Opinión

Las letras chiquitas del caso Cienfuegos

El procedimiento que siguieron las autoridades de la DEA fue desaseado. | Rodolfo Aceves

  • 25/10/2020
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Las Fuerzas Armadas son instituciones permanentes que entre sus misiones se encuentra la defensa de la soberanía del país.

Para tal efecto tanto Ejército, Fuerza Aérea como la Marina tienen un escalafón basado en la disciplina militar, entre cuyas ventajas sobresale, la unidad de cuerpo, la lealtad, la honorabilidad, principalmente.

Esto permite que este escalafón funcione como un servicio profesional de carrera, de tal forma, que los cuadros formados en los planteles militares están capacitados y adiestrados para asumir el rol que el mando les asigne en las distintas unidades militares de todo el país.

Por esa razón, no es posible ajustarse a la narrativa u opinión de quienes señalan que actualmente hay mandos que acompañaron al general Salvador Cienfuegos, y que hoy en día ocupan otras posiciones en el Ejército intentando hacerlos cómplices de los delitos que las autoridades norteamericanas le imputan. Es como decir que el personal del servicio profesional electoral del INE, o del servicio civil de carrera de la administración pública federal, es cómplice de los actos de su Consejo General o de los secretarios de Estado en donde prestan sus servicios.

Ahora bien, el procedimiento que siguieron las autoridades de la DEA fue desaseado. No se dio aviso previo al gobierno mexicano de esa investigación, sino hasta que Cienfuegos estaba en custodia de la DEA en el aeropuerto de Los Ángeles. Esto debería merecer una nota diplomática del gobierno mexicano a su par norteamericano.

Lo que devela es, la deficiencia en los procesos de investigación de las autoridades de la Fiscalía General de la República en no investigar, sino esperar a que autoridades de otros países, principalmente de Estados Unidos, capturen en su país a algún imputado de un delito.

También queda al descubierto que no le interesa trabajar en colaboración con la administración del presidente López Obrador, develando el desinterés en combatir la corrupción de las pasadas administraciones, sin prejuzgar a nadie.

Se sabe que entre la DEA y el Ejército no ha habido una tersa y suave relación de colaboración. Obviamente las Fuerzas Armadas son celosas de sus deberes.

Si bien es cierto que la DEA ha colaborado desde la década de los 70 con autoridades mexicanas, la relación sufrió un deterioro a raíz del asesinato del agente Enrique Camarena Salazar, lo que provocó que el gobierno norteamericano presionara al gobierno mexicano para la disolución de la Dirección Federal de Seguridad.

Por su parte el gobierno mexicano dio algunos pasos para el establecimiento de la política de seguridad nacional. En la administración del presidente Miguel de la Madrid, de 1982 a 1988, implementó el Plan Nacional de Desarrollo y le asignó estas funciones a las Fuerzas Armadas y se estructuró la doctrina de seguridad nacional con algunos otros elementos dogmáticos y normativos.

Así a lo largo de estos años el Ejército ha mantenido una actitud celosa, respecto de la participación de personal de agencias de seguridad de otras naciones en territorio nacional.

Esta quizá una de las razones por las cuales la DEA optó por un camino sucio para presionar al gobierno mexicano, y del cual, el gobierno de López Obrador no sale bien parado.

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