Opinión

La violencia contra adultos mayores; doble invisibilidad y discriminación

El maltrato y abandono de parte de familiares a los adultos mayores es una forma de violencia endémica. | Teresa Incháustegui

  • 15/02/2021
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A raíz de la indignación ocasionada por un video que compartieron vecinos en la Alcaldía de Tlalpan, donde se ve a un hombre robusto y también mayor, sacudir inclemente a su pobre madre anciana de 94 años, se ha colocado en la opinión pública la violencia cotidiana en la viven sus últimos días muchos de nuestro ancianos y ancianas. Gracias a ese video se logró la intervención del Instituto para el Envejecimiento Digno (INED), del Centro de Atención a Riesgos Victimales y Adicciones (CARIVA), de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México y, de la Secretaría de las Mujeres de la CDMX y al sujeto, que esperamos se sancione debidamente, se le ordenó mantener distancia del domicilio de su señora madre, para evitar su revictimización. Ojalá los agentes encargados para custodiar el domicilio en atención a la Orden de protección emitida cumplan con su cometido y no veamos de repetirse, quizá en un episodio mortal, este evento.

El maltrato y abandono de parte de familiares a los adultos mayores es una forma de violencia endémica en muchos de los entornos familiares, sobre todo en aquellos países donde las llamadas familias extendidas son más frecuentes. En hogares de este tipo de familias, suelen cohabitar tres y hasta cuatro generaciones de miembros, con parientes políticos incluidos y claramente, la ley de la jungla, de los más fuertes y jóvenes suele imponerse en la convivencia cotidiana. En países donde existe una buena oferta pública y/o privada para que las familias pongan a sus adultos mayores al cuidado por parte de estas instituciones especializadas, la mayoría de éstos pasan sus últimos días y mueren en estos sitios.  

En ambos casos se cumple puntualmente la frase colocada estratégicamente por Simone de Beauvoir en su, puntual, descarnado, pero atrozmente realista ensayo sobre “La Vejez”: La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida. Y es que, de acuerdo con Beauvoir, la vejez ha pasado de la veneración y el pináculo del poder en la antigua China o en Roma, al olvido, la separación y horror estético a la vejez del mundo actual. Los grandes cambios sociales de la modernidad han afectado la posición de las personas mayores; la urbanización de la sociedad y la separación del lugar de vivir del lugar de trabajar, la nuclearización de las familias, pero también la efebo manía del capitalismo posindustrial y la llamada sociedad del placer, han resultado en un cambio dramático en la consideración de la vejez. En este sentido la adquisición cultural del humanitarismo ante la vejez hay que decirlo, no es tan generalizada, justo cuando la prolongación de la vida ha engrosado el estrato de las personas mayores de sesenta años en la pirámide poblacional.

De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada diez adultos mayores en el mundo sufre maltrato, violencia o abandono por parte de sus propios familiares. CEPAL nos ofrece algunos datos ilustrativos: en Chile, la Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2009-2010 evaluó la exposición de adultos mayores a eventos violentos entre 7.7% a 8.7, siendo mayor el porcentaje de maltrato en las mujeres. En Colombia (2007) se registró una prevalencia de maltrato psicológico de 35.2%. Y en México, una encuesta de 2006, mostró una prevalencia del maltrato del 16.2%, con cotas mayores, de nuevo, entre las mujeres (18.4%). La ENDIREH de INEGI en 2011, registró la prevalencia del maltrato del 12.5%; en 2016 cuando se levantó la última ENDIREH disponible, se incrementó la prevalencia a 17.3%, en el caso del maltrato psicológico que la modalidad más frecuente de la violencia;  6.3 sufre violencia patrimonial, pero se registra la prevalencia de violencia física en 1.2% (INEGI, 2016). Siempre mayor en el caso de las mujeres.

Hay que decir sin embargo que el registro de la violencia contra adultos mayores puede haber un subregistro considerable. Por principio la ENDIREH toma como informante del hogar a mujeres mayores de 15 años y más, pero si en ésta hay alguna persona adulta mayor con dificultades de movimientos o de habla, seguramente no va a ser ella quién proporcione al agente del INEGI la información relativa y si es justamente este familiar encuestado la persona violentadora de la persona mayor. La violencia hacia las personas mayores es un problema reconocido hasta hace muy poco debido a que este asunto se mantuvo y muchas ocasiones aún se mantiene muy enmascarado porque son los propios familiares cercanos quienes la ejercen.

Más allá del ámbito doméstico o familiar, el maltrato o abandono a las personas adultas mayores se advierten en diversos campos y modos. En el espacio urbano son escasísimas calles, banquetas que les faciliten la movilidad; ni semáforos o pasos a desnivel, están diseñadas o construidas para que puedan transitar aún en las propias proximidades de sus domicilios. En los parques incluso no hay corredores donde puedan transitar en sillas de ruedas sin obstáculos o con facilidades en los altibajos de terreno. En las calles y banquetas pululan topes, baches, varillas o tubos recortados, que son piola segura para tropezar, trastabillar y caer.   No existen los privilegios en accesos a servicios bancarios o cajas en los supermercados. Por el contrario, a partir del covid, adultos mayores de 60 años, aún en condiciones físicas y de salud bastante aceptables, portando debidamente su cubrebocas, son impedidos del acceso para hacer sus compras en súper mercados.  

En el colmo de las situaciones, los servicios bancarios cada vez más digitalizados o robotizados, que como sabemos cobran harto caro su intermediación en pagos, cobros, depósitos y ahorros, desconsideran la condición de analfabetismo digital, sordera; falta de movilidad o incluso huellas dactilares borradas de las personas mayores, en su gama de opciones de acceso a clientes, a grado que muchos de ellos no tienen ya manera de disponer de sus ahorros de manera ágil y conforme a sus necesidades. De suerte que sufre prácticamente el secuestro bancario de sus fondos, en unos casos producto de transferencias familiares o públicas, y en otras de los ahorros posibles a lo largo de su vida útil para poder resolver su sobrevivencia en la vejez.

En este punto habrá que preguntarse si las sociedades, las instituciones públicas y privadas, y en suma las generaciones de hoy han hecho suya la máxima de otra francesa, también famosa (que no ilustre), ex presidenta del FMI Christine Largarde que consideró que la larga vida de las personas estaba representando un problema económico.

Por lo pronto en México, en año electoral y ante la evidencia censal de que la población mayor a 60 años constituye 13% (15.4 millones) del total, de las cuales casi 4 millones son económicamente activos; 1.7 millones viven solas y 69.4% presentan algún tipo de discapacidad, esperemos que la doble invisibilidad y la discriminación que sufre esta ciudadanía sean objeto de la consideración por parte de los partidos políticos que lucha por cuotas de poder.

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