Llave china en la cooperación con Centroamérica

Tras casi dos años en la presidencia, Donald Trump ha demostrado su capacidad para transformar la fuerte retórica anti-inmigratoria que lo llevó a la Casa Blanca en acciones. El repertorio de prácticas para disuadir a las personas que desean establecerse en Estados Unidos incluyen la revocación de programas como el DACA[1], el Status de Protección Temporal para salvadoreños, haitianos, nicaragüenses, hondureños, y otras nacionalidades, así como la aplicación de políticas para realizar deportaciones masivas, separar a niños de sus padres a través de la tolerancia cero, desesperar a migrantes con la gestión de colas en los puertos fronterizos y enviar a la Guardia Nacional y al ejército a custodiar la frontera con México.

La continúa retórica y las acciones de Trump provocaron que la migración indocumentada que ingresa a Estados Unidos por la frontera con México se redujera 25% durante 2017. Sin embargo, el odio de Trump no ha sido suficiente para disuadir a las personas que desean establecerse en territorio estadounidense. La insostenible y alarmante situación en los países expulsores de migrantes, especialmente los de Centroamérica, ha llevado a que aquellas personas que habían pospuesto sus planes de viajar a Estados Unidos a causa de las extremas medidas disuasorias de Trump se decidieran a retomar sus planes al costo que fuera, haciendo que las cifras de migración ilegal incrementaran 25% durante 2018.

Una de las consecuencias colaterales del repudio de Trump hacia la migración, pero también de la violación de toda clase de derechos y de delitos a los que están expuestos los migrantes en su trayecto hacia Estados Unidos, es la organización de caravanas como el nuevo modo de éxodo para buscar mejores condiciones de vida y huir de la violencia de sus países de origen. Las caravanas protegen a sus integrantes de cualquier tipo de abuso y los libera del pago a los “coyotes” para cruzar al otro lado, al tiempo que visibiliza el fenómeno migratorio y sus causas. La caravana conocida como el Viacrucis de Migrante estaba conformada por alrededor de 130 salvadoreños que dejaron su país en abril de este año; le siguieron las que partieron de Honduras, de San Pedro Sula y Esquipulas; y otras de salvadoreños que en octubre conformaron un éxodo sin presentes de miles de centroamericanos que, a través de territorio mexicano, se dirigían a Estados Unidos para solicitar asilo.

A medida que la gran caravana de octubre se acercaba a la frontera sur de Estados Unidos, Donald Trump amenazó con cortar la asistencia para el desarrollo que los estadounidenses suelen otorgar a Honduras, El Salvador y Guatemala dado que sus gobiernos no hacen nada por evitar que la gente emigre. Sin embargo, lo cierto es que en 2018, el primer presupuesto de Trump después de asumir la presidencia, no sólo se redujo en un 43% el total de la cooperación internacional que Estados Unidos proporciona a los países más necesitados, sino que le imprimió un carácter más fuerte y evidente de seguridad del que le habían dado sus antecesores. En el caso de los países Centroamericanos, en 2018 el presupuesto para asistencia al desarrollo disminuyó 42% con respecto al presupuesto que Trump heredó de Obama. En 2018, se asignaron a El Salvador 46 millones de dólares, 36% menos del presupuesto de 2017; a Guatemala 80.6 mdd, 44% menos que en 2017; y para Honduras 67.8 mdd, 40% menos que en 2017.

La amenaza de Trump de recortar la asistencia para el desarrollo puso en peligro un total de 180.8 millones de dólares destinados para El Salvador (45.7 mdd), Guatemala (69.4 mdd) y Honduras (65.7 mdd) en el presupuesto de 2019, que cabe decir el presupuesto asignado para estos tres países en 2019 se redujo el 47% con respecto al monto de 2017. Los altos niveles de violencia, corrupción e impunidad han socavado las capacidades estatales de El Salvador, Guatemala y Honduras para frenar la inseguridad que padecen muchos de sus ciudadanos y a la que se suma la inestabilidad y bajo desarrollo económicos. Es por estas razones que la OCDE los clasifica como estados frágiles. Si Donald Trump decidiera llevar su amenaza a la acción, la situación en estos tres países de América Central podría exacerbarse y el aumento de la emigración sería exponencial.

