Opinión

Libertad de expresión, democracia y paz

Hoy se necesita más que nunca al periodismo. | Areli Cano

  • 13/10/2021
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Los Premios Nobel son, sin duda, los más prestigiosos galardones otorgados a nivel internacional a personas e instituciones que destacan por sus aportaciones en las áreas de la medicina y fisiología, la física, la química, la economía, la literatura y en la procuración de la paz en el ámbito internacional. En este último rubro, se encarga de definir a los ganadores un comité de cinco miembros elegidos por el Parlamento noruego, el cual anunció el pasado viernes 8 de octubre que en 2021 serían honrados con el premio los periodistas Maria Ressa y Dmitry Muratov, considerando para ello los esfuerzos llevados a cabo por ambos para la salvaguarda de la libertad de expresión que, en palabras del comité, constituye una precondición para la democracia y la paz duradera.

El ejercicio de las libertades de expresión y de prensa apuntala la construcción democrática, pues brinda la posibilidad a las personas de recibir información plural, contribuye a la formación de una opinión pública crítica y exigente, además de dar voz a quienes sufren alguna injusticia o carencia. Sin embargo, la libre expresión no siempre es bien vista, particularmente por los gobiernos autoritarios pues, como se ha visto históricamente, una sociedad informada, exigente y crítica, puede pedir transformaciones políticas, incluyendo el cambio de quienes los representan en el ejercicio del poder.

El Nobel otorgado a Muratov toma en cuenta el trabajo que el periodista ruso ha realizado en varios años, desde la caída de la Unión Soviética y durante los subsecuentes cambios sociales en su país. Dirige actualmente la Nóvaya Gazeta, publicación desde la cual se ha mantenido una línea informativa crítica, que ha resultado en el conocimiento público de diversos casos de corrupción gubernamental, violaciones de derechos humanos y persecuciones políticas.

Por su parte Maria Ressa, profesional de la información en Filipinas, fundó, en conjunto con otros reporteros, el sitio informativo Rappler en aquel país. Bajo su dirección, este medio tiene una línea editorial que privilegia el análisis crítico con respecto al gobierno encabezado por el presidente Rodrigo Duterte. Vale señalar que, entre otras organizaciones, Amnistía Internacional sostiene que en el régimen filipino son comunes los abusos policiales, las ejecuciones extrajudiciales y la represión a la disidencia. De igual forma enfatiza la letalidad de su política de combate a las drogas, que ha dejado un alto número de personas fallecidas, cuestión que llevó al comité otorgante del Premio Nobel a referir que pareciera una guerra conducida en contra de su propia población.

La comunicadora ha sido blanco de campañas de odio en redes sociales, además de haber sido objeto de demandas e, incluso, privada de su libertad judicialmente como respuesta a su actividad profesional. Es pertinente recordar que la labor de Ressa mereció este mismo año el Premio Mundial de Libertad de Prensa UNESCO - Guillermo Cano 2021, que se otorga a quienes defienden o promueven la libertad de prensa, particularmente en situaciones de peligro.

Se debe decir que ambos galardonados han sido objeto, a lo largo de su carrera, de acosos judiciales y presiones políticas, como suele suceder en un contexto mundial en el que los integrantes del gremio periodístico se encuentran a menudo amenazados en sus vidas e integridad por motivo de profesión. Por ello no es menor el otorgamiento del Nobel a los dos periodistas, particularmente considerando que ejercen en países con regímenes con rasgos autoritarios. El galardón pone el reflector en el trabajo informativo de investigación, lo que puede convertirse en un factor inhibitorio para la acción de quienes pudiesen estar interesados en silenciar las voces críticas.

También se ubica en el centro de la atención el papel de contrapeso al que están llamados los periodistas, en un contexto en que, desde los distintos centros de poder, se diseminan noticias falsas, discursos distorsionadores de la realidad y se fomenta la polarización ideológica, aspectos que son potenciados por el mal uso de los medios digitales de comunicación.

Hoy se necesita más que nunca al periodismo, particularmente a aquel que se decanta en la vertiente de la investigación, que analiza e indaga sobre hechos concretos de interés público, cuya difusión al final puede servir para la mejora de la sociedad. Debe ser impulsado, junto con todas las aristas de las libertades informativas, por toda la sociedad, pues así se contribuye a la vida en una comunidad de iguales, donde la pluralidad garantiza que todos podamos aportar nuestro punto de vista y exigir respuestas a los gobernantes.

La libertad de expresión es una vía que favorece el diálogo, la deliberación comunitaria de los asuntos públicos y la construcción de consensos, cuestiones que aportan a la vida armónica en común. Al defenderla, junto con la libertad de prensa, se apuesta por el fortalecimiento democrático. Por esto, debe celebrarse la atinada decisión de otorgar este año el Nobel de la Paz a dos tenaces y reconocidos periodistas.

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