Opinión

Ley de Seguridad Interior, o bien, el fracaso de EPN

El último año de EPN se torna tenebroso. Cualquiera podemos ser objeto de investigación y espionaje, si somos calificados como riesgo a la seguridad nacional

  • 16/12/2017
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El territorio mexicano está siendo víctima de diversos frentes fríos, que azotan a la población en mayor o menor medida.

Pero en estas fechas, lo más lamentable no es el invierno que comienza en México, lo más lamentable es la aprobación, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, de la Ley de Seguridad Interior, que el gobierno, encabezado por Enrique Peña Nieto, ha sacado adelante gracias a las bancadas del PRI, PVEM y algunos derechistas del PAN, pese al rechazo generalizado de organismos nacionales e internacionales como son la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Comisión Internacional de Derechos Humanos, Organización de Naciones Unidas, Organismo de Estados Americanos, por citar algunos.

Perpetúa el uso de las Fuerzas Armadas


Dicha ley, perpetúa el uso policial de las Fuerzas Armadas comenzado en 2006 por el entonces presidente Felipe Calderón, dicho apoyo militar en tareas de seguridad pública alcanza ahora, tras once años, rango de ley.

Primero inició en Michoacán, luego le siguieron Sinaloa, Tamaulipas, Guerrero, Chihuahua, y quince estados más, donde, a la fecha, la constante ha sido la misma: denuncias que se acumulan en la CNDH acusando a militares y marinos por abusos, señalándolos por torturas, asesinatos y desapariciones forzadas, en las que se ha documentado su participación, en lugar de ser agrupaciones que auxilien y asistan a las autoridades civiles.

Desde 2006, el Ejército y la Marina han asumido el trabajo de policías, con lo que se ha revelado su incapacidad y corrupción.

Los defensores de dicha ley dicen, dará ahora un marco jurídico para que actúen y no estén al margen de la ley. El problema, dicen sus detractores, es que la Ley de Seguridad Interior es vaga, ambigua, carece de un plan para fortalecer a las policías y no prevé el retorno de los militares a los cuarteles.

Una ley ambigua


La Ley de Seguridad Interior es rechazada por su ambigüedad, como lo han externado los rectores de la UNAM, UdeG o la Ibero, o el mismo Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; la ley prevé que el gobierno federal expida una "declaratoria de protección a la seguridad interior" ante una amenaza, en cualquiera de los estados del país, por lo que se pueda considerar como “una amenaza a la seguridad nacional”, que según con la Agenda Nacional de Riesgo, cualquiera puede caer en alguno de los supuestos que se plantean.

Lo único que muestra esta ley, y con un claro mensaje rumbo a las elecciones del 2018, es un proteccionismo de las instituciones, que va encaminado incluso por encima de los propios ciudadanos, y lo que ello conlleve militarmente.

El último año de Enrique Peña Nieto se torna oscuro, tenebroso, y cualquiera de nosotros podemos ser objeto de investigación y espionaje, si somos calificados como riesgo a la seguridad nacional, por lo que el fracaso de la gobernabilidad de nuestro país, se ha resuelto con la Ley de Seguridad Interior.

De ahí, tantas y tantas voces en contra.

Pero nada… y así sea.

@plumavertical @OpinionLSR | @lasillarota


Esta semana en DIORAMA, mis recomendaciones literarias:

El american dream” (Planeta) de Enrique Berruga Filloy. ¿México podría ser la estrella 51 en la bandera de los Estados Unidos? ¿Quién lamentaría la pérdida de la podrida clase política mexicana? ¿Sería posible que al fin «se nos haga» y los  mexicanos podamos disfrutar del American Way of Life? ¿Desaparecerán de nuestro lenguaje la vernácula «mordida», el generoso «moche», el proverbial «ayúdeme a ayudarle» para convertirnos en una nación de primer mundo? En esta inteligente, satírica y audaz novela, Enrique Berruga Filloy explora la nada descabellada posibilidad de la unión, de una vez y para siempre, de los tacos con las hamburguesas.

