Opinión

La urgencia climática

Se requieren propuestas integrales en materia de adaptación climática para reducir los daños y las pérdidas. | Leonardo Bastida

  • 05/11/2021
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Por primera vez desde que se tiene conocimiento, no nevó en Groenlandia, sino únicamente llovió, por lo que las grandes capas de hielo tradicionalmente asociadas a los paisajes de esta isla, situada entre Europa y América, se esfumaron. Algo similar ocurrió en Canadá, donde los glaciares tuvieron una rápida fusión, y en algunos puntos de su territorio y del de Estados Unidos, se alcanzaron temperaturas cercanas o superiores a los 50°C, ocasionando incendios forestales. 

Algo similar ocurrió en México, en la cima del Iztaccíhuatl, donde se extinguió el glaciar Ayoloco, afectando a la flora y fauna del volcán, cuyas descripciones, desde tiempos prehispánicos, hacían referencia a la blancura de sus laderas, siempre teñidas por la nieve de sus glaciares.

Datos recopilados por la Organización Meteorológica Mundial indican que los últimos siete años han sido los más cálidos en la historia desde que se han elaborado registros de las temperaturas a nivel global. Si bien, por la presencia del fenómeno de La Niña, este año no se ha sentido tanto el calor, esto no significa que se revierta la tendencia de un aumento de temperaturas a largo plazo.

Esta situación también ha impactado en el aumento de los niveles del mar, acelerado desde 2013, llegando a su punto más crítico en este año, sumado al incremento de su temperatura y a la acidificación constante de los océanos.

Sumado a que los fenómenos naturales son cada vez más extremos, como resultado directo del cambio climático, y esto se está convirtiendo en “una nueva normalidad”, aseguró Petteri Talas, director del OMM, quien reiteró que la evidencia científica ha sido muy clara con respecto a la relación directa entre las actividades humanas y el clima del planeta.

En el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021, celebrada en Glasgow a lo largo de esta semana, el especialista indicó que en caso de continuar los ritmos actuales de concentraciones de gases de efecto invernadero no se podrán cumplir los Acuerdos de París de acotar el incremento de la temperatura del planeta a no más de 2°C para los próximos 50 años.

Una de los temas centrales de la Conferencia es la adaptación, un concepto emergente referente a los ajustes en los sistemas ecológicos, sociales o económicos en respuesta a estímulos climáticos reales o previstos y sus efectos o impactos, y que todos los países deben adoptar para moderar los daños potenciales o para beneficiarse de las oportunidades asociadas con el cambio climático

Sin embargo, la adaptación a las nuevas circunstancias derivadas del cambio climático están representando un costo muy alto para todos los países del mundo, pero sobre todo, los que tienen un menor desarrollo, señaló, durante la conferencia, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, al indicar que si bien están tomando medidas en materia ambiental, los recursos destinados a las mismas aún son insuficientes.

Los cálculos indican que cada año, se necesitan entre 140 mil y 300 mil  millones de dólares anuales de aquí a 2030 y de entre 280 mil y 500 mil millones por año para 2050, solo en los países en desarrollo, para poder mitigar los efectos climáticos.

Al respecto, la propia titular del organismo, Inger Andersen, indicó que aunque se reduzcan las emisiones a cero, los efectos del cambio en el clima se mantendrían por muchos años más, por lo que verdaderamente se requiere de propuestas integrales en la materia de adaptación para reducir los daños y las pérdidas.

Algunos de los datos compartidos a lo largo de la semana indican que 79 por ciento de los países han adoptado al menos un instrumento de planificación para la adaptación a nivel nacional, como un plan, una estrategia, una política o una ley en materia climática; 65 por ciento de las naciones tiene uno o más planes sectoriales en vigor, y al menos 26 por ciento tiene uno o más instrumentos de planificación subnacional. 

Entre los retos, está que las economías avanzadas también deben ayudar a los países en desarrollo a liberar espacio fiscal para promover una recuperación de la covid-19 ecológica y resiliente mediante condiciones favorables de financiación y un alivio sustantivo de la deuda.

Además de que todos los países se adhieran a la Declaración de Transición Global del Carbón a la Energía Limpia, cuyos ejes principales son el aumento de la energía limpia y la garantía de una transición justa para abandonar el carbón, fomentándose la cooperación entre países desarrollados y en desarrollo para cambiar los esquemas energéticos y la cancelación de los financiamientos a los proyectos energéticos basados en el uso de combustibles fósiles. 

Sumado a que los esfuerzos realizados, únicamente han permitido evitar el 7.5 por ciento adicional de emisiones, cuando se requieren entre el 30 y 55 por ciento para poder lograr el objetivo de que la temperatura en el planeta no aumente más de un 1.5 grados. 

El panorama resulta complejo, y como se han señalado en las calles en los alrededores de la sede de la Conferencia, muchas de las acciones podrían quedar sólo en buenos deseos, y no realizarse debido a su complejidad. Hace un par de años, el filósofo inglés John Gray hizo un cuestionamiento a la visión política-ecológica que hemos vivido en las dos últimas décadas al plantear que seguimos en la equivocación de pensarnos como la única especie capaz de salvar al planeta, y no pensamos en cómo adaptarnos a vivir en él de una manera distinta.



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