Opinión

Las élites económicas y la transformación social

Nuestras elites económicas no han sido capaces de reconocer los derechos de los “otros”. | Teresa Incháustegui Romero

  • 09/08/2019
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En un reportaje de uno de los semanarios políticos más longevos de México, se publica esta semana que la dirigencia de COPARMEX, el TEC de Monterrey junto a exfuncionarios panistas e intelectuales de prestigio, enfilan sus baterías para la creación de un amplio movimiento social de liderazgo juvenil de clases medias para convertirse en bastión de la oposición política a la 4T en las elecciones intermedias de 2021.

No es la primera vez que este organismo patronal y la fracción empresarial norteña, concretamente de Nuevo León, se ponen al frente de una iniciativa de este corte. En 1976 encabezaron las movilizaciones contra la ley de población de Luis Echeverría que establecía la planificación familiar y lanzaron la primera avanzada para tomar bajo sus riendas al PAN, iniciando la llegada de los llamados “bárbaros del norte o neopanistas” a dicho partido, en una de las crisis históricas de esa alineación política, que por las mismas razones no consigue consenso para elegir candidato a la presidencia en elecciones de 1977. En 1982 rompieron lanzas contra el estado desarrollista a propósito de la nacionalización bancaria e iniciaron una gran escalada de organización estratégica para cobrar presencia en universidades privadas, organizaciones intermedias, medios de comunicación (el diario Reforma es parte de eso) formación de lideres, etc., que coronaron con mucho éxito en el año 2000 con el arribo de uno de sus gerentes a la presidencia de la república.

Los logros de su acometida en la política y en lo político no fueron menores. Entre 1982 y el año 2000 cambiaron el eje del consenso hegemónico en el país, corriendo hacia la derecha los posicionamientos en materia de política económica y política social. En consonancia con los dictados de organismos multilaterales (FMI-BM) y la hegemonía de gobiernos de EU junto a la Inglaterra de Tacher, la derecha panista-empresarial y la derecha priísta que se le abona desde Miguel de la Madrid en adelante, impulsaron el recorte del sector público, la privatización de empresas; el ensanchamiento del capital privado en otrora áreas exclusivas del estado (energía, petróleo) la privatización de la salud, la educación, la construcción de vivienda de interés social, los servicios de agua y recolección de basura, etc.,etc. De 1988 al 2000 no hubo prácticamente en el país un frente ideológico político mas fuerte que el sostenido por estos grupos.

No es poco lo que la democracia formal, la de los votos, le debe a estas agrupaciones. Encabezaron las primeras victorias electorales de la oposición desde lo local, en 1982, trazando en 1986 una ruta de conquistas desde las regiones hasta el poder central en el 2000. Sus triunfos animaron los vientos de la democracia electoral en los partidos de izquierda que abandonaron para siempre la vía de la revolución armada o simplemente testimonial. Entre estas auténticas gestas democráticas encabezadas por la derecha empresarial no puede dejarse de mencionar a Maquío Clouthier, entrando a Gobernación del brazo de Cárdenas y Doña Rosario Ibarra del Piedra el 6 de julio de 1988, en protesta por la llamada caída del sistema.

La conquista de la presidencia en el 2000 los coloca en una posición distinta, aunque grandemente ventajosa. Lo primero porque detentar el poder implica cumplir las promesas de campaña. Ofertaron un cambio de régimen que nunca siquiera intentaron. Lejos de eso Vicente Fox estableció las bases de una cohabitación con el príismo sobreviviente que consolidaría el consenso neoliberal entre élites económicas y élites políticas y la exclusión de la izquierda (PRD) iniciadas por Salinas de Gortari, para forjar lo que será la ecuación PAN-PRI- PRI-PAN= PRIAN que llega hasta Peña. Entre estas bases se enlistan: la transferencia de poco mas de 40% de los recursos públicos a las entidades federativas y municipios (fondos y partidas diversos) fundamentales para construir la resistencia del PRI a los nuevos aires democráticos y desde ahí preparar su retorno. Entre las ventajas del poder, Fox repartió entre sus mentores y apoyadores: agua, minas, bancos, tierras, costas, manglares, obras y concesiones diversas. Transfirió, además, vía créditos fiscales o condonación de impuestos a grandes empresas, el equivalente a 4% del PIB anual y construyó lo que De la Madrid llamó certeramente la complicidad ante la corrupción como verdadero cemento ente élites políticas y económicas.