Colaboración

Al igual que Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador está dispuesto a demostrar que él también es capaz de transformar lo que durante su campaña fue retórica, en acciones. Durante su campaña, López Obrador prometió gobernar con un enfoque basado en el desarrollo para evitar la migración de mexicanos a Estados Unidos. A días de ganar la elección presidencial, el entonces presidente electo AMLO manifestó por escrito esta idea a su homólogo Donald Trump. Sin duda el gran éxodo de octubre que atravesó territorio mexicano rumbo a Estados Unidos marcó la pauta para que esta visión de desarrollo para México fuera extendida a lo que se convertirá la ayuda que los mexicanos brindarán a El Salvador, Guatemala y Honduras durante esta administración.

Para sorpresa de propios y extraños, hace unos días México y Estados Unidos anunciaron un acuerdo de cooperación para apoyar en las reformas institucionales, el desarrollo y el crecimiento económico en los países centroamericanos con el propósito de evitar la emigración, así como para promover el desarrollo de infraestructura y la generación de empleos en los estados de la frontera sur de México.

Si bien la alianza mexicano-estadounidense ya tiene muchos detractores, es inevitable reconocer que el gobierno de López Obrador no sólo le dio un giro a la cooperación con el gobierno de Trump, sino que comprometió a Estados Unidos a otorgar un total de 10,600 millones de dólares provenientes de fuentes públicas y privadas, de los cuales 5.8 mmdd serán para El Salvador, Guatemala y Honduras y 4.8 mmdd para el sur de México.

Por su parte, México invertirá un monto de 25 mil millones de dólares a lo largo de la administración de AMLO para proyectos de infraestructura en el sur mexicano, entre los que se contempla el Tren Maya, Puerto Chiapas y la plantación de arboles maderables y frutales, proyectos en los cuales se incluirán jornadas laborales para salvadoreños, guatemaltecos y hondureños que obtengan visas para trabajar en nuestro país.

Aún hace falta delinear las directrices que guiarán la colaboración bilateral para el desarrollo tanto de Centroamérica como del sur de México. Se espera que para ello mexicanos y estadounidenses se sienten a trabajar a principios de 2019. No hay duda de que el acuerdo de cooperación con Estados Unidos rendirá frutos en varios años, pero mientras tanto, el gobierno mexicano ahora hace malabares en su frontera norte para administrar la compleja situación que ha ocasionado el arribo de miles de migrantes centroamericanos, muchos de ellos menores no acompañados, que esperan gestionar su asilo ante las autoridades migratorias estadounidenses. La gran mayoría es posible que espere meses en tierras mexicanas que se han mostrado hostiles antes de tener una respuesta del gobierno de Estados Unidos.

Cabe destacar que la razón por la cual Donald Trump acentúa sus discursos y acciones contra la inmigración y amenaza con recortar aún más los recursos para el desarrollo de los países centroamericanos, es porque en realidad gobierna para sólo un grupo del electorado en Estados Unidos. Basta recordar que su campaña no sólo giró en torno a la retórica anti-inmigración, sino también a un populismo de derecha. Trump elige el tema de la inmigración ilegal para atender a su electorado blanco, populista y conservador.

Por el contrario, Andrés Manuel López Obrador se muestra proclive a tomar acciones en favor de los derechos humanos y el desarrollo, que irían acorde con el grupo mayoritario del electorado que lo favoreció. Circula el rumor de que los negociadores mexicanos lograron el apoyo estadounidense a este enfoque, argumentando que, de no aceptar el acuerdo de cooperación con México para promover el desarrollo de Centroamérica, China llenaría el vacío que dejaría Estados Unidos en la región. De ser cierto el rumor parecería incuestionable que AMLO, al igual que Trump, está dispuesto a transformar su retórica en acciones a costa incluso de un inimaginable acercamiento estratégico con Trump.

[1] En febrero de 2018, la Corte Suprema de Estados Unidos decidió frenar la revocación del programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés).

Algarabía en el mercado petrolero

@alifur1 @OpinionLSR | @lasillarota



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