Opinión

Legado Trump

Entre los principales legados de la administración de Trump se ubica la legitimización del supremacismo blanco. | Alicia Fuentes

  • 24/11/2020
  • Escuchar

Una de las promesas de Donald Trump en 2016 fue la construcción del muro a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos, pero las dificultades para su financiamiento provocaron que en términos reales su administración construyera 56 kilómetros de muro, ya que de los 507 kilómetros que Trump dice haber construido 451 kilómetros son sustituciones o reparaciones de la infraestructura que ya estaba deteriorada.

La idea del muro, sin embargo, no deja dudas de que con el pretexto de detener la inmigración ilegal y proteger a Estados Unidos de la invasión de drogas y criminales procedentes de México, constituía una especie de legado físico que quería dejar el todavía inquilino de la Casa Blanca. Pero a pesar del frustrado intento por erigir un muro, Donald Trump deja algunas herencias a su país y al mundo que serán difíciles de revertir de manera inmediata, muchas de ellas nocivas política y socialmente.

Entre los principales legados de la administración se ubica la legitimización del supremacismo blanco, tangible en grupos pronazis, milicias extremistas y grupos conspirativos que reclaman estar armados y que con la administración de Trump cobraron fuerza a través de nuevas formas de comunicación y con una alta presencia en el ámbito político. No en vano, un diario estadounidense publicó que en las boletas de las elecciones del pasado 3 de noviembre había 27 candidatos registrados al Congreso presuntamente simpatizantes del grupo QAnon, de ellos dos fueron elegidos y ahora ya ocupan escaños en el órgano legislativo estadounidense más importante.

Trump fomentó la idea colectiva de que se puede llegar al poder por la vía electoral al tiempo que se utilizan artimañas que rozan el límite de la legalidad, y a su vez, con el propósito de perpetuarse en el poder se puede deslegitimar toda una estructura democrática mediante noticias falsas, acusar al periodismo de tendencioso y movilizar a seguidores extremistas.

La desacreditación de la ciencia es otro intento de herencia trumpiana. Una constante del presidente Trump ha sido negar el cambio climático pese a que sus efectos en forma de voraces incendios devastaron parte de la costa oeste estadounidense este año y cuya respuesta por parte del mandatario alude simplonamente a una mala gestión de la tierra. Y qué decir de la pandemia del covid, pues aún cuando el propio Trump cayó enfermo, el persistente negacionismo de la enfermedad y la indignación por las medidas adoptadas que comparten personas de distintas ideologías y creencias ha provocado su propagación y cobrado más de 250 millones de vidas en Estados Unidos.

Por otro lado, el virulento desprecio de la administración Trump por la agenda progresista se propagó entre algunos sectores e incluso se percibe un grado de normalización del racismo, el sexismo, el menosprecio por la diversidad y los derechos humanos que se han desarrollado durante los últimos 60 años, así como también se promovió una noción política y nacionalista de la religión. Basta recordar que las posturas ultraconservadoras del gobierno de Donald Trump se tradujeron en medidas en contra de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, así como de la comunidad Lésbico-Gay-Bisexual-Transgénero, aludiendo principios de la “ley natural” y que han tenido impacto en Estados Unidos y en países que reciben recursos estadounidenses etiquetados como cooperación internacional para el desarrollo.

La política exterior estadounidense bajo el mandato de Trump giró en torno a que cada país debía defender sus propios intereses bajo un sello puramente transaccional y privó el descrédito del multilateralismo eliminando con ello la concepción de colaboración en la política internacional. 

Podrían mencionarse un sin número más de legados de Trump, de ahí que pueda afirmarse que hay un antes y un después del gobierno del 45º presidente de Estados Unidos, pero quizá el que podría sobresalir con miras a las elecciones de 2024 es el grupo de representantes que deja en la escena política, tal es el caso del joven senador republicano Tom Cotton, partidario de mano dura en temas de migración, protestas por los derechos civiles y humanos, China y mantener abierta la prisión de Guantánamo; o bien sus hijos Donald Trump Jr. e Ivanka que no descartan aspirar a cargos públicos. No obstante, antes de pensar en un heredero político de Donald Trump es necesario reflexionar sobre todos los ámbitos de su legado.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.