Opinión

Las políticas públicas para el libro y la lectura: la industria editorial

Segunda parte.

  • 30/07/2016
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El pasado 5 de julio, en la Ciudad de México, se realizó la segunda Audiencia Pública para la elaboración de la Ley General de Cultura. El 16 de julio, en el portal de La Silla Rota, publiqué la primera parte de la ponencia presentada. Va la segunda y última parte:

 

Traigo a cuento una pregunta necesaria: ¿Por qué millones de mexicanos no consideran a las librerías como organismos sociales necesarios (ni frecuentan las desabastecidas bibliotecas públicas)?

 

Es decir, hay que traer a la discusión, el papel del Estado, por una parte, como editor principal de la oferta educativa y, por otro su verdadera función como promotor social y como comprador de libros para las bibliotecas públicas y escolares. Es necesario, por tanto, establecer una alianza autónoma y no subordinada entre la industria editorial y el Estado.

 

Las políticas públicas deben amparar la capacidad exportadora de libros mexicanos y la compra-venta de derechos subsidiarios, que perdimos en décadas anteriores por decisiones equivocadas de política económica, favoreciendo la competencia asimétrica y desigual con otros países de habla hispana.

 

En fin, es necesario encontrar los mecanismos fiscales que igualen y estimulen a todos los actores de la cadena de valor del libro.

 

Breve memorial (a manera de resumen)

 

  1. Debilidad estructural de los canales de distribución y venta de libros
  2. Ausencia de políticas públicas integrales y coherentes que beneficien a todos los actores de la cadena de valor del libro y limiten la intervención (verdadera y desigual competencia) del gobierno en la industria editorial
  3. Modificar el criterio del libro asociado sólo a la educación
  4. Concentración de la oferta editorial en pocos títulos y empresas. Promover la bibliodiversidad
  5. Acceso difícil de muchos lectores a los libros
  6. Deficiente atención únicamente a ciertos puntos del territorio nacional (las tres principales ciudades) y la falta de incentivos para la exportación.

 

La paradoja

 

Por último, y con el afán de dejar abierta las puertas a una reflexión mucho más amplia, es necesario señalar que existe invisibilidad de la oferta editorial en los escasos puntos de venta.

 

Se hace necesario, por tanto, atender a la “demanda suprimida”, que trae como consecuencia, además de la piratería, dificultades graves en el acceso a los libros, tanto en las librerías como en las bibliotecas públicas.

 

Si no hay una política integral, y presupuestos suficientes para la promoción de la lectura, y por tanto del libro, seguirá dándose el fenómeno de grandes devoluciones y, por tanto, precios elevados.

 

Por último, y no por ello menos importante, es preciso señalar que no sólo los libros experimentan estas grandes dificultades. Las publicaciones periódicas tienen problemas de distribución, y en la venta de publicidad, además de que carecen de registros veraces de su circulación, y enfrentan la competencia desigual con los grandes grupos y costos de exportación elevados. (Fin)

 

Industrias culturales

 

Por otra parte, el 15 de julio, en la Ciudad de Guadalajara, se llevó a cabo la quinta Audiencia Pública con el tema Industrias culturales y derechos de autor, donde participé con la siguiente ponencia, señalando que la industria editorial es, sobre todo, una industria cultural.

 

La industria editorial como entidad estratégica de la economía nacional (primera parte)

 

En diversos foros, la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) ha expresado la necesidad de que se considere a la industria editorial como estratégica en el desarrollo económico del país. Y no es un capricho ni un arrebato desmedido. La influencia de la industria editorial como gestora de la cultura escrita, desde el punto de vista educativo y cultural es innegable. Por ejemplo, más de 50 % de la distribución y venta editorial se destina a libros de texto, ya sea para los programas de secundaria, venta en escuelas o para las bibliotecas, a través de Bibliotecas de Aula y otros programas.

 

La editorial es una industria que produce y comercializa contenidos, y estos generan conocimiento, cultura y esparcimiento, además de que enaltece los valores y ayuda a la reconstrucción del tejido social, fundamental en los aciagos momentos que vive el país.

 

Quienes integramos la Cámara, editores de libros y publicaciones periódicas, consideramos urgente la implementación de políticas públicas eficaces de apoyo a la lectura. Los índices de lectura en el país, más allá de las encuestas y las metodologías, no crecerán mientras no se considere a toda la cadena de valor de la industria editorial como prioritaria para el desarrollo del país. Las estrategias de fomento a la lectura que se implementan sin considerar la creación y apoyo a las librerías, están destinadas al fracaso. La librería es un eslabón fundamental, es el enlace que tiene contacto directo con el lector: es el propagador natural del libro.

 

Para nadie es un secreto que la industria editorial vive un estancamiento preocupante. El mercado no crece y el existente se contrae ante la situación económica del país. Cualquier movimiento negativo en los índices se plasma en las industrias culturales, que son muy sensibles ante los avatares económicos. (Continuará.)

 

 

Ciudad de México, a 30 de julio de 2016

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(Advertencia: La única intención de esta columna es llevar al espacio público una serie de reflexiones que buscan aportar elementos para la construcción de propuestas y alternativas de solución. Esta opinión no intenta ser criterio de verdad.)

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