Si quiere pasar un buen rato, reírse y recordar los males que aquejan, primero al mundo del fútbol y luego a toda la sociedad mexicana, no debe perderse esta serie de televisión. Le advierto, las risas pueden acompañar enojo una vez que vea expuesta la manera en que cada uno de los personajes se relaciona con los asuntos públicos y con los derechos del otro.

Personalmente, me declaro un optimista y creo que ver la brutalidad de nuestra realidad social puede ser un empujón para que cada uno de nosotros rompa con el statu quo y se sume a las filas de la antirrocupción y la cultura de la legalidad.

A lo largo de los últimos tres años, Isabel, Chava y los demás protagonistas de la serie, nos han mostrado que en México las cosas se resuelven abusando del poder y del dinero y que si haces lo correcto, difícilmente logras el éxito, ya que el que no tranza no avanza.

Una y otra vez la serie expone la normalización del uso de drogas, de alcohol, de actos de corrupción e impunidad en la que todos vivimos. La calidad de la relación entre los personajes muestra patrones reiterados de abuso, misoginia y discriminación.

En cadena, autoridades políticas y gente con grandes recursos económicos abusan de quien está más desamparado, reproduciendo lenguaje y prácticas que llevan a menospreciar desde a los hombres más ricos del país, hasta a los ciudadanos comunes.

En particular, estremece ver el pequeño tamaño de nuestros gobernantes y la superficialidad e improvisación de políticos y políticas públicas, que una y otra vez hacen manejo discrecional de la cuenta pública y del poder del Estado, permitiendo excesos y desperdicios (que salen del bolsillo de los ciudadanos) casi como si fuera su patrimonio personal. Como seguidor de esta serie, me parece un producto muy bien pensado, que debe ser analizado para corregir los males de la sociedad, no sólo para divertir.

Sin quererle estropear la última temporada a nadie, me pareció genial cómo articularon la "campaña para gobernador de Nuevo Toledo", contienda en la que el protagonista, Salvador Iglesias, compite para el puesto de ejecutivo estatal, careciendo de vocación de servicio, así como del conocimiento mínimo de los temas que aquejan a la ciudadanía y de las posibles soluciones. Peor aún, la decisión que motiva al protagonista a buscar la gubernatura es simplemente su beneficio personal.

En este contexto, la serie nos plantea a otros dos contendientes que tampoco resultan mejores: la esposa de un gobernador corrupto que busca el poder para proteger sus desfalcos y continuar empobreciendo a su entidad; y una estrella del fútbol nombrado como candidato solo por su fama.

Medios de comunicación

¿Qué decir del rol de los medios de comunicación tal y como los presenta la serie? Improvisados, ignorantes, corruptos y al servicio de quien pague mejor.

El mundo del futbol parece el Club de Tobi, donde la misoginia, discriminación, ilegalidad y uso de sustancias ilícitas es normal. Aquí, desde los directivos, hasta los médicos deportistas, buscan su tajada en perjuicio de la afición.

Tampoco los empresarios ni la sociedad en general salen bien parados. Los autores muestran empresarios coludidos con el poder. Todos buscan mantener y aumentar sus riquezas a como dé lugar, mientras que se esboza la triste figura de una sociedad ignorante y desinteresada de los asuntos públicos y donde pocos recuerdan el valor de los derechos individuales y colectivos.

Las relaciones de pareja y familiares que vemos en esta ficción se rigen por mentiras o verdades ocultas. Aquí es normal la promiscuidad y lastimarse sin aparentes consecuencias. Se lanza un llamado de atención a los padres de familia, que según esta serie son ciegos y sordos ante la necesidad de enseñar límites a sus hijos para no forman jóvenes ineptos y berrinchudos.

Hasta el activismo social, según vemos a lo largo de las temporadas, sale mal parado. En los capítulos vemos a un atractivo activista que ayuda a niños en situación de pobreza con cirugías que corrigen el labio leporino, motivado más por la vanidad de ser samaritano que por el bienestar de esa infancia desfavorecida.

¿Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia?

Pues triste coincidencia la de dos sucesos virales de nuestra vida política real: los tropiezos de Salvador hablando inglés o cacheteando a su colaborador (dicho sea de paso, de pena ajena cómo el candidato y su partido optan por afrontar dichos errores).

¡Gracias a todos aquellos que mediante parodias y productos televisivos de gran nivel autocrítico nos recuerdan en qué país vivimos! Gracias, porque si queremos cambiar esta realidad debemos unirnos como sociedad y empezar desde ahora.

De cara al 2018, donde se renovará la Presidencia de la República, el pleno del Congreso de la Unión, 9 gubernaturas y congresos locales y un sin fin de alcaldías, recordemos autocríticas como la esbozada en esta serie a la hora de informarnos, compartir datos y votar. Recordemos el daño que nos hace la improvisación, la ambigüedad, las soluciones mágicas, la corrupción y la impunidad. Recordemos que la violación de derechos individuales lleva a la pérdida de los derechos colectivos. Recordemos los costos de la desigualdad, la violencia social y la alta incidencia delictiva.

Aún más, empecemos hoy por respetar la ley y los derechos del otro, batallemos para que no nos dejen de sorprender y molestar las comunes historias de corrupción; luchemos por contar con políticos y políticas públicas transparentes, que rindan cuentas sobre su eficiencia y eficacia.

La política no es sinónimo de podredumbre, es un instrumento necesario para hacer funcionar al Estado en el interés de toda la sociedad. Luchemos por un México con un sólido Estado Democrático de Derecho, luchemos porque no nos queda de otra, porque si somos más los buenos, es hora de demostrarlo, así como lo hicimos en los pasados sismos de septiembre.

Gracias, Cuervos, por recordarnos quién no debemos ni queremos ser, ahora nos toca a nosotros emprender el camino.

@frarivasCoL | @OpinionLSR | @lasillarota



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