Opinión

La UNAM, Graue y el poder

Graue termina en noviembre próximo su periodo como rector. | Jorge Ramos Pérez

  • 09/09/2019
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Desde 1910, la UNAM ha tenido 33 rectores. De ellos, 26 han ocupado cargos de nivel secretario de Estado en distintos gobiernos, desde el PRI, PAN y ahora Morena. El coqueteo con el poder ha sido constante.

La Universidad Nacional cumple este mes 468 años de existencia y un poco más de 100 años como la conocemos hoy.

A lo largo de su historia ha sido reservorio de los más grandes talentos que ha dado el país. Los premios Nobel que ha tenido México pasaron por sus aulas, desde Octavio Paz, Mario Molina, Alfonso García Robles.

Joaquín Eguía, primer rector de la Universidad en 1910, fue director del Registro Público de la Propiedad en 1874. El último rector con puestos relevantes en el gobierno fue José Narro Robles, secretario de Salud en el sexenio de Enrique Peña Nieto, incluso peleó por la dirigencia nacional del PRI, partido a cuya militancia renunció en junio pasado.

Guillermo Soberón, por ejemplo, fue secretario de Salud; Jorge Carpizo fue titular de Gobernación y de la Procuraduría General de la República; Juan Ramón de la Fuente fue secretario de Salud y hoy es representante de México ante la ONU; Manuel Gómez Morín fundó el Partido Acción Nacional; José Sarukhán, fue comisionado de Desarrollo Social; o José Vasconcelos, ministro de Educación.

Enrique Graue, actual rector, no pasó por ninguna oficina gubernamental y toda su actividad se ha desarrollado en el sector privado y en la academia en la misma UNAM. Es quizá uno de los menos politizados en la historia.

La periodista Teresa Moreno descubrió en El Universal en julio del año pasado una fotografía que reveló que Graue protestó en contra de Gustavo Díaz Ordaz, en el movimiento estudiantil de 1968. “Estuve en numerosas marchas y protestas (en contra de Díaz Ordaz) como uno más de muchos”, le confió a Moreno. Era entonces alumno Escuela Nacional Preparatoria 4.

Graue termina en noviembre próximo su periodo como rector. Tiene la posibilidad de reelegirse y, hasta donde se sabe, esa es su intención.

En medio de las grillas se mencionó que el académico John Ackerman sería el favorito de la autodenominada 4T, tanto por su filia evidente, como por ser esposo de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, también muy activa en redes sociales como defensora del actual régimen encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Él mismo desmintió la especie. Para colmo no era elegible porque la ley exige ser mexicano por nacimiento y él nació en Estados Unidos.

No hay más candidatos. Se ha mencionado a Rosaura Ruiz, responsable del tema de ciencia en la administración de Claudia Sheinbaum. Incluso se llegó a hablar de un reputado académico y miembro de la Academia de Ingeniería de Estados Unidos, Sergio Alcocer.

Es altamente probable que Graue se reelija. Soberón contaba que cuando terminó su primer periodo como rector fue llamado a Los Pinos por el entonces presidente José López Portillo. Tras una larga plática, de pronto, el jefe del Ejecutivo le dijo: “ha hecho usted un buen trabajo, la Universidad está tranquila, creo que estaría bien que siguiera al frente de ella”. “Y no se le puede decir que no al Presidente”, relataba años después.

Ojalá, por el bien de la UNAM, que el proceso de sucesión de rector ocurra en un ambiente saludable, al tratarse de una de las más nobles instituciones del país. A pesar de los coqueteos con el poder o las tentaciones del poder para lastimarla.

Punto y aparte. Le contamos el 5 de agosto acerca del regreso de Ricardo Anaya a la política activa. Tras bambalinas ha estado moviendo diversos hilos, principalmente en el Congreso. En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales un grupo de encapuchados tomó las instalaciones en protesta porque el ex candidato presidencial panista participa en un diplomado ahí, a lado de Cuauhtémoc Cárdenas, Jorge Castañeda, y otros académicos y políticos. No, su retorno no será terso y, como se lo anticipamos, siguen latentes expedientes que pueden cobrar vida.

Punto final. La oposición está noqueada. Y la “cuarta transformación” peca de soberbia. Pd. El presupuesto 2020 marca, ahora sí, la prueba de fuego de López Obrador: se acabaron las excusas.