Opinión

Los ejércitos y la agenda de seguridad nacional en el s. XXI

En el siglo XXI la evidencia muestra que los ejercicios más grandes del mundo no fueron desmantelados, y que por el contrario hoy reciben más recursos. | Jorge Lumbreras*

  • 10/08/2019
  • Escuchar

En el siglo XXI la evidencia muestra que los ejércitos más grandes del mundo no fueron desmantelados y que por el contrario hoy reciben más recursos, que todos los institutos armados deben considerar riesgos y amenazas tradicionales y difusas a la seguridad nacional de sus países, que la narrativa de las potencias supone que los ejércitos de los países menos avanzados asuman misiones distintas a preservar su independencia y soberanía; que el gasto militar es una constante a escala planetaria; que el desarrollo de nuevas armas, estrategias y tácticas de influencia regional y mundial están en marcha, y que las naciones con menor poderío económico ampliaron las misiones de sus Fuerzas Armadas para estar en condiciones de responder a las amenazas y riesgos de un mundo en que el interés, el beneficio y la irracionalidad de la acción de países centrales y actores no estatales ponen en riesgo a sus ciudadanías.

Todo Estado tiene la responsabilidad de garantizar que la nación persevere, y si en el lapso que va de 1946 a 1989 las amenazas centrales para los países fueron la Guerra como presión dominante, el conflicto interior y las intervenciones militares -de forma particular en América Latina- hoy existen nuevas amenazas y riesgos que los Estados en tanto unidades políticas constituidas deben inevitablemente considerar.

La tarea de la seguridad nacional se extiende por varios campos multidimensionales. El papel del Estado se hace necesario en un mundo donde las 30 empresas más grandes del mundo poseen más recursos que las 100 naciones con menor desarrollo, donde 16 por ciento de la población concentra más del 65 por ciento de la riqueza global, la energía y la tecnología y donde el modelo de creación de riqueza excluye las naciones con menores capacidades y recursos. Las promesas incumplidas de la globalización, la interdependencia y la regionalización contrastan con un modelo de riqueza que globaliza las finanzas y las comunicaciones no el acceso al bienestar, por nuevas formas de dependencia, y por la formación de bloques excluyentes.

Lo que define a la economía es la privatización de los beneficios y la socialización de los costos, aun en los países centrales las ciudadanías han debido costear con recursos fiscales las prácticas especulativas depredadoras. Los intereses globales se apoderan cada vez más de la tierra, del agua dulce y hasta de los recursos genéticos a través de las patentes. El complejo de investigación y venta de medicamentos es gravoso para los países pobres tal y como se expuso en la Cumbre de Doha.

El control de alimentos y sus precios es otra arista a considerar por varios países ante la destrucción de sus modos locales de producción y ante la imposición de semillas “mejoradas” y fertilizantes que, en algunos casos, además de condicionar la producción de alimentos dañan la salud de sus poblaciones. La lista podría continuar, sin embargo, lo importante radica en poseer las categorías mentales para saber qué hacer, y eso inicia por un concepto propio de seguridad nacional.

México como nación independiente y respetuosa del derecho internacional dispone de una visión de la seguridad nacional, consciente de que su historia está entreverada con intervenciones militares de otros países, despojos y abusos. México dispone de redes civiles y militares con las capacidades para identificar, explicar y analizar las amenazas y riesgos a su seguridad nacional, interior y pública. De ahí la necesidad permanente de fortalecer nuestras Fuerzas Armadas e instituciones civiles para que tengan los medios que les permitan responder a amenazas asimétricas y difusas a la seguridad nacional. Esta misión que implica la capacidad misma de la nación mexicana de perseverar en el tiempo y en la historia es de civiles y militares.

*Dr. Jorge A. Lumbreras Castro

Académico de la FCPyS – UNAM