Opinión

Las lecciones para el 2018

La ciudadanía no votó por su mejor opción, porque no la había, sino por impedir que el candidato del partido oficial ganara.

  • 10/06/2016
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El escenario electoral cambió radicalmente para el 2018. Los resultados del domingo pasado fueron una gran sacudida para el partido en el poder y una gran lección para los demás: nada está seguro para ninguno.

 

Los panistas no esperaban el triunfo en siete gubernaturas y los priistas esperaban conservar 9 de las 12 gubernaturas en juego. En la Ciudad de México, MORENA que renunció tanto al financiamiento público para gastos de campaña así como a la asignación de curules para la Asamblea Constituyente de las 14 que debía repartirse la Cámara de Diputados, no tuvo los resultados esperados. El Partido de la Revolución Democrática es el que tendrá mayor número de diputaciones para la Constituyente.

 

De inmediato se derrumbaron posibles candidaturas presidenciales, surgieron nuevas, se fortalecieron otras. Las cuatro elecciones del año que entra en Veracruz de los 212 Ayuntamientos y las gubernaturas de Coahuila, Nayarit y especialmente la del Estado de México cobraron especial relevancia. En el camino hacia el 2018 en el que las elecciones del 2017 parecían de mero trámite, ahora se convertirán en una batalla descarnada por el poder.

 

Las encuestas, al igual que el proceso electoral 2015, dejarán de ser un procedimiento para conocer la opinión del electorado para convertirse en un mero  instrumento de propaganda electoral. Ninguna de las encuestas preveía este escenario para el 5 de junio.

 

La lección para los partidos políticos, para todos, es que la ciudadanía determina su voto sin que la guerra sucia, las descalificaciones cruzadas o las campañas negativas incidan en su decisión. Los dos últimos procesos electorales han sido muestra clara de que la ciudadanía elige a las urnas como la forma de expresar su acuerdo o desacuerdo con partidos políticos y candidatos. Con su voto castigan o premian candidaturas o partidos políticos. La voluntad ciudadana se manifiesta también en el compromiso de las y los electores que integraron las mesas directivas de casilla que hicieron posible que únicamente 16 de 63,567 casillas aprobadas no pudieran ser instaladas.

 

La corrupción, la impunidad y el hartazgo de la clase política se tradujeron en un voto de castigo el domingo pasado. En muchos casos, hay que decirlo, el voto no fue de confianza al candidato de otro partido político sino un voto útil para evitar que otro partido se hiciera con el poder. Ante serios cuestionamientos sobre los candidatos punteros en algunas entidades, la ciudadanía no votó por su mejor opción, porque no la había, sino por impedir que el candidato del partido oficial ganara. Esa es la triste realidad, a los partidos políticos poco importan candidatos siempre que puedan darles un triunfo electoral. Corruptos, implicados en asuntos ilegales, con inexplicables fortunas e inventando sus trayectorias de la nada, los partidos políticos no se cuestionan ni por un minuto a las personas que postulan para dirigir el destino de millones de personas en una entidad federativa.

 

Los ciudadanos seguiremos manifestándonos pacíficamente mediante nuestro voto en las urnas. Esa es una de las grandes lecciones del domingo 5 de junio, la otra lección es para los partidos: candidatos y partidos van y vienen, el voto de las y los ciudadanos importa, se cuenta y determina el destino del país.

 

La responsabilidad de la ciudadanía no termina aquí. Debemos exigir cuentas, cumplimiento de propuestas de campaña, estar al pendiente de la actuación de los que llegan hoy para que si no actúan a la altura de lo que necesita nuestro país, se vayan mañana. No podemos esperar más tiempo, no podemos tolerar más y no debemos conformarnos con menos.

 

@C_Humphrey_J 

@OpinionLSR

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