Opinión

Los informes presidenciales no son como los de antes

Una realidad de crisis profunda que rebasa cualquier mensaje de buenaventura. | Manuel Fuentes

  • 02/09/2020
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Desde pequeño recuerdo el día del informe del presidente. Todo era festín, el primero de septiembre se paraban las actividades y en los televisores se veía al primer mandatario de la Nación (así se le decía) llegar en un auto en descubierta, que era seguido por decenas de guarda espaldas mientras la gente miraba azorada el paso de ese convoy rumbo al Congreso de la Unión.

Cuando llegaba al magnifico recinto el jefe de la Nación, los diputados y senadores se ponían de pie y aplaudían por largo rato su presencia. Todos querían aparecer, eran los tiempos del partido único que con el tiempo se fue desgranando hasta quedar en un penoso olvido.

A medida que pasaron los años trataba de seguir el informe, pero era bonanza todo lo que se relataba y de un país de las maravillas que a medida que lo escuchabas no sabías de dónde hablaban. Algunos informes eran largos, tediosos, y más aburridos cuando llegaban a los números, daban cifras y cifras. Aparecían los aplausos que despertaban a quienes lo estaban escuchando, ¿qué pasó?, ¿qué dijo? Y alguien respondía -nada importante-, era para darle tiempo al presidente para tomar agua.

Cuando terminaba el informe parecía como si fuéramos del primer mundo, aplausos y luego el besamanos. Así le llamaban a los lambiscones que se acercaban para que no se olvidara de ellos. - ¡Muy bien presidente, usted es el mejor de todos!

En los pocos segundos que tenían al momento de estrecharle la mano, los políticos de ese tiempo tenían que pensar en la mejor frase para que el señor presidente no se olvidara de ellos. - Estoy listo para iniciar campaña en mi Estado cuando así lo decida. - Quiero ser diputado y ser su más firme aliado. - Soy su mejor peón de la revolución, con usted a donde me diga.

Cuando el jefe de la Nación en el montículo del besamanos lo miraba y le respondía: - venga mañana a Palacio para que conversemos, era la mejor respuesta, la más esperada. Los fotógrafos de ese tiempo hacían su agosto, apenas iniciando septiembre.

Las fotografías de ese importante acto se exhibían en las oficinas de los políticos, en el mejor lugar para demostrarle a sus allegados que el presidente les había estrechado la mano. Era el signo de poder de aquellos tiempos.

Ahora los informes presidenciales han cambiado por un mensaje político y el texto de lo ocurrido en el año se entrega por escrito al Congreso de la Unión para su análisis.

Sin embargo, el mensaje presidencial como en otros tiempos es de optimismo, seguro así debe ser, no deben transmitirse todos los retos, ni todas las pérdidas, ni el real tamaño de la crisis; eso será motivo de análisis en otro espacio, en otro momento. Aunque se acepta la existencia de dos crisis: la sanitaria y la económica como si fueran la visión moderna de los caballos del apocalipsis de otros tiempos.

Por lo pronto la primera rueda de inicio es la corrupción, el principal eje de actividad de este gobierno, en el que se acepta falta desterrar por completo el "bandidaje oficial". Por supuesto, lo que causa estragos y que se acepta sin empacho: la austeridad republicana, que se encarna en menos personal, cierre de oficinas, reducción de salarios y baja operatividad de servicios. Son los nuevos tiempos de apretar el cinturón, que ya no da más.

El informe tiene el acierto de reconocer la entrega de los trabajadores de la salud durante esta pandemia, pero no menciona la carencia de equipos de protección, la sobrecarga de trabajo, ni las muertes que enfrentan, seguro será en otro espacio.

Resalta el apoyo a tres millones de agricultores y pescadores con recursos de manera directa, pero cifras a 2018 revelan 5.5 millones ¿Qué ocurre con los otros que no reciben apoyo?

El mensaje presidencial habla de 93 mil nuevos empleos recién creados, ¿y por qué no se comenta del millón de empleos formales perdidos y del casi el doble en el empleo informal? ¿Qué planes hay para atemperar esa crisis de hombres y mujeres que se fueron a la calle sin trabajo y carecen de opciones? Estas personas también esperan un mensaje de aliento, pero con acciones gubernamentales y de empresarios. 

Actualmente miles de trabajadores se siguen quedando sin empleo por medio de convenios leoninos con liquidaciones que no representan ni una cuarta parte de lo que les corresponde sin que haya autoridad que detenga estas arbitrariedades.

El mensaje presidencial dice que los empresarios decidieron "voluntariamente aportar más para pensionar mejor a los trabajadores", sin embargo, la iniciativa presidencial ni siquiera se conoce (es un secreto de Estado) y la información proporcionada no revela que las pensiones mejoren en el corto plazo, ni en diez años como lo han previsto.

Sólo hay preocupación porque en el tema de pensiones se mantiene el boyante negocio de las afores privadas y se pretende legitimar su pago en Unidades de Medida y Actualización (UMAS) en lugar de su equivalencia en salarios mínimos.

Es cierto que los informes ya no son como los de antes con esas ceremonias fastuosas y con un presidente tratado como si fuera un faraón, pero siguen reinando muchas preguntas sin responder. Una realidad de crisis profunda que rebasa cualquier mensaje de buenaventura.

De otros avatares

Hermila Bazán Ortiz era de esas sindicalistas que no descansaban nunca, ni en fines de semana o días festivos. Se le veía recorriendo hospitales y clínicas del IMSS atendiendo los problemas de miles de compañeros. Su mayor preocupación fue la Seguridad Social y siempre estuvo en contra de las carencias de esa institución. Fue Secretaria General de la Sección XXXV del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social y después integrante del Comité Ejecutivo Nacional de esa organización. Este primero de septiembre apenas amanecía y su partida fue inevitable por un cáncer que la aquejaba. Deja una gran huella y un ejemplo a seguir. Nuestro recuerdo permanente a una gran mujer.

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