Opinión

Ley hídrica y de sustentabilidad: vileza e ilegalidad

Ley de reconstrucción: una ley que condena a damnificados a convertirse en deudores de la banca, y que favorece a especuladores. Lee a César Cravioto

  • 28/11/2017
  • Escuchar

Agua y reconstrucción: ambigüedad, vileza, ilegalidad


Los diputados del PRD, PAN, Verde, Movimiento Ciudadano y algunos del PRI, por instrucciones del Jefe de Gobierno, este 24 de noviembre dieron luz verde a la Ley de sustentabilidad hídrica y a la Ley para la reconstrucción… de la Ciudad de México.

Dos meses después del sismo que cimbró a la ciudad aprobaron, en la Asamblea Legislativa, dos leyes adversas al bienestar y la felicidad de los capitalinos.

Respecto a la Ley para la reconstrucción, con el pretexto de buscar el consenso de los ciudadanos, aplazaron más de un bimestre la decisión para, finalmente, suscribir la propuesta de la administración capitalina en casi todos sus términos.

Desde que ocurrió el movimiento telúrico, el grupo parlamentario de Morena sostuvo sucesivas reuniones con ciudadanos, de manera muy especial con los damnificados. El producto de tales sesiones fue una propuesta de Ley de reconstrucción alterna a la del jefe de gobierno que, en sus aspectos sustanciales, postulaba:

El gobierno de la Ciudad de México y la Asamblea Legislativa garantizarán recursos suficientes para que todas las viviendas sean reconstruidas de manera gratuita

Pues bien, como advertí desde la tribuna de la Asamblea ese día 24, los legisladores al servicio de Miguel Ángel Mancera carecieron de la sensibilidad para incorporar, en la referida ley, ese postulado, que hubiera frenado la intención del régimen capitalino de hacer un lucrativo negocio a costa de las víctimas del movimiento telúrico.

Porque, como señalé ante el Pleno, la Ley de reconstrucción del gobierno local no es otra cosa que un conjunto de ambigüedades y, peor aún, una vil y criminal manipulación en contra de las víctimas, porque no se establece a cuánto ascenderán los fondos destinados a la restauración de la capital.

Tampoco garantiza claridad y transparencia en el manejo de los recursos a quienes perdieron todo: bienes, viviendas y, en algunos casos, a sus familiares. Ni establece, con precisión, de qué manera participarán los damnificados en el proceso de reconstrucción, si acaso lo hacen.

En resumen: imponen una ley que condena a damnificados a convertirse en deudores de la banca, y que favorece a especuladores, al ofrecerle a los afectados reconstruir el edificio a cambio de aceptar que se construya y venda 35 por ciento más de vivienda para financiar la reconstrucción de sus departamentos.

Damnificados o deudores


Y por si algo faltara, los damnificados se convierten en deudores de la banca mediante la concesión de créditos con onerosos intereses.

Presurosos por acreditar las leyes del aún jefe de gobierno, pues de ellas depende que este cumpla sus compromisos con poderosos consorcios, en la misma sesión los legisladores a sus órdenes aprobaron la Ley de sustentabilidad hídrica.

Al respecto, también desde la tribuna afirmé que Acción Nacional había conseguido imponer su agenda a las demás bancadas de la Asamblea, de manera muy especial al PRD.

Y señalé que el PAN, surgido para combatir las conquistas sociales de la Revolución Mexicana, la rectoría del Estado e impulsar la privatización de la economía, con la aprobación de esta ley ve cristalizado su retrógrado deseo de transferir, a particulares, la distribución y el manejo del agua.

De tal modo, la Ley de sustentabilidad hídrica da continuidad a la empanización de la política económica concertada por el PRD, el PRI y el PAN mediante la firma del Pacto por México.

La esencia de esta ley subyace en la determinación de convertir al Sistema de Aguas de la Ciudad de México en un organismo descentralizado.

Se trata de un proceso de privatización silenciosa porque, aunque la ley establece que el servicio no será privatizado, le abre las puertas al Sistema de Aguas para suscribir contratos con empresas y subrogar el servicio hasta por 25 años.

El antecedente para la aprobación de estos dictámenes fue la injustificada expulsión de nuestra compañera de Morena, Flor Ivonne Morales, de la presidencia de la mesa directiva, el pasado 7 de noviembre, y la elección de un nuevo presidente coaligado con los legisladores facciosos.

Se trata de un ignominioso golpe legislativo, sin precedentes en la historia del organismo parlamentario, que invalida la legitimidad de los actos celebrados por la Asamblea Legislativa a partir de ese día.

Bajo protesta, sin reconocer la fraudulenta presidencia, por mandato de los capitalinos reunidos en asamblea popular en el exterior del recinto legislativo, los diputados de Morena votamos en contra de ambas leyes, la Ley de sustentabilidad hídrica y la Ley para la reconstrucción, y demostramos que atentan en contra de los intereses populares.

No todo está perdido, sin embargo. Acudiremos a las instancias judiciales correspondientes, incluida la Suprema Corte, en demanda de que se anulen todos los actos avalados por la presidencia ilegítima de la mesa directiva.

Apoyo total de Morena

Entretanto, en conjunto con agrupaciones vecinales, la bancada de Morena continuará en asamblea permanente hasta lograr que a los afectados se les restituya su vivienda de manera gratuita, se transparenten los recursos y se incorpore a ciudadanos y damnificados, con voz y voto, en un comité que supervise el proceso de reconstrucción.

Cuando en 2018 Morena conquiste la jefatura de gobierno, restituirá el derecho humano de los capitalinos al disfrute gratuito del agua.

@craviotocesar | @OpinionLSR | @lasillarota


Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.