Qué tan complejo se ha tornado el mundo que nos rodea que hemos acuñado un término para hablar de lo que no es verdad, pero tampoco le queremos llamar mentira y entonces le decimos posverdad. En esta misma época en el que vestimos de gala a las palabras para engañarnos con más clase, somos a la vez víctimas y principales difusores de mentiras falsas. Y a la vez, el término "fake news" se utiliza convenientemente por algunos para deslegitimar lo que sí es verdad.

Esto viene a cuento porque ha caído en mis manos un libro maravilloso de Sara E. Gorman y Jack M. Gorman, Denying to the Grave, que podría traducirse algo así como: Negándolo hasta la tumba. Trata de una recopilación de investigaciones y casos muy interesantes alrededor de las teorías de la conspiración, sus líderes y sus fieles seguidores.

¿Cómo es un líder que es capaz de convencer a un grupo de personas que las vacunas causan autismo, la tierra es plana o que el VIH no es causante del SIDA?

Líderes carismáticos con la capacidad de crear un sentido claro de "nosotros" y "ellos", en donde "ellos" es cualquiera que no comulgue con las ideas que se están divulgando y cualquier cuestionamiento caerá sobre el argumento de que han sido comprados por los grandes intereses (inserte aquí: compañías farmacéuticas, gobiernos o su villano favorito). El líder tiene que ser capaz de unificar al "enemigo", para así fortalecer su posición. Entre más sea visto el líder como "uno del grupo", mayor capacidad de convencimiento tendrá.

En el terreno de las teorías de la conspiración y en la política, los hechos resultan prácticamente ignorados para hacerle espacio a las emociones. Podríamos discutir sobre probabilidades, riesgos o macroeconomía, pero la realidad está tan cargada de incertidumbre, que congeniamos más fácil con conceptos ya sea prácticos o hasta intangibles; libertad, felicidad y hasta el miedo.

¿Cuáles son algunas de las características de los grupos que están dispuestos a creer en las teorías de la conspiración? Grupos en donde existe un mayor cinismo político y una actitud negativa ante la autoridad. Agregan los autores, que culpar a los ricos y poderosos genera una emoción poderosa en quienes no son ninguna de las dos cosas; convirtiendo el resentimiento en enojo y generando un estado emocional que nos deja susceptibles a caer en falsas teorías de la conspiración.

¿Cómo estamos?

La semana de los zumbadores

@PamCerdeira  | @OpinionLSR | @lasillarota





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