Opinión

La urgencia del diálogo

La única solución posible a los enconos que se viven en términos de discriminación es el diálogo, la conversación y regresar a la esencia de la política. | Leonardo Bastida

  • 22/12/2018
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Eran alrededor de las ocho de la mañana cuando Anna Lushchinkaya comenzó a gritar insultos en contra de una mujer de origen asiático en un vagón de la línea D del metro de Nueva York. De los insultos pasó a los golpes, pues la pateó sin que recibiera respuesta por parte de la ofendida. Varios de los pasajeros a bordo intentaron detenerla pero ella siguió, escupió a las personas y golpeó con su sombrilla el rostro de la chica para después insultarla por su origen étnico, utilizando la palabra chink, considerada como peyorativa para las personas integrantes de la comunidad asiática.

En sus redes sociales, el boxeador Dario Larralde subió un video en el que afirmaba sentirse acosado por hombres gay y que eran una plaga, afirmando que el exterminio que llevo a cabo Adolfo Hitler en contra de ellos durante la Segunda Guerra Mundial fue correcto. Posteriormente, publicó otro mensaje en el que dijo que era homofóbico y no había mucho por hacer.

Ambas situaciones son ejemplo de aquello que la filósofa brasileña Marcia Bautista considera la inserción del autoritarismo en la vida cotidiana, esa serie de manifestaciones de prejuicios raciales, étnicos, religiosos y sexuales, entre otros, que se pensaban superados, pero que prevalecen en el ambiente común del día a día.

Preocupada por el contexto actual de su país, donde arribó al poder Jair Bolsonaro, un ex militar y diputado, caracterizado por pregonar a favor de una dictadura, recurrir a discursos homófobos y misóginos, y a una política de seguridad basada en la fuerza, la también crítica literaria se pregunta si esto que ocurre, y que no es exclusivo de su país, pues en Estados Unidos y otras partes de Europa, las clases políticas recurren a los mismos discursos y gozan de un sinfín de adeptos, responde a una propia devaluación de la política, que ya no está basada en la esencia misma de la política, el diálogo y la conciliación, sino que es únicamente un ente burocrático, con capacidad administrativa, y cuyo sustento consiste en la administración de discursos en contra de las y los otros, sin posibilidad de réplica y sin sustento ético.

Para buscar una respuesta, la directora de la Escuela de Filosofía Pasajes de Río de Janeiro plantea la pregunta ¿cómo conversar con un fascista?, la cual busca responder en el libro homónimo (Akal, 208), por medio de un análisis de las maneras en que a principios del siglo XXI se han construido los discursos sobre “lo otro” como un camino inverso al abono a la democracia.

A lo largo de su análisis, indica que el contexto actual se ha originado a partir de la propagación del miedo y la paranoia, sustentos del odio, para cerrar filas hacia todos aquellos sectores históricamente segregados, como las mujeres, las poblaciones LGBTTTI+, las personas afrodescendientes, las comunidades indígenas, la población juvenil, entre otros, dejando de lado a la ética como una posibilidad de reconocimiento de la subjetividad.

Dicha cerrazón implica evitar el diálogo y sólo hacer propaganda, de corte unidireccional, a través de los diferentes mecanismos disponibles, incluidos los medios de comunicación y las redes sociales, donde aparentemente hay una mayor apertura de canales de comunicación, cuando en realidad sólo hay un fenómeno de reproductibilidad de la información, aludiendo al concepto de reproductibilidad de Walter Benjamin, en el que se cuestiona la falta de contexto de las cosas para su verdadero comprensión.

Además de dictar el deber ser del cuerpo y de justificar que todo aquello que sale de ese imperativo corporal es susceptible de una agresión, una violación, un acto de discriminación, e inclusive, un intento de erradicación.

Sobre la posibilidad de una conversación con un fascista, la teórica brasileña insiste en que la única solución posible a los enconos que se viven actualmente es el diálogo, la conversación de los unos y las unos con las otras y los otros, y regresar a la esencia de la política, hacer una política real en la que todo aquello que se ha definido como el otro, eso que ha sido cosificado, sea respetado desde su diferencia y visto como un sujeto de derecho, se escuchen las múltiples voces y se llegue a consensos tras escuchar las voces de la mayor cantidad posible de personas, sin que esa voz sea únicamente un voto o la respuesta a una pregunta.

El contexto de la obra de Tiburi es el Brasil contemporáneo, pero bien podría aterrizarse en otros países de la región como México, donde, según datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017, sólo dos de cada 10 personas que se identifican a sí mismas como morenas o de piel oscura alcanzan un puesto alto en su espacio laboral, cifra que aumenta a cinco de cada 10 en el caso de la población con tez blanca.

Sólo reggae

@leonardobastida | @OpinionLSR | @lasillarota

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