Opinión

Landau y la confianza

¿Qué más hace la DEA sin el permiso de México? | Jorge Ramos Pérez

  • 02/11/2020
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La detención del general Salvador Cienfuegos mostró el rostro real de Donald Trump. No hay sorpresa, hay muchos sorprendidos.

El embajador Christopher Landau ha declarado que se enteró que estaban tras los huesos de Cienfuegos. Desde marzo de 2019 que llegó a México, pero no dijo nada porque estaba impedido de hacerlo. Evidentemente su lealtad es a su país, no hay reclamo por ello.
¿Tenía que haberle informado a México? No. Para qué si no le tiene confianza. Ni a su “amigo” Andrés Manuel López Obrador. En política no hay amigos, hay intereses.
Lo que se ha sabido es que la embajadora de México en Washington supo por los corrillos de la Casa Blanca unos días antes que venía el golpe, pero no había información oficial. Algo de ello enteró a López Obrador, pero al parecer no pasó por avenida Juárez, la sede de la cancillería.

¿En la Defensa Nacional estaban enterados? Todo indica que no.

Así que la DEA pudo operar con toda tranquilidad en México, intervenir comunicaciones del militar de más alto rango en el país sin que nadie se enterara.

¿Qué más hace la DEA sin el permiso de México? Todo.

El 25 de marzo del año pasado le conté en este espacio cómo el 29 de junio de 1973 el silencio se rompió en una oficina en Washington. A las 00:38 horas su embajada en México envió un documento con sus valoraciones sobre la elección para gobernador en siete estados del país.

“Sin sorpresas (…) es una campaña totalmente predecible en la cual el único opositor parece ser el abstencionismo”, diagnosticó el embajador Robert Henry McBride.

Se trataba de miles de cables revelados por Wikileaks en 2013, en donde el embajador describió el proceso electoral en México de 1973. El diplomático tenía claridad de que no había sido una genuina campaña de los candidatos del PRI. Los aspirantes sólo realizaron proselitismo a “niveles mínimos” para cubrir las “apariencias”, señaló, lo cual era cierto.
El 1 de julio de 1973 eligieron gobernador, si así se puede llamar a un vil engaño, en Querétaro, Colima, Guanajuato, Sonora, Nuevo León, San Luis Potosí y Campeche, donde por supuesto ganó el PRI.

La confesión de Landau, por lo tanto, no debe sorprender. Al embajador hay que temerle más por lo que sabe que por lo que publica en sus redes sociales.

Como tampoco debe sorprender que recorra el país, presuma en sus redes sociales sus imágenes disfrutando comida o paisajes. Está haciendo su trabajo y está pasando por encima de quien se le atraviese con tal de que su gobierno logre sus propósitos.

Así que la próxima vez que vea usted una selfie o foto del simpático embajador degustando un rico platillo mexicano también piense qué puñal está clavando en la espalda. Con una gran sonrisa.

Punto y aparte. Alfonso Durazo fue un fracaso como secretario de Seguridad. Pero tiene todo el respaldo del presidente López Obrador. Rosa Icela Rodríguez es su relevo. Mujer discreta, eficaz y, sobre todo, de una lealtad y cercanía con Palacio como pocos. Su llegada tiene lecturas políticas y técnicas. En las primeras pone en equilibrio la carrera presidencial que se había decantado por los puros con la llegada de Mario Delgado a Morena. Además, nutre la presencia de mujeres en el equipo presidencial. En lo técnico aún falta por ver resultados. Lo esperable es que sea una gran aliada de la capital del país, hoy bajo amenaza del narco.

Punto final. Omar García Harfuch ha dicho que el Cártel Jalisco Nueva Generación no tiene mayor presencia en la CDMX. Pero la realidad tiene otros datos y se habla de un choque con el Cártel de Sinaloa. ¿Más sangre en la capital?

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