Opinión

Las preguntas… la desesperanza

“Y ahí van de la mano la rabia y el desencanto, esperando cubrir con su manto a todo lo que se mueva en este incierto país. ¿Qué va a pasar? No lo sé. De pronto el monstruo despierta, pero sólo eso, despierta...y vuelve a dormir. ¿Qué va a pasar?...” (TF)

  • 11/10/2014
  • Escuchar

Resulta que todos sabían la clase de joyita que era el presidente municipal de Iguala. El gobernador dice que si la mayoría se lo pide renunciará, mientras el flamante presidente del PRD dice que si se va el de Guerrero se tiene que ir el del Estado de México y más tarde se atreve a proponer que se ponga a consulta la continuidad del señor, en el colmo del absurdo que muestra cabalmente su forma de actuar: capaces de negociar hasta las impunidades. ¿Por qué la masacre? ¿Por qué los normalistas? la respuesta más sencilla es porque sí, porque pueden, porque saben de la impunidad en la que actúan; porque tienen comprados a muchos y aterrorizados a todos.

 

Es lamentable y lo peor es que los compromisos políticos, no sabemos de qué otro tipo, harán que paguen algunos pero todo seguirá igual hasta la próxima. ¿Cuántas más? ¿Cómo puede la sociedad defenderse si no confía en las autoridades? Que renuncien todos, desde el presidente se antoja exigir. El procurador, el poder ejecutivo entero se tardó en asumir el control de los hechos (parecía más fácil lucirse con los estudiantes politécnicos, pensaron), será ahora el encargado de la plaza. ¿Para qué si el daño ya está hecho? ¿Logrará controlar el narcotráfico? Su similar en Michoacán, Castillo, lo único que desmanteló son las autodefensas en una acción muy rápida, incluso con la detención del Dr. Mireles que tenía como único delito hablar claro y exigir justicia. ¿Lo mismo en Guerrero?

 

¿Sólo ellos?

En Tlatlaya resulta que tres militares serán juzgados por el delito de homicidio, y otros cinco por encubrimiento. ¿Es posible que así haya sido? ¿Y los mandos de la zona? ¿Y la jerarquía militar? ¿Y las autoridades del estado? Nadie más, sólo unos sacrificables: ¿alguien sabe quiénes eran los muertos? ¿Se han dedicado esfuerzos por identificar los cuerpos? ¿Los enterraron, se fueron al SEMEFO? ¿Qué pasó?

El procurador federal sale a la defensa del Ejército y dice que de forma valiente le comunicaron desde el principio que se habían roto algunos protocolos (¿matar o no, un protocolo?), aunque para el público la noticia fue otra. La indignación es mucha, tanto por los hechos en sí, como por las omisiones, ocultamientos, tardanzas. Nada distinto a las descripciones en la literatura de denuncia de fines del siglo XIX. Nada distinto a los regímenes centroamericanos de las décadas pasadas con los kaibiles dirigiendo la guerra contra la ciudadanía. El terror.

¿Y las cuentas?

Y si ese hecho -consumado cuando volteamos la cara a ver qué sucedía- nos sorprende, más sorprende saber que al momento en que se exigía la liberación de los 43 estudiantes secuestrados, parece que estaban siendo torturados, ajusticiados, quemados. El descubrimiento de otras cuatro fosas suena a un rito siniestro de la más absoluta insania (y anhelaría suponer que no ha sido así y que encontraremos vivos a todos esos jóvenes cuyo único delito era ese, ser jóvenes). ¿Estamos tan enfermos socialmente? ¿En qué estado de gravedad se encuentra la sociedad que una vida, muchas vidas, ya no valen nada? ¿Qué cuentas no darán nuestros políticos, los que dirigen, los que anhelan dirigir, de lo que han sido sus promesas de campaña? Ha sido a través de la ambición personal y de grupo, de la banalización de la política de todos los partidos políticos del Estado en su conjunto y de la gran corrupción de la vida social, como ahora nos encontramos en un punto que parece sin retorno. La responsabilidad es de quienes toman decisiones, de los políticos, de los empresarios, de todos aquellos que de manera irracional votaron por el regreso de un partido que no cambió (bajo la lógica de “todos son iguales” y que el sentido común muestra como cierto) y también de todos nosotros los que nos quedamos inmóviles para que hoy, sin más, sólo gobierne la desesperanza…

De pilón…

Si alguien suponía que el asunto de la comunidad politécnica estaba resuelto, como me imagino que el secretario Osorio Chong presumió, los estudiantes han decidido seguir su lucha y no aceptar los puntos propuestos por gobernación. Aparece por fin el secretario de Educación que lo único que alcanza a decir es que deben regresar a clases. ¿Sugerencia o amenaza? Comenta que no cerrarán las normales rurales, lo que no significa nada, como no les ha significado nada las evidencias de la mala calidad de la educación. Por cierto, ¡tenemos avión! ¿Para qué?: gran sarcasmo si no fuera la triste realidad.

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier régimen, no importa el partido, por supuesto.)

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.