Opinión

Los derechos de un soldado y la sordera del político

Que lo primero sea el pueblo… y las Fuerzas Armadas, que también son pueblo. | César Gutiérrez

  • 03/09/2019
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En los últimos días hemos visto un sin número de videos, columnas, publicaciones y mensajes, sobre la actuación de la Fuerzas Armadas, algunas a favor, otras en contra. Se habló de las agresiones y humillaciones a militares por grupos de delincuentes que, de forma cobarde, utilizando a mujeres y niños como escudos humanos, agredieron al personal militar con piedras y palos, con la certeza de que los elementos castrenses no contestarían la agresión, por no poner en peligro a esos niños y mujeres utilizados por los criminales.

También fue tema el lamentable fallecimiento del Coronel de Infantería Víctor Manuel Maldonado Celis, tras un enfrentamiento con un grupo de la delincuencia organizada en el poblado de Ziracuaretiro, Michoacán. Se habló de los 11 elementos militares que han fallecido en cumplimiento de su deber en lo que va del año. Asimismo vimos cómo diferentes actores políticos de la oposición, en diferentes videos, salieron a criticar la postura del gobierno federal de ordenar al personal militar a no defenderse ante las agresiones y humillaciones recibidas, por criminales disfrazados de pueblo. Se incito a los militares a manifestar su descontento antes tales situaciones, a que no deben soportar este tipo de tratos, a que no permitan que dañen y ofendan a tan distinguidas instituciones como lo son las Fuerzas Armadas de México.

Para todos aquellos que desde su oficina, teléfono, computadora, curul, escaño o comodidad de su casa opinan, debemos ir por partes. En primer lugar las Fuerzas Armadas son leales a México y a sus ciudadanos, sin importar qué partido político esté en el poder. Es muy fácil opinar de lo que no se conoce, pero que en aras de la ambición que genera ganar adeptos sobre el personal militar, su familia, sus simpatizantes, sus seguidores y admiradores, se da la coyuntura de hablar a favor del mismo gremio militar. Cuando muchos de ellos en su momento tuvieron la oportunidad de hacer algo en favor del gremio militar y dejaron pasar ese momento, simplemente porque en ese instante no les era políticamente rentable. Los militares han entendido que el poder político está muy alejado de las necesidades y realidades que afectan al gremio militar y a sus familias, han entendido también que no pueden poner sus esperanzas en que se cumplan las promesas de quienes hoy utilizan su situación. A lo largo de los años han visto que los políticos los han utilizado para cubrir las necesidades inmediatas del país, olvidándolos al llegar al poder y pensando que cumplir con la cuota de diputados o tal vez algún senador, amigos cercanos y recomendados de los titulares de la Secretaria de la Defensa y de Marina, cumplirán con el pago al trabajo y lealtad de las tropas. Esos mismos diputados que cuando llegan a su curul, se olvidan por completo de las necesidades de sus tropas y se sienten vanagloriados por la adulación que se da en esos puestos legislativos. Se olvidan que llegaron ahí para ver por las necesidades de las tropas que los llevaron a portar las estrellas de su uniforme, pero que cambian por los intereses personales y su compadrazgo con el alto mando.

Los militares ya están hartos de reconocimientos y palabras vacías, quieren resultados y no discursos; entienden las necesidades que existen en el país; saben que tendrán que redoblar esfuerzos y sacrificar convivencia con sus familias en favor de los resultados que se necesitan llevar a todo el pueblo de México. Pero ellos también son pueblo, son raza de bronce que, como cualquier ser humano, tienen necesidades. Quieren un sueldo digno que alcance para el cuidado de sus familias. Consideran que es su deber aceptar el aumento en la carga de trabajo y de peligro, pero a su vez también piensan que es justo que ese sacrificio se vea recompensado con un aumento en sus haberes y prestaciones. Entienden que no tienen el derecho de manifestarse como los policías cuando están descontentos, porque estarían cometiendo un delito de acuerdo a las leyes y reglamentos militares. Entienden también que tienen derecho al voto, pero mientras se encuentren en el activo no a ser votados, lo que los convierte en ciudadanos de segunda categoría, y a no tener todos los derechos que establece el Artículo 35° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Entienden también que no tienen el derecho a formar un partido político con la ideología del gremio al que pertenecen. Entienden que desde el momento en que decidieron formar parte de las Fuerzas Armadas muchos de esos derechos comunes a todos los ciudadanos mexicanos los dejaron de tener por voluntad propia. Aceptan todo esto con honor y estoicismo, en silencio y con disciplina, pero que en su sentir de rabia e impotencia se ven abandonados por hechos como el ocurrido en Nuevo Laredo Tamaulipas, donde sicarios del CDN (Cartel del Noroeste) llamados tropa del infierno, atacaron la unidad habitacional militar en donde se encuentran sus familias, mujeres y niños que tuvieron que ver su hogar en peligro ante las balas de las armas largas de delincuentes disfrazados con uniformes tácticos de la marina. Tuvieron que ser policías Estatales de Tamaulipas quienes fueran en auxilio de las familias del personal militar y abatieran a los cobardes criminales.

Las Fuerzas Armadas no quieren riquezas, no se enlistaron por eso, pero si quieren la retribución justa a su sacrificio, quieren seguridad para sus familias, quieren darles un mejor futuro, quieren representantes propios, pero entienden que no pueden ser ellos mismos quienes los representen. Saben que necesitan verdaderos conocedores del medio y sus necesidades. Quieren servir a su país de la mejor forma, pero también quieren la seguridad jurídica de que sus esfuerzos no serán utilizados en su contra, y terminen siendo procesados por delitos que no solo no cometieron, si no que les inventaron, y que su institución no puede, ni quiere defenderlos, ya que esta primero cuidar la imagen de la institución por sobre las personas. Para el militar la lealtad es una de las tradiciones más grandes que existen, la practica todos los días, crece con ella, por lo mismo pide en pago la misma lealtad de sus mandos, lealtad de su institución.

Me atrevería a proponerle al presidente de la Republica que en la intención de transformar al país, como lo que busca la 4ta transformación, valdría la pena implementar el Servicio Militar Obligatorio a todas las mujeres y hombres que estén por cumplir la mayoría de edad. Propongo esto como formación cultural, enseñándoles los valores y disciplina a los jóvenes ciudadanos del país. Serían obligatorios dos años de servicio formal, con dos días cada catorcena, mismo que no perjudicaría su formación profesional o, en caso de no estar estudiando, les daría un incentivo de confianza. De igual forma, sería una vitrina adecuada para todas aquellas mujeres y hombres jóvenes que quieran servir a su país en las Fuerzas Armadas y en la Guardia Nacional. Resultaría relevante que conocieran las instituciones castrenses y tuvieran un mayor acercamiento y respeto por la autoridad; así como respeto por las instituciones del país. Existen ejemplos claros de estas medidas, como el caso de Corea del Sur y el estado de Israel, situación que ha generado que las nuevas generaciones sean productivas, disciplinadas y tengan respeto y amor por su nación.

Después de ver el informe del presidente de la Republica donde agradece y reconoce el apoyo y lealtad de las Fuerzas Armadas, por su trabajo incansable por la transformación del país, le pediría que en su condición de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, escuche las necesidades de sus tropas, los proteja como lo hacen ellos con él y el pueblo de México. Además, que se sensibilice ante el militar que tiene necesidades reales, como cualquier ser humano, y utilizando sus palabras, que lo primero sea el pueblo y las Fuerzas Armadas, que también son pueblo.