarra y hacemos votos porque nos quede bien el bótox.

 

El ocio y el juego como forma creativa y emancipadora, son sustituidos por la disciplina de la recreación: en “nuestro” tiempo libre, nos invitan a saciarnos de consumos globales desde las pantallas, ya sea en familia (cualquier cosa que esto signifique hoy en día) o con los amigos. ¡Todos somos Homero!, hacemos deporte con el pulgar.

 

Prohibido el ejercicio mental.

 

El barón Pierre de Coubertin no empuñó el sable, pero al mencionar que “lo importante no es ganar sino competir”, sus apologistas contemporáneos, muestran que la dialéctica entre la lealtad y el honor, se parece más a los Juegos del Hambre, por el rating, que a una justa de hermandad universal.

 

El legendario Vince Lombardi -sin querer queriendo-, se convirtió en un ideólogo de la mercadotecnia deportiva, al sentenciar que “el ganar no es lo más importante, es lo único”.

 

El juego, como comunión y reunión celebrativa de los pueblos, se ha convertido en un espectáculo que posibilita ver que lo importante de los Juegos Olímpicos es mostrar el músculo político, las hegemonías nacionalistas con tintes fascistas y convencer a la audiencia, a costa de lo que sea necesario, que todos ganamos; aunque nuestras carteras enflaquen y las de los patrocinadores rebosen de oro: -ganar, ganar-, Adam Smith estaría orgulloso de lo lejos que llegaron sus ideas aplicadas a los tenis y a las bebidas refrescantes.

 

Las guerras en las galaxias.

 

Yelena Isinbáyeva estará ausente, nos dejará con las ganas de ver la forma estética en que la capacidad y la belleza asaltan la duela; el argumento es algo que ni Nabokov sería capaz de describir con tal suspicacia; a veces se nos olvida que el ajedrez es el deporte oficial de la geopolítica. La atleta rusa tendrá que conformarse con saltar ventanas y muros desde internet: será su nueva “ciberia” (reporte de último momento, que siempre sí; las piezas del tablero se mueven).

 

Teófilo Stevenson y Mohamed Ali nunca cumplieron el sueño de las cerveceras y las pastillas del día después para los distintos tipos de resaca. Al no enfrentarse, mostraron la elegancia que sólo unos cuantos tienen cuando les ofrecen el billete verde.

 

En estos tiempos, tal parece que aunque se jugará en primavera, el invierno no dejará campo para el sol, lo único que brillará es el oro para unos cuantos; el clima mundial sigue anunciando tormentas; el huracán con tufo fascista continúa devorando vidas, libertades, economías locales.

 

En los feudos de Latinoamérica, las competencias por las audiencias están bañadas de cervezas, carne a la brasa de modelos con jugosos contratos y aderezada con la comicidad de topos, que al asomarse por la madriguera del canal en turno, deben convencer que el humor misógino y clasista es parte de las identidades nacionales en turno.

 

Como muestra de los reinos en disputa, están las pantallas mexicanas. La salida del duopolio televisivo de las transmisiones de la justa olímpica y la entrada del magnate mexicano Carlos Slim, nos muestra que el contragolpe calará duro en las arcas del Ajusco y de San Ángel; llegaron tarde al pastel, quizá les toquen algunas “boronas”; como salida de una telenovela, su ausencia de la fiesta podría titularse: Los ricos también lloran.

 

Por su parte, los atletas y en especial los futbolistas mexicanos, se deben cuidar de comer carne con clembuterol, pero más que eso, de las voces que buscarán culpables en las canchas, para evitar hablar de lo que sucede con los de pantalón largo en el deporte mexicano; desgraciadamente, nos parecemos más a Sicilia en tiempos de Vito Corleone que a Islandia.

 

Prendida la llama olímpica, los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro parecen ser más la nueva temporada de Game of Thrones, que una justa deportiva enalteciendo los valores del respeto, la competencia leal y la pluralidad entre los sujetos y las naciones.

 

@jorgemenecs1

@OpinionLSR

 

Jorge Alberto Meneses Cárdenas

Es profesor-investigador en La Universidad del Mar, en Huatulco. Estudió antropología social en la ENAH y sociología política en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Realizando la investigación doctoral sobre Juventudes indígenas universitarias en México y Colombia (UNAM). Sus intereses de investigación giran en torno a las juventudes, la antropología del deporte, la migración, la cultura popular y la cultura política. jorgemenecs@hotmail.com

 

@institutomora

www.mora.edu.mx

 

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