Opinión

La vida después del Covid-19

Luego de la emergencia sanitaria, el mundo ya no será el mismo, nos obligará a redefinirnos ante una “realidad de bienestar” que ya no existe. | Ismael Jiménez

  • 01/04/2020
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Todavía es difícil vislumbrar los efectos que el Covid-19 dejará, lo único que podría adelantarse es que la pandemia, modificará los escenarios políticos, económicos y sociales. Después del segundo semestre, muchas cosas ya no serán iguales.

La contingencia sanitaria, dejó al descubierto muchas deficiencias que los países tienen en común y es un hecho, que conforme se prolongue la epidemia, quedaran al descubierto algunas más.

Una de ellas, fueron las carencias de los sistemas de salud en todo el mundo. De pronto, ninguno de los países involucrados en la primera parte de la emergencia, contaban con la capacidad para hacer frente a la pandemia.

Sin duda, este será uno de los temas sobre los que mucho se discutirá cuando haya pasado la emergencia. Y es que de acuerdo con datos del CIA World Factbook a nivel mundial, el sistema de salud cuenta 3.2 camas por cada mil habitantes.

Esa cifra languidece cuando observamos que la población mundial es de 7 mil 600 millones de habitantes. Es decir, que con la infraestructura sanitaria actual, ningún sistema de salud en el mundo, podría atender al 1% de la población total en una emergencia como la que vivimos.

Países como Estados Unidos, tiene 3 camas por cada mil habitantes, pese a que invierte 17% de su PIB en gastos de salud, mientras que México tiene en promedio 1.5 camas por cada mil habitantes e invierte 6% del PIB en el sistema de salud.

Pero, por qué los sistemas de salud mundiales además de no contar con la infraestructura física, humana y tecnológica, no contaban con planes profundos de contingencia para enfrentar un escenario como este.

Seguro habrá muchos puntos de vista al respecto y será tema de grandes debates, pero hay una cuestión que me parece fundamental y que tiene que ver con el modelo neoliberal en el que está sumergida la economía global.

Para nadie es un secreto que uno de los objetivos de ese modelo económico, es maximizar las ganancias y rendimientos, y bajo esa medida, se incluyeron todo tipo de actividades que tenían que ver con requerimientos de capital o de inversiones.

El sistema de salud no fue la excepción y tampoco es secreto que en muchos países de Europa y de América Latina, los sistemas de salud estaban privatizados bajo el argumento de que el mercado determinaría la eficiencia y la demanda de los servicios de salud ofertados para toda la población.

Chile y Colombia son países que implementaron el modelo de privatización de los servicios de salud, al igual que Estados Unidos y España entre otros tantos. Las consecuencias están a la vista.

Y aunque es difícil prever, qué habría sucedido con los servicios de salud de haber sido cien por ciento estatales, lo cierto es que los gobiernos como Estado, se están haciendo cargo de los servicios de atención médica en casi todos los países que hoy están colapsados por la pandemia.

El covid-19 también desnudó las visiones encontradas en las sociedades abrumadas por el neoliberalismo y sus profundas divisiones sociales que cada día se hacen patentes en redes sociales.

El exacerbado uso de los canales digitales, ha llevado a pensar a una buena parte de sus usuarios que la realidad se encuentra atomizada en el tecleado de sus comentarios y que hoy funciona como el único canal de comunicación creíble.

En México, el fenómeno ha quedado claramente plasmado al elevar el reclamo al gobierno para que se cancelen todas las actividades del país como medida única para prevenir el contagio del covid-19.

Los instigadores digitales pierden de vista que en México existen profundas diferencias sociales y realidades laborales, diferentes a la comodidad de una oficina en las grandes ciudades que se sustituyen con el home office.

El tema es que en la vorágine “informativa” de las redes sociales, se deja de lado a cientos de miles de trabajadores informales no asalariados, trabadores del campo y a todas aquellas familias de los pueblos originarios que aunque alejados, también resentirán los efectos de la crisis económica del covid-19.

Parar totalmente la actividad de las personas, confinarlas y coaccionarlas mediante la fuerza pública, sería el golpe de gracia a una economía y una sociedad que ya de por sí están asfixiadas.

El plan DN-III, buscará subsanar las necesidades básicas de alimentos en muchas de las regiones y zonas más desfavorecidas del país. Esas donde ni el neoliberalismo, las tecnologías, las redes sociales y mucho menos los sistemas de salud, logran aliviar sus carencias.

Después de la emergencia sanitaria, el planeta ya no será el mismo, esto nos obligará a redefinirnos ante una “realidad de bienestar” que ya no existe, la cual por cierto, siempre fue efímera, y en la que la globalización, las tecnologías y los sistemas de salud, nos fallaron.

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