Opinión

Las formas no verbales de la política

Existe un lenguaje no verbal que sólo es transmitido entre los políticos. | Fernando Díaz Naranjo

  • 10/12/2018
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Una regla no escrita de la política está estrechamente relacionada con ciertas “formas visuales” que son usadas, generalmente por líderes, dirigentes o políticos. Este lenguaje no verbal muchas veces discreto, sutil, pero otras con toda la intención de sembrar sin palabras el significado político de poder, de molestia, de indiferencia o aislamiento, forma parte de lo que conocemos como relaciones de poder.

En este sentido, el lenguaje no verbal puede ser muy revelador ante la opinión pública; puede significar todo un estudio para quienes llevan a cabo periodismo de investigación. Quienes lo han analizado, descubren parte de la personalidad de un individuo y hasta pronostican comportamientos y actitudes. Pocas veces se equivocan.

Asimismo, existe un lenguaje no verbal que sólo es transmitido entre los políticos; ellos solo lo entienden, mismos que se manifiestan a través de determinados saludos, algunos efusivos otros no tantos; a través de gestos y hasta de la forma de mirar. Esta forma de comunicación forma parte de nuestra tradición política.

Así, con un simple gento podemos saber si “el jefe” está molesto, si no le gustó el evento, la reunión o los acuerdos determinados. También, este mecanismo interpretativo da en la política razones que trascienden de la comunicación no verbal hacia el simbolismo, elemento que abordaremos en otra columna.

Por lo dicho anteriormente, resulta de suma importancia entender, al menos en este primer acercamiento, el lenguaje no verbal de personalidades como el propio Andrés Manuel López Obrador, en donde es importante analizar no sólo el significado de sus discursos, de sus declaraciones ante los medios de comunicación, sino lo que no dice en palabras, es decir, con sus posturas, sus movimientos, sus expresiones, etc.

Recordemos que desde que estaba en campaña, diversos analistas se dedicaron a revisar la imagen que proyectaba, por ejemplo, durante los debates por la presidencia de la República, en donde casi todos coincidían en su imagen despreocupada, seguro tal vez no de lo que el debate o la discusión implicara, sino de que se encontraba por arriba o muy por arriba de sus adversarios en las preferencias de los electores.

En agosto de este año, Álvaro Cueva destacaba en Milenio que “Si hay un genio de la imagen y de la comunicación en este país es Andrés Manuel López Obrador”, fortaleciendo su argumentación en que es un personaje que sabe construir una imagen de sí mismo, y yo agregaría que para cada público con que se presenta.

Coincido totalmente con Álvaro Cueva, AMLO es un personaje que, a fuerza de golpes, ha entendido cómo se mueve la política, pero lo más importante, en 18 años en que ha recorrido el país, conoce las principales demandas de la población, y esto lo ha materializado en sus expresiones y, por supuesto, en sus promesas de campaña.

Ahora que López Obrador es presidente de la República, justamente su imagen debe ser un aspecto que debe cuidar por muchos motivos; aquí apunto algunos:

·         Es el presidente de México.

·         Su cargo lo obliga a estar en diversos foros tanto nacionales como internacionales, tales como políticos, empresarios, ciudadanía y medios de comunicación diversos.

·         Al ser figura pública sabe que está expuesto siempre ante muchas miradas que, en ocasiones, sólo esperan algún error para resaltarlo, sobre todo en redes sociales con el enorme poder que han generado.

Sin embargo, y a pesar de lo brevemente aquí apuntado, me parece que lo que más le conviene a López Obrador, es seguir con esa imagen de sencillez que lo ha acercado a la gente. Esto no significa, por ejemplo, que siga sin protección a donde quiera que vaya, sino que siga proyectando esa calidez que tan buenos resultados le ha dado. Tan es así que figuras de muñeco con su rostro, caricaturas, máscaras, globos, banderillas, calcomanías y demás artículos promocionales son adquiridos por mucha gente que le tiene fe.

Pero esta imagen no será permanente si la población no empieza a percibir, en un corto plazo, los beneficios con los que se comprometió, así que se vuelve necesario materializar acciones concretas en favor de la población mexicana. ¡Hasta la próxima!

La legitimidad no es permanente si no se alimenta

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