Opinión

Los crisoles de la legalización

Legalizar la mariguana no cesa la violencia ni el incremento de su consumo.

  • 01/05/2016
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En días pasados, el presidente Peña Nieto, anunció la legalización de la mariguana. Para muchos, es tema pendiente desde hace varios lustros y para otros, tema de ilegalidad e inacción por parte del Estado. En ambos casos, la profundidad del tema, ha dado paso a acalorados debates. Sin embargo, se han dado ya los primeros pasos para legalizar la cannabis y apenas el viernes pasado, el congreso aprobó el uso del estupefaciente para usos terapéuticos, y aumentó el gramaje para el consumo individual.

 

El principal argumento para la legalización del uso y consumo de la mariguana, es para muchos, detener la violencia y la guerra desatada entre narcos, en la que el gobierno poco o nada ha logrado hacer. Sin embargo, éste que pudiera ser el objetivo más importante, deja de serlo cuando el debate se enfrenta al cuestionamiento sobre ¿cuáles serían los efectos sociales y de salud pública de la legalización?

 

La pregunta que surge entonces es: ¿Se debe continuar con una guerra que cobra vidas al por mayor todos los días, o llevamos el caso a la pérdida de vidas, por causas de salud y distorsión de las relaciones sociales de los individuos en sus comunidades, y sus entornos familiares pero de manera más lenta? La respuesta no es sencilla.

 

Lo que se debe de tener en cuenta, es que tomar esta decisión y sus efectos, está compuesta de muchos crisoles y no termina con el cese a la violencia, ni con el incremento o no, del consumo de la mariguana.

 

Lo cierto es que hoy en día, la cannabis no es la única droga ilegal que se consume en el planeta, al menos existen diez variedades de narcóticos, y recientemente, la Oficina de las Naciones Unidas contras las Drogas y el Delito (UNODC), clasificó ocho estupefacientes nuevos; de acuerdo con reportes del gobierno de México, personajes como el Chapo Guzmán, están dedicados más a la producción y tráfico de estupefacientes sintéticos como la cocaína, que a la siembra y trasiego de la cannabis. Ante esto ¿de verdad legalizando la mariguana terminaría la guerra del narcotráfico al día siguiente? ¿Qué pasaría con el resto de los enervantes? ¿También habría que legalizarlos?

 

Esta última pregunta, parece no ser el punto central a la hora de hablar sobre la legalización de la mariguana. Pero vayamos paso a paso, hasta el momento, ninguno de los promotores de la legalización, se postula ni habla de legalizar por ejemplo la heroína o la cocaína, que por cierto, también pueden ser usados como fármacos. ¿Pero no legalizar las sustancias mencionadas acabaría con el narcotráfico de cualquier forma o ya no importaría tanto, porque México no es un gran productor de heroína aunque sí lo sea de cocaína y se debería mantener la guerra contra este último estupefaciente?

 

Tal vez el interés de algunos grupos por la legalización de la mariguana, radique en el enorme mercado que representa el consumo y lo que puede llegar a significar su industrialización y comercialización, es decir transformarlo en un negocio legal. Por supuesto, nadie está en contra de desarrollar economías de escala, ni que nazca una nueva industria que genere empleos en los países productores de mariguana, la cuestión es ¿bajo qué condiciones se lograría esto?

 

Según cifras del informe mundial de la UNODC, señalan que el valor de mercado a nivel global de la mariguana, es de 141,800 millones de dólares al año, cifra similar a toda la inversión extranjera directa captada en 2015 por todos los países de Latinoamérica.

 

Sin embargo, el nivel de consumo promedio de cannabis en el planeta, es de menos del 10% de la población mundial, y Estados Unidos y Canadá, son los dos principales países con los mayores índices de consumo a nivel global, muy por arriba del registrado entre todos los países de América Latina.

 

Por ello no es casual que existan al menos una veintena de empresas debidamente registradas en el sur de Texas que ya industrializan y comercializan la mariguana en Estados Unidos. Aunque sea sólo en algunos estados de la unión americana, la carrera por liberalizar la mariguana en el país vecino, también ha fragmentado las opiniones y aunque existen estados en los que es permitido el uso y consumo para fines recreativos del cannabis, dicha ley no aplica en todo el país.

 

De lo que poco se habla, es del de fenómeno que sucede en Denver, ciudad en la que el consumo de mariguana es legal, y hoy está invadida de miles de adictos que se desplazaron a esta ciudad dando paso al crecimiento endémico de los denominados homeless (indigentes) que pululan por las calles mendigando caridad o drogándose en la vía pública, rebasando los servicios de la ciudad y que además reciben ayuda del estado.

 

Los promotores de la legalización, están en busca de explotar ese jugoso mercado que además argumentarán, generará impuestos, recursos que en un contexto económico global de bajo crecimiento, podría convertirse en una válvula de escape hacia un nuevo ciclo de crecimiento. Sin embargo, está claro que como en otras industrias, el beneficio no sería para todos, “si no sólo para los más aptos”.

