Opinión

Las Fuerzas Armadas y su protagonismo

¿Qué saben las fuerzas armadas de lo que sucede en el país que nosotros como sociedad ignoramos?

  • 21/02/2015
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Son muchos los temas que han aparecido en esta semana. La campaña del Partido Verde Ecologista; la resolución exculpatoria del tribunal para el caso Monex; las festividades y los discursos por el día de Ejército; las extrañas declaraciones de un dirigente empresarial defendiendo la inviolabilidad de los cuarteles (“último bastión que tenemos de defensa de este país…”, dice el Sr. Enrique Solana Sentíes, presidente de la CONCANACO).

 

Por supuesto no puede dejarse de lado las manifestaciones del pasado miércoles de ceniza, los enfrentamientos en Chilpancingo, la opinión de la Naciones Unidas sobre desaparición forzada en México, el espionaje internacional a través de las computadoras y en una nota que debería de alegrar la vida, la inauguración de la Feria del Libro del Palacio de Minería, en la ciudad de México: “la feria más antigua” insistieron las autoridades universitarias (una vergüenza, en todo caso: ¿y antes?).

 

Las loas a las fuerzas armadas

La semana pasada los dirigentes empresariales agrupados en el Consejo Coordinador Empresarial, con su dirigente Gutiérrez Candiani a la cabeza, firmaron la adenda a un convenio del 2013 con las fuerzas armadas, con los secretarios de la Defensa y de Marina.

 

¿Qué tipo de convenio pueden tener los empresarios, dedicados a la producción y servicios, con esas fuerzas, responsables de preservar la paz y la soberanía del país?

 

Mal asunto cuando los empresarios, con una visión parcial de la sociedad donde ellos se definen motor principal de la vida nacional (¿será? ¿consideran dentro de ese concepto a los miles y miles de trabajadores que hacen posible que se puedan desarrollar esas actividades, con muy pocos beneficios para aquellos?) buscan acuerdos con las fuerzas armadas. Y lo interesante es que en palabras del dirigente, reconocen que las acciones de esas instituciones “no están en la constitución, pero han sido indispensables para que los mexicanos tengamos seguridad”.

 

¿Qué saben, unos y otros de lo que sucede en el país que nosotros como sociedad ignoramos? ¿Qué prevén, qué anticipan?

 

Todo eso, que suena a simple especulación se ve reforzado por las declaraciones del dirigente de la confederación de Cámaras de comercio, de claro rechazo a las demandas de los agraviados por las desaparición de los 43 normalistas, en sintonía con los obispos y demás personeros que intentan dejar atrás esa grave situación.

 

Y para abundar en el tema, ¿cuál es la razón, aprovechando la celebración del “día del Estado Mayor Presidencial” para que el jefe de esa fuerza salga a declarar que su función será siempre garantizar la seguridad del jefe del Ejecutivo, de su familia y de los miembros del gabinete? ¿Alguien la cuestionó? ¿Es una advertencia, una amenaza?

 

Insisto: ¿Qué saben que nosotros no?

 

Para rematar, en el día del Ejército, el secretario general en su discurso reclama y rechaza que se les juzgue “sin las pruebas suficientes” y se le olvida que en Tlatlaya, si no hubiera sido por las publicaciones del caso en el extranjero, el asunto no hubiera llegado al conocimiento de la sociedad (y habría que preguntarle también a las autoridades del Estado de México).

 

La presunción de inocencia

Por supuesto, y ojalá ellos así actuaran, tienen derecho a que se les considere inocentes hasta que se compruebe lo contrario, pero también es cierto que no hay una explicación clara de por qué se intentó ocultar ese trágico caso. No ha sido la sociedad quien les encomendó hacer actividades policiacas; no hemos sido nosotros quienes los metimos en esa lucha y deberían de regresarse a la privacidad de sus cuarteles (privacidad que no significa, por cierto, extraterritorialidad, Sr. Solana).

 

¿Ha estado en peligro la soberanía nacional? Sí, en otros ámbitos, no en el militar, a no ser que tengan información reservada. ¿Quién fue el que declaró la guerra al crimen organizado? ¿Quién los metió en ella? ¿Qué hizo el legislativo para contener esa acción? Ahí hay muchas faltas y muchas preguntas para el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial; para los actuales y los anteriores.

 

De pilón…

Van 36 ediciones de la Feria del Libro del Palacio de Minería. He sido testigo desde la primera (1979) y puedo decir que el sitio ya es insuficiente y peligroso para que continúe allí. Entre las actividades del primer día, el gobierno, a través de la coordinación general del “Programa Editorial del Gobierno de la República” presentó la Biblioteca Mexicana del Conocimiento (BMC), un proyecto radicado dentro de la SEP y que tiene como objetivo “formar y difundir el acervo de la BMC y establecer un ejercicio homogéneo de la actividad institucional entre las dependencias y entidades del gobierno federal”.

 

¿Significa que las secretarías ya no harán los elegantes libros de fin de año? ¿Significa que los presupuestos editoriales de las dependencias del gobierno serán centralizadas y controladas por esa coordinación? ¿Cómo, con quién, bajo qué condiciones actuarán? Por lo pronto presentaron 45 títulos, publicados en una edición especial con diversos editores, en un tiro de tres mil ejemplares para difundir en los municipios; es decir, un libro por título para cada municipio: ¿Estrategia cultural o demagogia?

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)

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