Opinión

La vieja Cuba

Cambió la forma de entender Cuba y su dictadura. | Julio Castillo López

  • 27/07/2021
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A Cuba me ligó crecer en Mérida y la música. La cercanía geográfica hizo que durante muchas décadas lugares como la Península de Yucatán tuvieran más comunicación con la Isla que con el centro o el norte del país y la influencia todavía es notoria; prueba de ello son el béisbol y la trova yucateca, tan cercana al bolero cubano y tan lejana a los sones característicos del otro sur mexicano.

Conocí historias de Cuba y de su gobierno a mediados de los 90 por su trova y por preguntar sobre una foto que estaba en la biblioteca familiar en donde estaba mi padre (Carlos Castillo Peraza) con Fidel Castro. A finales del año 2000 Teresita Yaniz de Arias, que entonces creo que era la encargada de desarrollo social en el gobierno de Panamá, me acercó al círculo de músicos cubanos que vivían en México, con quienes conviví varios años y por quienes conocí al escritor Eliseo Alberto  -el “Lichi”- y eventualmente su libro “Informe contra mí mismo”, con el que acabé de entender los sentimientos encontrados de un pueblo en el exilio, que sin dejar de amar su raíces ha puesto en marcha la mayor protesta posible contra un gobierno: el autoexilio.

En 2002 Fidel Castro fue noticia en México con el famoso incidente del “comes y te vas” y en 2004 volvió Cuba a la agenda nacional cuando el empresario Carlos Ahumada, después de exhibir videos dándole sobornos millonarios a René Bejarano (en la época que era secretario particular de López Obrador) escapó del país y en Cuba fue interrogado… Entre estos dos hechos pasó algo que cambió la forma de entender Cuba y su dictadura. Después de intentar escapar, tres personas fueron fusiladas y a diferencia de muchas otras ejecuciones anteriores ésta tomó mayor relevancia porque Saramago, premio Nobel y convencido comunista, dijo hasta aquí con Cuba y con Castro.

Hoy, casi 20 años después parece que nada ha cambiado. Perdida, lejos de la URSS y de la rica Venezuela petrolera que por épocas mantuvieron económicamente a la Isla, la pobreza y la pandemia invitan una vez más a derrocar la dictadura. La imagen romántica del “sueño comunista” sólo queda en personajes de otras épocas, personajes como el presidente López Obrador que sigue pensando que Cuba es pobre por el bloqueo y no por su sistema, su propia incapacidad y su corrupción. Nadie puede decir que sea positivo el bloqueo, pero la responsabilidad del fracaso cubano está dentro de Cuba.

Quienes todavía creen en la educación cubana bastaría que conocieran los libros oficiales o incluso los álbumes de “estampitas” que coleccionan las niñas y niños cubanos, que son básicamente medios para adoctrinar, no para formar. Quienes todavía creen en la medicina cubana, ojalá vean el colapso de su sistema… es la raíz de la nueva esperanza de libertad.

Cuba no está bloqueada económicamente por todo el mundo; no hay hoteles norteamericanos ni Coca-Cola, pero sí hay hoteles españoles y cerveza europea. Hay recursos naturales, hay gente trabajadora y con mucho talento… lo que no hay es libertad… urge un cambio, pero la verdad urgía desde hace décadas, incluso desde antes de que llegara Fidel Castro y el posterior comunismo; algunos ya nos cansamos de esperarlo, pero ojalá ahora sí se dé y se logre sin violencia.

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