Opinión

Las Fuerzas Armadas ante la fallida desestabilización

Quienes buscan fracturar el prestigio de las instituciones castrenses quizá debieran considerar tener la mínima correspondencia de lealtad a México. | Jorge Lumbreras

  • 15/11/2019
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En nuestro país se registraron en las últimas semanas acontecimientos, coyunturas y declaraciones que abrieron polémicas, reclamos y tensiones. El asesinato de policias en Michoacán, el operativo fallido en Culiacán, el discurso de un General en retiro del Ejército Mexicano, y el homicidio cobarde y deleznable de niños, niñas y mujeres de la familia LeBarón, configuraron un cuadro de coyunturas sucesivas donde oposiciones, analistas, partidos políticos, organizaciones sociales y medios de comunicación cuestionaron, cómo es y debe ser su papel, la estrategia de seguridad y el presidente de la República; fustigaron a integrantes del Gabinete y exigieron, como es debido en una democracia, mayor eficacia de las instituciones del sistema de seguridad y justicia.

El análisis de estas polémicas muestra una opinión pública activa y plural que expresa diferentes posturas sobre la vida colectiva y sobre la acción de las instituciones del Gobierno Federal. Es dable decir que diferentes intereses económicos, políticos y sociales se expresaron en distintas tesituras para demandar seguridad, paz y justicia. La pluralidad de ideas sobre los resultados de la actual administración evidencia ante propios y extraños que la libertad de expresión se ejerce como en toda democracia consolidada. Las oposiciones al Gobierno Federal llevaron sus discursos al espacio público, participaron en todo foro existente, y las redes sociales expresaron diferentes posiciones.

Asi las cosas, el Gobierno Federal debió procesar estas coyunturas a la mitad de justificados reclamos, asumiendo que la seguridad pública es la mayor problemática y preocupación de la ciudadanía, no podría ser de otra forma dado el clima de sozobra provocado por la delincuencia en cinco decenas de municipios, y ante la forma cruel e irracional en que esta delincuencia expresa la violencia sobre sus víctimas, clima que las instituciones expresan mediante instrumentos de medición y que el Ejecutivo Federal asume y reconoce.

Sin embargo, también el análisis mediàtico de las ultimas tres semanas muestra algunos casos donde el ejercicio periodístico tradicional y digital, generó interpretaciones que fueron más allá de los hechos, que sobredimensionaron los alcances de los acontecimientos ante la cercanía de las tragedias y que vertieron opiniones interesadas en generar mayor temor, incertidumbre y rumores, bajo la intencionalidad de someter al Gobierno a asonadas mediaticas, y en particular para generar un ambiente de inestabilidad. La desestabilizacion fallida quedó en un intento.

En ese marco, las Fuerzas Armadas fueron objeto de interpretaciones interesadas, de críticas sin sustento, y de cuestionamientos falaces por parte de algunos “expertos”. El periodismo profesional que se forma en las aulas y en el trabajo serio y difìcil de cada día tiene nombres para la mentira, la retórica, la interpretacion sezgada y la falta de objetividad, sin embargo, eso también es parte de la libertad de expresión, por ello, la cuestión aquí es ponderar que esto más alla del periodismo, que es una de las más nobles profesiones, mostró la intencionalidad deliberada de desacreditar y desestablizar al Gobierno. Incluso se registraron ataques, falsas filtraciones y mentiras contra las instituciones con mayor confianza ciudadana, que son las Fuerzas Armadas.

Desde el infundio, la parcialidad extrema, y hasta la declarada malicia se acusó a las Fuerzas Armadas de fracasos, derrotas, incapacidad, complicidades y demás sustantivos y adjetivos. Es relevante analizar los intereses creados que arremeten contra las instituciones garantes de la defensa exterior, la seguridad interior y la seguridad nacional. La lealtad de las Fuerzas Armadas a la Constitución, a las instituciones y al presidente de la República no está a debate ni su compromiso con México. Quienes operaron los intentos de desestablización al comprometer el prestigio de los Institutos Armados perecieran no tener límite.

Cada día cientos de miles de hombres y mujeres trabajan para preservar nuestra soberanía, independencia e integridad territorial. Vemos la entrega de marinos y soldados en las regiones más apartadas del territorio, en el resguardo de nuestro mar territorial y cómo exponen su vida por la vida de nosotros en crecientes misiones. Quienes buscan fracturar el prestigio de las instituciones castrenses quizá debieran considerar tener la mínima correspondencia de lealtad a México y sino reconocer, por lo menos, no someter a la vileza de la “opinión” comprometida, a las mujeres y hombres que en los hechos han demostrado dar todo por México. Sinceramente, los instigadores de hoy debieran sentirse avergonzados por tratar de lastimar a instituciones y a generaciones de personas que por más de un siglo le han servido a México con lealtad, honor y valor, sin protagonismos, sin pedir ni preguntar nada, hasta el máximo sacrificio.

*Dr. Jorge A. Lumbreras Castro

Académico de la FCPyS – UNAM

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