Opinión

Línea 12: van por Mancera

Lo que parece estar a la vista quizá robe el sueño a más de uno a partir de hoy. | Roberto Rock

  • 17/06/2021
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Bajo una de las atmósferas más tóxicas que se hayan conocido durante la administración López Obrador, la gobernante capitalina Claudia Sheinbaum presentó ayer un reporte preliminar sobre el derrumbe en la Línea 12 del Metro. El dardo envenenado de las responsabilidades políticas y legales pareció ir dirigido al corazón del canciller Marcelo Ebrard, pero desde el dictamen mismo comenzó a trazar un giro que parece encaminar su destino definitivo hacia Miguel Ángel Mancera.

El informe final, con todas sus consecuencias, será revelado un día antes de que algunos operadores centrales ligados a esta trama queden sin fuero, entre ellos el diputado federal Héctor Serrano.

La implicación de Mancera en la investigación encargada a la empresa escandinava DNV se halla en la presunción inicial de que el tramo desplomado de la ruta elevada de la línea sufría un exceso de peso que la habría vencido, hasta ahora sin motivos expuestos en la investigación de la empresa escandinava DNV.

Sin embargo, ya se conoce que, durante 2015, justo el segmento del tramo que se cayó registró obras de restauración que no hicieron sino generarle una sobrecarga extraordinaria que impactó en su estabilidad, lo que se agravó tras el terremoto de 2017. Todo de ello, de acuerdo los documentos que ahora se conocen gracias a la investigación publicada ayer miércoles por La Silla Rota bajo la firma de su director editorial, Jorge Ramos.

Habrá que esperar a que concluyan las siguientes etapas de la investigación, pero lo que parece estar a la vista quizá robe el sueño a más de uno a partir de hoy.

Lo que muchos desconocen es una historia que volvió a estar a flor de piel por las implicaciones de la crisis política en que nos hallamos tras el desastre en el Metro, la cual implica a las figuras ya descritas, pero también a compañías tan importantes como el Grupo Carso, propiedad de Carlos Slim; ICA y Alston, todas ellas integrantes del consorcio que construyó la Línea 12.

Esta es la historia:

Mucho antes de que iniciara su gobierno, en diciembre de 2012, Miguel Ángel Mancera había decidido ya emprender un rompimiento radical con su antecesor, Marcelo Ebrard, sin otro motivo a la vista que la aparente capacidad de seducción del gobierno federal entrante, que encabezó Enrique Peña Nieto.

De acuerdo con testimonios recogidos en el círculo cercano a los personajes centrales de esta trama, fue en ese periodo que se empezó a gestar la confrontación política que el pasado 3 de mayo tuvo como trágica consecuencia el más grave derrumbe en la historia del Metro capitalino, que rebasa medio siglo. Este hecho mató a 26 personas, causó heridas a 80 más y cada día trastorna la vida de cientos de miles de personas de origen humilde que usaban ese sistema de transporte, hoy suspendido.

Las versiones recogidas por este columnista apuntan en el sentido de que hacia el otoño de aquel 2012, Mancera estableció una alianza con Héctor Serrano, secretario de Gobierno para armar una traición contra Ebrard, lo que valió a Serrano ser ratificado en ese cargo y constituirse en el operador político más importante de Mancera durante todo su sexenio (2012-2020).

El ahora senador difundió que su rompimiento con Ebrard buscó evitar malos tratos e imposiciones de éste en el nuevo gobierno. Al ratificar a Serrano, alegó en privado que Ebrard lo había forzado. Así se lo argumentó a Joel Ortega, su coordinador de campaña y a quien Mancera le había ofrecido hacerlo secretario de Gobierno. Esta presunción se derrumba por el simple hecho de que, pese a la profunda ruptura con su antecesor, Mancera depositó siempre enormes dosis de poder en las manos de Serrano.

Ortega está cumpliendo 30 años en la política capitalina tras sumarse en 1991 al equipo del entonces regente Manuel Camacho Solís, una figura también clave en la formación de Ebrard Casaubón.

En 2004, la estrella ascendente de Ortega lo llevó a la Secretaría de Seguridad Pública a propuesta de Andrés Manuel López Obrador, jefe de Gobierno. Fue ratificado en el puesto por el propio Ebrard en 2006, pero sufrió un grave tropiezo en 2008 por el pésimo manejo de un contingente policial que provocó la muerte de jóvenes en la discoteca “News Divine”.

Renunció a su cargo y con ello derrumbó también al procurador Rodolfo Félix Cárdenas, con quien sostenía una relación friccionada. En 2009 Ortega buscó ser diputado, lo que no logró, y culpó de ello a un presunto bloqueo por parte de Ebrard. Cuando en enero de 2013 fue designado director del Metro, parecía cargar ya con los agravios necesarios para emprender una revancha.

La salida de Félix Cárdenas le abrió la oficina de procurador a Miguel Ángel Mancera, hasta entonces con la sola trayectoria de haber sido abogado de grupos inmobiliarios, asesor jurídico en varias entidades públicas, y un discreto subprocurador local. Estuvo en el momento y lugar correctos.

Desde ahí, en menos de cuatro años brincó al gobierno del corazón político del país y una de las ciudades más importantes del mundo. Esa proeza le generó la estrambótica percepción de que podrían bastarle otros seis años para ser presidente de la República.

Ese sueño parece haber llevado a Mancera a los brazos de Peña Nieto y de Miguel Ángel Osorio Chong, entonces titular de la Secretaría de Gobernación, donde el citado Héctor Serrano era una visita frecuente. Ahí se construyeron muchos episodios que pueden empezar a pasar factura en los próximos meses. Y se halla entre lo altamente probable que entre los expedientes que resulten abiertos esté el día en que el manejo político de la Línea 12 del Metro la tiñó de muerte. (rockroberto@gmail.com).

 

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