En el 2000 se opera también un quiebre ante las promesas truncadas de la alternancia política desde la derecha. El gobierno de AMLO en la Ciudad de México rompe la superioridad moral de la propuesta neoliberal en el discurso político con una nueva forma de gobierno, cambios simbólicos en el ejercicio del poder y una política social para consolidar derechos y acceso a la educación, la salud, la alimentación y el cuidado. La hegemonía de una política de competitividad económica basada en la contención salarial frente a la inflación (desde los pactos de 1986) comienza a caer por tierra, ante magros resultado en crecimiento y sobre todo crecimiento de la desigualdad y la pobreza. La quiebra moral del foxismo se abisma con el pretendido desafuero y la dudosa victoria de Calderón. La derecha empresarial muestra con esta cara, que no está dispuesta a jugar realmente a la democracia si ésta pone en peligro sus conquistas. El calderonato es el pantano donde se hunden sus aspiraciones. No solo es el desastre del gobierno sino también del partido que le allana el acceso al poder lo que se quiebra.

El tsunami morenista de 2018 cierra cualquier intento de reeditar un apretado triunfo “haiga sido como haiga sido” por lo que no tuvieron mas opción de aceptar el designio de las urnas e intentar coexistir con la 4T. Puede ser que les asistan razones para la desconfianza con la 4T ante un estilo de gobierno disímbolo de lo acostumbrado y puede también que no tengan muy claro el sentido y la dirección de sus derroteros. Pero el problema de fondo que tenemos es que la derecha empresarial mexicana ve con muy malos ojos cualquier medida que les recorte ganancias o les fuerce a compartirlas con los de abajo. Herederos muchos de ellos de los valores y la cultura colonialista y racista de los conquistadores, no sienten ni aceptan que las clases y grupos de la baja escala social son sus iguales. Como hemos visto en expresiones y videos subidos a redes sociales en las marchas de los de blanco, no son pocos los que entre ellos consideran a los pobres e indígenas como subhumanos, inútiles, ociosos y viciosos, indignos de cualquier reconocimiento.

A diferencia de las élites económicas francesa o inglesa, que fueron cruciales en la construcción de sociedades y naciones de derechos e igualdad de trato para todos, nuestras elites económicas no han sido capaces de reconocer los derechos de los “otros”; esos otros despojados de oportunidades desde el nacimiento y hasta la tumba, en una sociedad donde la movilidad social ascendente es casi cero, porque heredar un apellido o una fortuna es equivalente a ser líder, talentoso y exitoso.

Tampoco han sido avanzados en el reconocimiento a derechos de las mujeres y las minorías de la diversidad sexual, como el derecho a la libertad de elegir la maternidad y a abortar al menos en casos de violación, los derechos sexuales y reproductivos, el derecho a la identidad, al matrimonio entre personas del mismo sexo, sino todo lo contrario. La COPARMEX y organismos filiales como la Asociación Nacional de Padres de Familia son baluartes contrarios a la educación sexual en las escuelas; contra la homosexualidad, el uso del condón; la legalización de la mariguana, los cambios en las relaciones de género, etc., etc.

Ante ese panorama sería alentador que hoy que están planeando, con el concurso de intelectuales prestigiados, forjar un nuevo movimiento social, en lugar de sembrar el miedo a la pérdida de estatus, acendrar el racismo o refundar el conservadurismo moral ante los nuevos temas entre ese pequeño filón de clase media sobreviviente que quieren convocar de jóvenes universitarios, que se sacudieran la polilla y miraran de frente a este país profundamente herido y desigual y que construyan una oferta política e ideológica generosa, de integración social, de libertades, de paz e igualdad social y entre géneros, que coadyuve a la transformación y renacimiento pacifico del país.