Opinión

Las confusiones, las cifras…

Para Alejandra, con un abrazo solidario.

  • 25/05/2014
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Sorprende la airada respuesta de los magistrados electorales al tema de la propuesta de haberes de retiro para ellos y su enojo por haber atentado contra su bonhomía y pundonor. ¡Gracias, oh magistrados, están ustedes llegando a los más altos niveles de sacrifico por la patria! quisieran que dijéramos todos los habitantes del país.

Ofendidos deberíamos de estar todos nosotros que aportamos los recursos con los que han vivido varios años (y los que les faltan) sin que dejen sus actividades académicas o gestiones privadas, aunque sean a título honorario.

¿Por qué si tienen un desarrollo laboral, y hoy las pensiones del ISSSTE y del Seguro Social pueden unificarse, debemos pagarles otra cosa más allá de la pensión que deba corresponderles cuando les corresponda jubilarse? (Hoy escuchaba a uno de ellos, Salvador Olimpo Nava diciendo que tiene 48 años y que el  “haber” estaba calculado para un promedio de vida de 74 años; es decir, viviría con ese ingreso, o le darían recursos correspondientes a su salario por los próximos 26 años: algo más de cien millones de pesos: los rechazó porque no le parece que deba ser tanto… ¿pero sí unos diez millones, pregunto yo?).

Cínicas declaraciones de los magistrados: uno dice que tienen esos salarios para proteger a la sociedad de que alguno de ellos pudiera ser comprado. ¿Es decir, según el sapo es la pedrada? Si Álvaro Obregón decía que nadie aguanta un cañonazo de cincuenta mil pesos ¿con inflación, recesión y todo de a cómo andará ahora?

¡Qué falta de respeto a la sociedad! Por qué en lugar de reclamar dolorosamente que se ha puesto en entredicho al Tribunal no se preocupa ese mismo tribunal por saber de dónde, cómo, quién, cuándo, por qué y para qué se puso esa cláusula en el último momento o por qué se les escapó a los partidos en la votación o quién lo introdujo en el dictamen que se envió a la cámara de diputados.

Esas preguntas hoy son muy pertinentes ya que un caso parecido se da en Puebla donde los diputados estatales aprobaron una ley de seguridad, de cultura cívica y se autoriza, según sus dichos, el uso de las armas de fuego para contener  las marchas o protestas que pudieran salirse del control que ellos establezcan como tal. El periódico oficial publicó la ley sin ese elemento votado ¿quién decide al final qué sale en el diario o periódico oficial? ¿Alguien tiene el poder de cambiar una decisión, un acuerdo, para dar un albazo?

¿Nada es cierto y es la incapacidad de los diputados, la opacidad de los procedimientos y la negligencia de los legisladores los que provocan las confusiones?  En Chiapas, y antes en la Ciudad de México, las leyes que “regulan” (criminalizan, diría yo) las protestas, están en boga.

En esta ciudad esa ley se aplicó el primero de diciembre de 2012, se discutió después su aplicación y se ha utilizado selectivamente, tal como vemos se ha hecho esta semana en San Bartolo Ameyalco.

La salida fácil del gobierno de la ciudad es que los instigadores de la protesta son quienes controlan las pipas, y los argumentos de que se había estado platicando con los opositores a la introducción de tubería de agua potable  olvidan un principio que hace distinto a las gestiones de un gobierno de otro: diálogo, negociación, propuestas, alternativas.

Si los opositores son los que surten el agua, que cobran alrededor de dos mil pesos por pipa, ¿por qué, entonces, no poner un servicio gratuito de pipas que surtan a la zona, desmontando el negocio con el agua? ¿Por qué no regular el lugar donde estas pipas se surten? ¿De quién es la zona, el pozo, el manantial, la bomba donde se surten? ¿Sale caro? Más cara es la protesta y el encono social, no lo duden. Más caro nos ha costado todo el sistema electoral y miren dónde andamos.

Más caro saldrá arreglar la línea 12 del metro. Falta de oficio político, falta de voluntad, parece. ¿Por qué no ir directamente contra los especuladores, ya sean del agua o de los terrenos? A finales de los años cincuenta y sobre todo en los años sesenta, en el llamado ex vaso de Texcoco se promovieron las invasiones de terrenos, muchas veces promovidas por grupos políticos afines al gobierno, otros no tanto, que después de caer como paracaidistas en los terrenos entraban en el proceso de negociación para la regularización de los lotes.

Así surgieron las grandes colonias del oriente de la ciudad y así, en la especulación surgió Ciudad Nezahualcóyotl y después Chalco y sus alrededores. (Ahí en Chalco, por si no se acordaban, dio inicio el programa de Solidaridad en las épocas de Salinas de Gortari: iban a modificar de raíz la zona ¿qué pasó?) Hoy la especulación terrateniente persiste y diversos grupos siguen abusando de la necesidad  y aspiración social y promueven invasiones, cobran cantidades que con dificultades la gente logra dar y al final los dejan al garete para que llegue la autoridad y los desaloje, con lujo de violencia, amparados en las leyes de justicia cívica.

¿Hay voluntad política para proteger a los precaristas? ¿Hay voluntad para atacar a los líderes y organizaciones que promueven las invasiones y se benefician de la necesidad de vivienda?

 

De pilón…

Pues son apenas ocho mil, no son los 24 mil que dice la Comisión Nacional de los Derechos Humanos; son ocho mil los desaparecidos desde 2005 a la fecha, insiste la secretaría de Gobernación. Uno sólo que fuera no debería de ser. Cifras nada más, parece y no explicaciones, soluciones.

Los que dicen que están desaparecidos ya los encontramos, reitera Osorio Chong. Me parece que el asunto es más complicado que dar cifras, aunque es importante tenerlas pues atrás de cada desaparecido hay una familia, una historia que entender, que atender y que quiere respuestas.

A nada nos conduce el pleito de las cifras y lo importante es saber qué se está haciendo para que no haya ninguno, para que cada familia pueda encontrar satisfacción a su demanda de aparición.

Importante es saber quién, quiénes: criminales,  militares, marinos, federales ¿quiénes son responsables? ¿Voluntad y decisión? Todo se reduce a algo básico: Justicia.

 

Twitter: @anayacar

 

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