Opinión

¿Líderes bajo presión?

Una crisis puede acabar con el liderazgo de un personaje político si fracasa en su ges-tión. | José Antonio Sosa Plata

  • 23/04/2020
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1) En tiempos de crisis, la ciudadanía observa con mayor atención a sus líderes.

Las expectativas que tiene la población en cada personaje son muy altas, sobre todo cuando las afectaciones son directas y profundas. Por lo tanto, en cualquier régimen político la exigencia de la mayoría es que los gobernantes la resuelvan, que nos hablen con la verdad, que nos expliquen con claridad lo sucedido y que nos convenzan de que estaremos mejor preparados para el futuro.

2) Ninguna sociedad quiere vivir amenazada, insegura o en peligro.

Pero las crisis son inevitables y ejercen una gran presión en los liderazgos. Si el líder responde de la manera esperada a la presión y da buenos resultados, su reputación se fortalece y consolida. En caso contrario, la crisis podría volverse incontrolable y el fracaso lo acompañará el resto de su vida. Quien no tiene la capacidad de gestionar con eficacia una crisis, no merece gobernar.

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3) En tiempos de crisis, los medios de comunicación también escudriñan, exhiben y evalúan en forma constante a los líderes.

Como uno más de los poderes que conforman al Estado moderno, la actividad cotidiana de los líderes de opinión en el marco de una crisis puede contribuir a la ruptura del orden político, económico y social o a la gobernabilidad y el consecuente control de las instituciones que lo conforman. Cuando los periodistas difunden sus historias, muestran sus investigaciones o emiten sus opiniones, nos muestran también el desempeño de los líderes para hacer frente a la amenaza, la incertidumbre o la urgencia.

4) En el actual ecosistema de comunicación, la presión sobre los líderes es mayor.

Hoy, los líderes de gobierno son señalados como los principales responsables de lo que se hizo, se está haciendo o dejó de hacer frente a la crisis. Por eso, la interacción con las y los comunicadores es de vital importancia.

En los planes de prevención, control y recuperación de las crisis, la comunicación política debe ocupar un espacio central. Para cada uno, los marcos conceptuales, narrativas y líneas de mensaje son insumos que no deben faltar dentro de las estrategias.

Lo peor que le puede suceder a un líder es que se le cuestione por su incompetencia, ignorancia o falta de sensibilidad. A los líderes se les reconoce por hacer frente a las crisis, no por rehuirlas.

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5) Si la comunicación falla, la crisis no terminará, aun cuando se hayan resuelto los factores estructurales que la provocaron.

La gente espera que los personajes políticos asuman su liderazgo cuando la crisis se presenta. Si no lo hacen, el malestar dirigirá su atención hacia otros líderes que aprovechen la oportunidad de ocupar el espacio que de manera natural están dejando quienes no asumieron a cabalidad su responsabilidad.

6) Por si fuera poco, la presión es mayor para el líder si se considera que existe un marco legal, político y ético al que se tienen que ajustar.

Los espacios para las decisiones autoritarias o pragmáticas, es mucho más reducido que en décadas anteriores. La normatividad y la presión que ejercen los adversarios puede ser, en determinadas circunstancias, un obstáculo para dar los resultados que se necesitan en un rango menor de tiempo.

Por lo anterior, el buen líder no puede concentrar toda la atención durante la gestión ni dejar espacios para la duda sobre lo que debe hacer cada persona, cada grupo o sector de la sociedad.

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7) Para reducir la presión a la que una crisis los somete, los líderes deben tener la mejor asesoría posible.

El buen líder debe sopesar y equilibrar las recomendaciones políticas, económicas y científicas que tiene a su disposición. Salvar el mayor número de vidas lo obliga a encontrar a los profesionales y colaboradores y atender sus recomendaciones, siempre que sea posible y estén dentro de los marcos institucionales.

Las decisiones no dejarán satisfechos a todos. De hecho, ni en escenarios de tranquilidad o gobernabilidad esto es posible. De ahí la importancia que tienen los análisis de riesgos y los planes de recuperación.

8) La confianza en el líder es indispensable.

Para liderar con eficacia, hay que generar credibilidad. Cuesta mucho ganarse la confianza de la gente, pero es muy fácil perderla por decisiones equivocadas, errores de comunicación o falta de sensibilidad.

En una crisis, la gente es menos tolerante. Por eso, la eficacia debe estar acompañada de un lenguaje basado en la verdad, en la transparencia y en la rendición de cuentas. Está demostrado que esta es la mejor ruta para reducir las tensiones y aumentar la tranquilidad de la población.

9) Los líderes del mundo están respondiendo a las crisis de distinta manera.

En la lucha contra el coronavirus —y en los impactos económicos que está generando sobre la población— no todos están hablando con la verdad y sensibilidad que amerita la realidad. Los aciertos y errores no pasarán inadvertidos.

Aunque las situaciones que están enfrentando son similares como efecto de la globalización, el futuro que les depara como personajes políticos ha tenido un punto de inflexión de gran importancia.

Cuando acabe la crisis —porque acabará— el mundo será muy diferente. Los dilemas del poder serán otros y solo saldrán adelante los más fuertes.

10) Ya nadie lo duda. En el escenario global que hoy enfrentamos, la multi-crisis provocada por el covid-19 empeora. Y eso que México aún no ha entrado a la fase más aguda de la pandemia.

Aún no hay fecha para salir de la emergencia sanitaria. La economía y el petróleo están en picada. La recesión que se espera este año es tan grave o peor que la de 2009. El covid-19 ha paralizado a casi todo el mundo, menos a la inseguridad y la violencia en nuestro país. La violencia contra las mujeres empeora con el llamado de quedarse en casa.

Los efectos económicos y sociales son devastadores y están afectando más a los más vulnerables: mujeres, adultos mayores, estudiantes y trabajadores con salarios bajos, gente que no tiene acceso a los servicios básicos o que no cuenta con un espacio digno para vivir. También está haciendo un gran daño a las pequeñas y medianas empresas.

Todas y todos están padeciendo las medidas sugeridas por las autoridades, pero también están observando al Presidente, a los secretarios y secretarias de estado, a las gobernadoras y a los gobernadores, a las y los presidentes municipales y a los alcaldes de la CDMX.

Superada la crisis, seremos testigos de muchos cambios. No todos actuarán con la misma efectividad a la presión. Las respuestas y opiniones que dará la población serán determinantes para que veamos qué líderes sobrevivieron, cuáles destacaron y quiénes fracasaron.

Recomendación editorial: Arjen Boin, Paul't Hart, Eric Stern y Bengt Sundelios. La política de la gestión de crisis. El liderazgo público bajo presión. Madrid, España, Instituto Nacional de Administración Pública, 2007 .

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