 

Un empresario guatemalteco, me comentó que legalizando la mariguana, se acabaría con todos esos ladrones y asesinos que han causado terror entre las comunidades agrícolas extorsionando a los campesinos para que siembren la mariguana. Los efectos de ello me decía, serían palpables, se acabaría la violencia y ya nadie amedrentaría a los agricultores. Sin embargo, los campesinos seguirían siendo campesinos, pues de lo contrario ¿quién trabajaría la tierra para producir la materia prima?

 

Difícil es determinar con exactitud, cuáles serían los primeros efectos de una legalización e industrialización de la mariguana, para algunos, ello no sería determinante para el incremento del consumo, para otros más sí lo sería, y la certidumbre de que el consumo no iniciará a edades más tempranas, tampoco es seguro, pero en México, la secretaría de salud alerta cada año sobre el inicio de niños y jóvenes antes de los diez y doce años, en el consumo del tabaco y el alcohol.

 

Reza el dicho que lo que no está prohibido está permitido y con ese razonamiento, las generaciones de niños de entre ocho y diez años de edad de este momento, en cuatro o cinco años, estarán decidiendo consumir o no la mariguana bajo la máxima de ejercer su derecho a elegir. En el mejor de los casos, estarán decidiendo en diez años, pero para entonces, de acuerdo con datos de la CONAPO, el mercado potencial de consumo legal de mariguana en México, podría ser de 41 millones de jóvenes y adolescentes entre 12 y 30 años de edad, todos ellos en condiciones de decidir lo que desean consumir.

 

Todo esto representa un mercado apetitoso para cualquier industria o empresa que lo que buscará, es satisfacer una demanda existente, aunque esté en detrimento de la salud de sus consumidores, tal como hoy, se manifiesta la OMS en contra del tabaco y los refrescos. Según cifras de la UNODC, actualmente existen en el mundo 180 millones de consumidores de cannabis y la legalización en Estados Unidos y México, incrementaría ese número.

 

En México, Vicente Fox ha venido trabajado fuerte como si de campaña política se tratara para promover el consumo del enervante, ha levantado la mano para la creación de la primera empresa encargada de industrializar y comercializar la mariguana en México, aunque durante su mandato, los principales rubros en recorte presupuestal, fueron el de la educación y de salud. Es decir que en su óptica, quizás es más fácil satisfacer la demanda de “estupefacientes” que el derecho a la salud y la educación.

 

Un aspecto más de la legalización es utilizar la mariguana con fines terapéuticos y medicinales; sin duda, éste sería el uso más loable y benéfico que podría traer la legalización. Sin embargo, para que ello suceda, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) junto con la Agencia Europea para Evaluación de Medicamentos (EMEA), deberán autorizar y regular el uso de la cannabis en usos medicinales y para ello, primero deberán enfrentar y convencer a las grandes farmacéuticas tanto estadounidenses como europeas para que ello suceda, ambas instituciones, son los entes reguladores más importantes a nivel mundial, esto por la simple razón de que las principales empresas fabricantes de medicamentos son estadounidenses y europeas.

 

La pregunta es si además del cannabis, también regularán la cocaína y la heroína con fines terapéuticos, pues ambos alcaloides, pueden tener propiedades medicinales. En otras palabras, si se quiere terminar con la guerra contra el narco, habrá que regular prácticamente todos estupefacientes existentes y estar preparados para los que surjan. En este sentido, si no es terapéutico el uso de la mariguana, y se privilegia sólo el consumo, la legalización se trataría sólo de arrebatar el negocio a unos para dárselo a otros.

 

Y aunque los caminos para solucionar el tema de la legalización de la mariguana en México, se van bifurcando conforme van saliendo nuevos enfoques y se abordan nuevos tópicos, quizás uno importante y que olvida Fox y del cual Calderón se jacto de hacer valer, fue el de la legalidad. Estados Unidos ha dado muestras en más de una ocasión que un estado de derecho bien ejercido y bien ejecutado, da resultados para detener a los capos más peligrosos del orbe.

 

Aunque el de los Estados Unidos llegue a ser un estado hipócrita, está claro que cuando se aplica debidamente la legalidad, se pueden resolver temas como el narcotráfico, el problema es que México ni cuenta con ese compromiso, ni parece tener la capacidad legal para hacer valer el estado de derecho, y eso, se convierte en pasto seco para quienes añoran una juventud adicta.

 

Por lo pronto, el rector de la Universidad Autónoma de México Enrique Graue declaró luego de que el congreso diera a conocer la legalización de la mariguana, que los espacios escolares, deben estar libres de cualquier adicción y ya trabajan con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación superior (ANUIES) para elaborar un acuerdo general que coincida en que los espacios escolares deben estar libres de drogas.

 

@ijm14

@OpinionLSR

 

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