Opinión

Los dilemas de Mario Delgado

Quizá sea la primera ocasión en que Delgado deba decirle no al presidente. | Roberto Rock L.

  • 30/04/2020
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Hace unos cuantos meses, hacia finales del año pasado, el equipo cercano a Mario Delgado apresuraba la aprobación de los temas pendientes en la agenda de la Cámara de Diputados, especialmente los impulsados desde Palacio Nacional. Estaba convencido de que el coordinador de la bancada de Morena, Mario Delgado, entraría al 2020 sobre los hombros de la presidencia del partido del presidente López Obrador. Y de ahí sus perspectivas cambiarían hacia la cita con las urnas de 2021, y más allá... 

Pero Delgado Carrilllo (Colima, 1972) se atoró en la pesadilla en que se ha convertido el camino para relevar a Yeidckol Polevnsky. Y debió permanecer en su curul de San Lázaro, en particular a partir de febrero, cuando dio inicio el nuevo periodo de sesiones que hoy concluye. Lo que viene no parecen luminosas avenidas para su futuro, sino el riesgo de un barranco en el que puede hundirse su carrera. 

"En política, lo único cierto es el pasado", establece un lema de uso extendido que busca referir lo incierta que resulta la llamada "ciencia de lo posible" cuando se le piden escenarios garantizados para procesos en curso o, aun peor, hacia el futuro.

Ello aplica cabalmente a la circunstancia de Delgado, quien tendrá la responsabilidad de sacar adelante que la Comisión Permanente que hoy será instalada, apruebe este mismo viernes, día feriado por añadidura, una resolución para convocar a un periodo extraordinario de sesiones a fin de aprobar reformas a la ley que norma los criterios del gasto federal.

Como es conocido, el presidente López Obrador envió una iniciativa para que todo el gasto federal, poco más de 6 billones de pesos, pueda ser ejercido de manera discrecional por el Poder Ejecutivo (es decir, el presidente), sin el control que constitucionalmente le corresponde al Congreso, bajo el argumento de que el país se halla en una crisis de grandes dimensiones. La propuesta plantea que ello pueda ocurrir este año y en cualquier momento futuro que sea declarado un estado de emergencia. 

Ya ha corrido mucha tinta -decían los clásicos del género- en torno a los riesgos de que un ajuste de esta naturaleza sea llevado a cabo. Por otro lado, resulta del todo evidente que la pandemia sanitaria y la ruinosa caída del petróleo, entre otros factores de origen nacional o global, imponen una situación desesperada, que quizá acabe dando lugar a acciones del mismo corte.

Delgado no sólo deberá encarar un ambiente opuesto a la reforma presupuestal, alentado por empresarios, académicos y partidos políticos de oposición. Existe también el obstáculo de que la Permanente está integrada por 37 legisladores, 24 de ellos de Morena y sus aliados, y 13 de partidos de oposición. Aprobar la convocatoria a un periodo extra requiere las dos terceras partes del total, o sea 25 votos. El oficialismo encabezado por Morena requiere que todo su bloque asista, y que vote a favor. Y luego, atraer para su causa al menos un sufragio de la acera contraria, o incluso gestionar una ausencia... 

Los legisladores de oposición en la Permanente (seis del PAN, cuatro del PRI, dos de Movimiento Ciudadano y uno del PRD) han mantenido en las últimas horas un intenso cruce de llamadas telefónicas para cerrar el compromiso de que todos asistirán, y que todos votarán en contra. 

Se ha creado casi la costumbre, sin embargo, de que en la actual legislatura los partidos contrarios al gobierno exhiban una actitud pusilánime, en particular el PRI, cuyas principales figuras parlamentarias son harto cercanas al expresidente Peña Nieto, al que han mostrado subordinación en diversos momentos; el más patético, con la designación de Alejandro Moreno como presidente del partido. Una figura decorativa, de muy baja estofa, que desde el primer momento se ganó el mote de "Amlito" por sus genuflexiones y su precariedad de talentos frente al huésped de Palacio Nacional.

Otro motivo de valía para la rendición de las bancadas priístas a los dictados gubernamentales es el involucramiento de muchos de sus integrantes en escándalos de corrupción, por lo que ni en el más sobresaltado de sus sueños quisieran verse incluidos en las listas negras de la Unidad de Inteligencia Financiera que conduce Santiago Nieto.

Bajo este contexto, Mario Delgado deberá maniobrar para sacar adelante el periodo extraordinario, para lo cual está ofreciendo a los partidos de sus adversarios que nada se haría antes de que fuera celebrado un parlamento abierto en el que se conozcan todas las posturas. El recurso no aparenta que vaya a ser muy satisfactorio para los adversarios al gobierno.

Es posible que todo el escenario atraiga la exasperación de López Obrador, y que con un manotazo en la mesa instruya a Delgado a ejercer la mayoría de que Morena disfruta para consumar la reforma. Quizá sea la primera ocasión en que Delgado deba decirle no al presidente. No porque los votos no le alcancen, sino para evitar el sufrimiento que se impondrían a las normas democráticas en un país con una grave debilidad en instituciones que puedan servir de contrapeso. 

Si el tema entrase en un impasse, ello podría abrir un periodo de sensatez para encontrar caminos que permitan encarar esta gigantesca crisis sin abrir paso a una autocracia. Bien harían algunas voces que se oponen a la reforma en dejar de lado el tono vociferante y provocador, para proponer con mayor claridad alternativas viables. Y a su vez, que la administración de López Obrador contenga a los fanáticos de la 4T y a los obcecados con la máxima de que "el pueblo ya mandó", por lo que todo los demás es irrelevante.

Tolerancia y contención, es lo que parece imponer el momento. Quizá nos va el país en ello.