Opinión

Las obsesiones. Los retos

El presidente de México omitió decir que el enemigo no es el populismo sino las políticas.

  • 03/10/2015
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El jefe del Ejecutivo decidió llevar su máxima obsesión a las Naciones Unidas con el fin de alertar al mundo, que puede no tenerlo presente, el peligro del populismo, no importa si es de izquierda o de derecha, y como todo un teórico de altos vuelos disertó sobre los riesgos de esa política que atrae a la gente marginada, pobre (seguramente están así porque es la ley natural, debe pensar) y no repara en que cuando así le ha convenido, su régimen ha hecho lo mismo, ya sea con los acarreados a la celebración del grito o en la entrega de escrituras o en la “Cruzada contra el Hambre” (actividad asistencialista y electoral como ninguna otra) o en los discursos sobre educación ante los escolares que no entienden ni “j” de lo que les está hablando (están ahí como excusa para que el jefe del Ejecutivo mande mensajes: Cada cual sabrá lo que quiere decir).

 

En su alocución no se ocupó de analizar y juzgar las políticas neoliberales, tan contrarias al contacto con la gente, con los ciudadanos y que ha llevado a miles y miles de habitantes del mundo a la pobreza y a ser presos de las corporaciones trasnacionales, en una feroz depredación de los recursos naturales, entre otros hechos.

 

Los olvidos

Omitió decir, o no lo sabe, que el enemigo no es el populismo (que no define y sólo califica) sino las políticas de hambre, de pobreza, de falta de oportunidades, de desprecio por la vida, de falta de seguridad. ¿Cómo entenderíamos aquello de "te lo firmo y te lo cumplo" usado en campaña? Fue un discurso vacío, simple, sin denuncias reales, sin nombres y que demuestra, una vez más, su falta de miras. Y no digamos más sobre la parte dedicada a los migrantes en el mismo discurso. ¡Resulta que en México las autoridades son unas blancas palomitas y la responsabilidad para resolver el asunto es de la comunidad internacional!, desviando la atención hacia Europa y evitando hablar de la propia acción persecutoria.

 

El poder

La ciudad de México vive hoy uno de los momentos más importantes de los últimos tiempos. Después de la efervescencia de las acciones estudiantiles y populares y los trágicos acontecimientos del 2 de octubre de 1968, y de la gran acción ciudadana en el terremoto, en 1997 se logró elegir a las autoridades de la ciudad y se obtuvo el triunfo de las fuerzas progresistas, reunidas en un frente de diversas corrientes de izquierda, que inspiraron las acciones ciudadanas. Además de la jefatura de gobierno, se obtuvieron las 16 delegaciones políticas.

 

Al paso del tiempo, y sobre todo a partir de 2006, esa fuerza progresista va cediendo terreno, evidente tanto en la pérdida de algunas delegaciones, como en el divorcio de los dirigentes del partido hegemónico, el PRD, que poco a poco van distanciándose de las aspiraciones de libertad de la ciudad para acercarse cada vez más al poder ejecutivo, otorgando, además, la jefatura de gobierno a un ex procurador, con todo lo que eso puede significar. A partir de la elección pasada el panorama ha vuelto a cambiar, en un reclamo justo de los ciudadanos y hay delegaciones para diversos partidos y, con todo y las trampas avaladas por el IEDF, una nueva organización hacia la izquierda: Morena. 

 

El jueves primero asumieron el cargo los nuevos jefes delegacionales y para los habitantes de la ciudad representan la posibilidad de recuperar y avanzar en el proyecto de soberanía y trabajo ciudadano. El gran reto es abatir la corrupción. Esa acción tan generalizada --y los saqueos de los ex jefes delegacionales son una muestra-- tendrán que documentarse y actuar en consecuencia, con todo el rigor de la ley y sin concesiones ni acuerdos cupulares.

 

La nueva jefa en Tlalpan, Claudia Sheinbaum denunció el jueves pasado el saqueo de las oficinas delegacionales. Le entregaron unas oficinas sin muebles, con computadoras antiquísimas, libreros vacíos, cuentas sin cuadrar. En la delegación Cuauhtémoc, Ricardo Monreal tiene una tarea inmensa para acabar con los acuerdos (entiéndase negocios) entre funcionarios y personajes muy diversos: Giros negros, transportistas, restaurantes, grúas, muchos de ellos herencia de corrientes y tribus perredistas que encontraron en el clientelismo un modo de vida, igual que ha hecho el PRI y, con otros recursos, también el PAN. Se requiere vocación de servicio. Es necesaria una contraloría ciudadana como mecanismo de acción, no un organismo a modo como la Función Pública de Virgilio el valido de Peña Nieto. Se requieren mecanismos de autogestión: La ciudad de México tiene una ciudadanía madura, lista para sus propias decisiones. Ese es el reto ¿me equivoco?

 

De pilón…

En el año 2012, en el aeropuerto de Toluca detuvieron a un personaje que llevaba 25 millones de pesos y que nunca pudo decir para dónde iba. El individuo era funcionario del gobierno de Veracruz y sólo dijo que era dinero de ese gobierno. ¿Qué pasó después?, a saber. Hoy, la Universidad Veracruzana demanda que Duarte le entregue los más de dos mil millones de pesos que les debe el gobierno estatal. ¿Dónde está el dinero? ¿Lo desviaron?

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)