Opinión

Leona Vicario y su año

Leona Vicario cuestionó que mientras en otras naciones se reconoció el papel de las mujeres en los procesos políticos, este no fue el caso de México. | Leonardo Bastida

  • 11/01/2020
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Con una inquietud de adolescente, Leona Vicario Fernández de San Salvador estaba al tanto del acontecer novohispano desde muy corta edad, en su natal ciudad de México. Heredera de una fortuna familiar, huérfana desde los 17 años, se distinguió por su gusto por la lectura y la discusión, tanto en el ámbito privado como público, a lo largo de toda su vida.

Una vez comenzada la revolución de independencia, en 1810, no dudó en ponerse al servicio del ejército insurgente, entonces encabezado por Miguel Hidalgo y Costilla, y después, a la caída de este, por José María Morelos y Pavón, mediante el apoyo económico para la compra de armas, medicinas y ropa para las tropas, y ayuda operativa, pues fungía como un enlace para que la correspondencia no fuera interceptada por el ejército realista.

También les nutría de la información que se generaba en la ciudad de México por parte de las fracciones a favor del virrey de la Nueva España. Su principal contacto era Ignacio López Rayón.

Su simpatía por el movimiento insurgente provocó que fuera encarcelada en 1813. Durante el juicio que se abrió en su contra, no develó ninguna de la información que se le demandó, imponiéndosele una pena de vivir en encierro en su casa. Sin embargo, Leona intentó emprender la fuga con rumbo a Tlalpujahua, Michoacán, para alcanzar a las tropas insurgentes. El esfuerzo no se pudo concretar, pues fue aprehendida y encarcelada en el Convento de Belén de las Mochas.

Finalmente, pudo escapar de su prisión y se dirigió hacia el sur del país con destino a Oaxaca. En el trayecto se reencontró con Andrés Quintana Roo, a quien conocía desde antes del inicio de la revolución de independencia, debido a que trabajaba en el despacho de abogados del tío que se hizo cargo de ella cuando murieron su madre y su padre.

Se unió al Congreso de Chilpancingo, convocado por el propio Morelos en 1813, el cual redactó la Constitución de Apatzingán, y en el que se le reconoció como Benemérita. En esos años, contrajo matrimonio con Quintana Roo, convirtiéndose en prófugos del gobierno realista por más de siete años hasta 1820, cuando pudo volver a establecerse en la capital mexicana.

En ese período de fuga, tuvo a su primera hija, vivió escondida en poblaciones del Estado de México, hasta que fue delatada por algunos soldados, y recibió un indulto por parte del virrey novohispano.

A pesar de ser reconocida por muchas personas y haberse retirado de la vida pública tras la consumación de la Independencia, su aportación al movimiento fue ampliamente cuestionada en algunos sectores, incluso varios años después de los hechos. Por ejemplo, en 1831, Lucas Alamán, entonces ministro de Relaciones Exteriores, calificó la actuación de Vicario en el movimiento independentista como un “heroísmo romanesco”, afirmando que su involucramiento en la movilización social se debió a su amor por Andrés Quintana Roo.

La acusación provocó que Vicario se convirtiera en pionera en utilizar un periódico (El federalista mexicano) para dar respuesta al comentario. En la carta que se publicó el 2 de abril de 1831, señala que “…no solo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres: que ellas son capaces de todos los entusiasmos, y que los deseos de la gloria y de la libertad de la patria, no les son unos sentimientos extraños…”.

Y cuestiona que mientras en otras naciones se ha reconocido el papel de las mujeres en los procesos políticos, este no sea el caso de México. “En todas las naciones del mundo, ha sido apreciado el patriotismo de las mujeres: ¿por qué, pues, mis paisanos aunque no sean todos, han querido ridiculizarlo como si fuera un sentimiento impropio en ellas? ¿Qué tiene de extraño ni de ridículo el que una mujer ame a su patria, y le preste los servicios que pueda para que a estos se les dé, por burla, el título de heroísmo romanesco?”.

A lo largo de su vida lidió con los cuestionamientos e incluso se le acusó de beneficiarse con unas fincas, pero ella siempre aclaró que las pago y las remodeló con sus propios recursos.

Como ya hemos reflexionado en este espacio de manera previa (La deuda con Zapata). Las conmemoraciones deben ir respaldadas de acciones concretas. Para este año dedicado a Vicario, se le ha nombrado como la “Benemérita Madre de la Patria”. En la ciudad de México, se creará el Paseo de las Heroínas, en el tramo de la Puerta de los Leones al Ángel de la Independencia, sobre Paseo de la Reforma, y se colocará una estatua de Vicario sobre dicha avenida.

Varias dependencias gubernamentales han externado su beneplácito con respecto a la conmemoración. El reto, consistiría en que un país donde los índices de feminicidios son elevados; hay centenas de mujeres presas por haber tenido un aborto espontáneo; el acoso y la violencia sexual en el transporte afecta a más de 70 por ciento de las usuaria; las mujeres son uno de los sectores más discriminados de la sociedad, sobre todo, si son indígenas o afrodescendientes; existe una clara brecha de desigualdad económica y la impartición de justicia no ha sido muy benéfica para muchas mujeres, se haga un análisis profundo al respecto y se comience a incorporar, de manera real, una perspectiva de género y de derechos humanos en toda acción o política de este país.

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