Opinión

Las barbas del vecino

La debilidad institucional de México debería ser la principal preocupación de los gobernados. | Adolfo Gómez Vives

  • 11/01/2021
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Fue la fortaleza de las instituciones estadounidenses el factor que doblegó a un furibundo y visceral Donald John Trump, que amenazaba con violentar a su favor el resultado del proceso electoral, del que surgió ganador Joseph Robinette Biden Jr.

Si el asalto al Capitolio a manos de sus fanáticos seguidores dio origen a las más variadas especulaciones —algunas tan dramáticas como la que presagiaba que Estados Unidos estaría al borde de una guerra civil— el video que el propio Donald Trump subió a Twitter el jueves pasado por la tarde, significó la capitulación de su peligrosa e ilegal aventura.

Abierta la posibilidad de invocar la Vigesimoquinta Enmienda de la constitución para inhabilitarlo, Trump decidió someterse a la lógica de “la ley y el orden” antes que la crisis —que para entonces había cobrado la vida de cinco personas— degenerara en mayores hechos de violencia que lo arrastraran hasta su propio juicio por los delitos de sedición y deslealtad a la constitución.

De este lado de la frontera, Andrés Manuel López Obrador no se atrevió a pronunciar palabra alguna a favor de la legalidad y la democracia estadounidense o en contra de los atacantes. Prefirió cuestionar la “censura” de las redes sociales que, siguiendo sus propias normas, suspendieron temporalmente las cuentas del aún presidente de los Estados Unidos.

Para López Obrador, el resultado final de la elección en el vecino país del norte le representa el primer “detente” importante en sus ambiciones reeleccionistas. Sabe bien que no contará con el apoyo de Joe Biden y que éste no se hará de la “vista gorda” en lo concerniente al deterioro de la democracia mexicana, como habría ocurrido con Trump.

Los barruntos de su afán autoritario se asoman a las “mañaneras” en los constantes ataques al Instituto Nacional Electoral y a los demás órganos de autonomía constitucional, cuya función de contrapeso al poder Ejecutivo le es estorbosa.

El presidente mexicano tiene claro que se generarán puntos de tensión en temas de interés común con Estados Unidos como el narcotráfico, el “lavado” de dinero, la migración y los acuerdos comerciales contenidos en el T-MEC, lo que le significa una valiosa oportunidad para victimizarse y presentar al gobierno de Biden como una “amenaza” a la soberanía nacional.

Así como la fortaleza institucional de Estados Unidos permitirá —a decir del propio Trump— una “transición suave, ordenada y sin interrupciones del poder”, el debilitamiento de las instituciones en nuestro país es la carta que López Obrador se empecina en jugar, pues sabe que los órganos de autonomía constitucional, como es el caso del INE, el INAI y el IFT entre otros, le representan obstáculos importantes a su afán por concentrar todo el poder.

Al final del día, aunque López Obrador no tenga la posibilidad de desaparecer a los órganos de autonomía constitucional —como es su sueño dorado— sus amenazas también tienen como objetivo el distraer a la opinión pública respecto del fracaso de su gobierno en el manejo de la pandemia, que a la fecha ha alcanzado más de 130 mil decesos, así como de sus efectos devastadores sobre la economía nacional, contra los cuales nunca tuvo un plan de apoyo.

La debilidad de las instituciones del Estado mexicano debería representar el factor de mayor preocupación entre los gobernados, pues será uno de los elementos que López Obrador aprovechará para imponer la continuidad de su mandato, más allá del límite constitucional actual. En las barbas del vecino está la clave de lo que se debe poner a remojar.

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