Periodismo urgente” (Ariel) de Ricardo Raphael. El hombre mira un número dibujado sobre el suelo y dice en voz alta: “seis.” Enfrente, otro observa el mismo trazo y sin embargo grita “nueve.” Ambos se hallan alterados porque cada uno está convencido de que tiene la verdad. En la parte baja de la imagen aparece un reproche: “Solo porque tú estás en lo correcto, no significa que yo esté equivocado. Cabe que no hayas visto la vida desde mi punto de vista”. Hay una trampa en esto: aproximarse a la verdad no suele ser un asunto relacionado con los buenos modales. O bien la tierra es plana, o es redonda.

Aceptar como ciertas dos verdades antagónicas –por un supuesto arreglo basado en la mutua cortesía– termina significando una falta peor de respeto hacia el otro, que considerar las razones de cada quién en función de lo que verdaderamente pesan.

Después de escuchar una composición de Beethoven un hombre dice en voz alta: “¡maravillosa la Sexta Sinfonía!”. Junto a él otro asistente al concierto refuta con vehemencia: “perdone, pero lo que venimos de escuchar es la Novena.” Los dos se obcecan al punto de olvidar las preguntas fundamentales: ¿Se trató de una pieza introspectiva, sutil y reflexiva, o de una música heroica y libertaria? Si fue lo primero, entonces era la Sexta Sinfonía, La Pastoral. De lo contrario fue la Novena que, desde 1972, es el himno del continente europeo. Una enfermedad compleja de nuestra época es el relativismo que quiere considerar como equivalentes, piezas de información que no lo son. Es la epidemia de posverdad que tiene como constante el menosprecio por la evidencia, los hechos y los elementos objetivos del contexto.

El antídoto: hacer periodismo, mucho periodismo, riguroso, sólido, imbatible. ¡Hacerlo con urgencia!

“Las noches de Flores” (Literatura Random House), de César Aira. La crisis argentina obliga a un matrimonio mayor a aceptar un empleo como repartidores de pizzas con horario nocturno. Aldo y Rosita Peyró recorren las calles de Flores, un barrio de Buenos Aires, como dos adolescentes, dispuestos a plantar cara al desastre económico.

En sus recorridos nocturnos ven de cerca las consecuencias directas de la crisis: delincuencia, familias que duermen en la calle, bandas juveniles haciendo destrozos, viejos y niños abandonados, borrachos...

Entre estos personajes y varias situaciones extremas destaca el secuestro y posterior asesinato de un niño, Jonathan, reflejo del horror subterráneo que sacude a toda la sociedad argentina. El caso de Jonathan es el detonante de una serie de actos corruptos en los que están envueltos muchos de los amigos que acompañan a Aldo y Rosita en el reparto. También hay instituciones mezcladas en dicho asunto, pero tal vez, aunque a priori parezca absurdo, un convento sea la clave del misterio...

La niña a la que se le vino el mundo encima” (Diana) de Gaby Pérez Islas. Hablar de la muerte y de las pérdidas nos cuesta trabajo porque es difícil encontrar las palabras adecuadas para expresar nuestros sentimientos. En este contexto, la tanatóloga Gaby Pérez Islas nos ofrece una herramienta que nos ayuda a enfrentar los duelos al mismo tiempo que nos comparte enseñanzas para recuperarnos de las adversidades que la vida nos presenta. La inspiradora historia de Karen, nuestra protagonista, nos permite conocer cómo una experiencia traumática nos puede marcar para siempre pero también nos brinda la oportunidad de salir fortalecidos y con más entereza.

Don Abundio el del Potrero” (Diana) de Armando Fuentes Aguirre, Catón. Don Abundio tiene edad de siglos y es el prototipo del ranchero mexicano. Es dueño de una sabiduría innata que heredará a sus hijos y sus nietos. Socarrón es su saber, tan práctico y positivo como él. En sus palabras y obras, el lector encontrará los trazos y trazas de Berceo, de Timoneda, del conde Lucanor. El ingenio y los dichos de tan singular personaje han sido hábilmente atesorados por Armando Fuentes Aguirre, Catón, en un florilegio de refranes campiranos, humor e historias sobre esas cosas de la vida pero también otras de la muerte, su inseparable compañera.