Opinión

Las legitimaciones de Contratos con filtro

La misión de los sindicatos debe ser apoyar a trabajadores. | Manuel Fuentes

  • 14/09/2021
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No están ustedes para saberlo, pero se los debo decir: la reforma laboral está viviendo una dura prueba de fuego con las Legitimaciones de los Contratos Colectivos de Trabajo al estar avanzando a cuentagotas.

Al inicio de esta semana, según reporte oficial, únicamente mil 631 Contratos Colectivos de Trabajo habían logrado pasar el filtro de la autoridad laboral, ante un universo que aún nadie tiene preciso, pero que ronda por los 500 mil contratos en todo el país. Por el tiempo que falta, 20 meses aproximadamente, no se logrará en los cálculos más optimistas, ni 50 mil legitimaciones, que representa apenas el 10 por ciento de todos ellos.

¿Cuál es la causa de esta inmovilidad?  Son varios factores, el primero de ellos, la existencia mayoritaria de contratos de protección en manos de patrones que prefieren extinguirlos. Algunos de ellos, dueños de estos malolientes contratos, apuestan por un mundo laboral sin negociación colectiva ni sindicatos para mayo de 2023, cuando vencen las legitimaciones, con todos los riesgos que esto implica.

El segundo factor es la forma como se armó la reciente reforma laboral para resguardar las Legitimaciones, que como si fuera una habitación donde protegerla, ésta se construyó ladrillo sobre ladrillo, pero sólo con una puerta de entrada y salida y la única llave se le entregó a un personaje llamado Secretario General.

Este poder que le otorgó la reforma laboral a los líderes sindicales es una de las causas para que las legitimaciones no avancen. Los trabajadores se quedaron afuera de ese nicho donde habitan las legitimaciones. Por más que gritan, juntan firmas, levantan carteles de protesta para hacerse presentes, ellos no tienen permiso para iniciar el proceso, ni que su contrato sea sometido a consulta.

Han pasado dos años con cuatro meses desde la reforma laboral y es válido revisar cómo se puede mejorar. Cuando se trabajó en ella nunca se consideró darles fuerza a cacicazgos ni a personajes alejados de los trabajadores. Se buscó no sólo democratizar las relaciones laborales sino mejorar los instrumentos de los trabajadores para lograr mejores salarios y condiciones de trabajo.

La reforma laboral es como un vehículo de transporte que requiere de llantas nuevas y afinar su motor. Se necesita cambiar las piezas que no funcionan y otras mejorarlas porque es prioritario alcanzar al destino, en las mejores condiciones posibles. Si al llegar a la meta únicamente un 10 por ciento de los trabajadores logró rescatar sus contratos colectivos, la reforma laboral sería un fracaso y eso no lo podemos permitir.

La propuesta es poner a consideración de los legisladores mexicanos que se reforme la Ley Federal del Trabajo para que con al menos el 10% de los trabajadores de un centro de trabajo se pueda iniciar el proceso de legitimación de sus contratos colectivos.

Si se logra un 10% de trabajadores, la autoridad laboral deberá iniciar el proceso de consulta y no permitir que ni líderes sindicales ni patrones lo encabecen. Debe ser la autoridad laboral quien lo dirija y al término de la consulta, de lograrse la mayoría de los votos legitimando el contrato, abrir un proceso de elecciones para que sean los trabajadores mediante una coalición o un sindicato recién creado, administre su contrato colectivo de trabajo.

Debe quedar claro que ninguna reforma laboral avanzará si no se da participación a los trabajadores, sin ellos todo quedará en el papel.

Mientras escribía esta columna me mandaba mensaje Salvador Ramos, dirigente perseguido y encarcelado por defender a trabajadores. Él me escribió:

"De nada sirve el voto secreto, directo y personal, sino impulsamos la participación de los trabajadores, pero no es automático. Hay que difundir los derechos laborales y sindicales, constituir su coalición y desde ahí, dar la pelea jurídica, social y política.  Lo cierto es que hay una inmovilidad impresionante".

Sin embargo, son muchas tareas que están por delante, una central: lograr que la difusión de los derechos laborales llegue a todos los lugares. Armar escuelas de formación sindical, videos, trípticos, infografías digitales y todo medio de difusión para fortalecer la conciencia obrera.

Los sindicatos deben dejar de mirar hacia adentro de su organización, su misión sobre todo debe ser apoyar a trabajadores que carecen de este instrumento y ayudarles a armar el propio.

Cuando terminé mi columna me puse a caminar por una calle cercana y recordé esa frase que se repite mil veces por todas partes, de que nadie hará por los trabajadores lo que no hagan por ellos mismos, pero estoy cierto que son tiempos de sumarse a su largo andar.

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