Opinión

La transformación del país

Una transformación es un cisma político, la cuarta transformación solo administra el gobierno, pero no transforma al Estado. | Rodolfo Aceves Jiménez

  • 25/03/2019
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El régimen del presidente López Obrador se centra, en la narrativa que su administración es la que detenta la cuarta transformación de México.

Esta cuarta etapa de la vida del país prometió disminuir drásticamente la corrupción, que la prosperidad se vea reflejado en las mesas de las familias mexicanas y, que la seguridad regresaría a los pueblos y ciudades de México.

Para estar en condiciones de que verdaderamente sea una transformación, se debe modificar los sistemas y subsistemas político, económico y social. La transformación de un país no solo es de palabra o de buenas intenciones.

En lo político además de la consulta popular y la revocación de mandato recién aprobada en Cámara de Diputados, el sistema político mexicano debe depurar a aquellos individuos en quienes caiga la sospecha de vínculos con la delincuencia.

Por otra parte, el sistema económico no resiste la desproporción que representa un régimen fiscal de beneficios y excesos, como lo es, la consolidación fiscal o la abusiva devolución de impuestos a los grandes contribuyentes.

Este régimen económico está diseñado para que el patrón no comparta el producto de las ganancias con los trabajadores, de tal forma, que la tan socorrida competitividad no es el factor principal para la distribución de la riqueza. Hay un desequilibrio en los factores de la producción.

Además las decisiones de política económica no han favorecido los escenarios para atraer inversiones. La cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, trajo un desequilibrio en las finanzas públicas, por lo que ha sido necesaria la intervención de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para indemnizar a contratistas y opinar para tratar de dar certeza sobre la incertidumbre que representa una decisión de esta magnitud.

En su momento los dichos del senador morenista Salomón Jara, que anunció que presentarían una iniciativa para regular las calificadoras económicas es un absurdo, cuando las calificadoras son como el buró de crédito de los gobiernos, es decir, solo emiten opinión respecto de la capacidad de pago de gobiernos o entidades públicas.

La derogación de un modelo económico como sucedió hace unos días con el neoliberalismo, parece una medida engaña bobos, a un modelo económico con impacto en lo político y lo social. Entonces se debe derogar las tecnologías de información y comunicación, que fomentan un modelo económico globalizado.

Por otra parte, no parece de momento que exista voluntad para modificar estructuras de Estado, que ejercen las funciones de gobierno, en la administración pública. Solo una valoración que estima la reducción de personal, de tal forma, que un empleado ha asumido funciones de uno o más empleados que fueron cesados. Si se trataba de una reorganización administrativa, parece que fue malhecha, sin planeación y a la deriva. En el fondo persisten las mismas prácticas, métodos y procedimientos para el desahogo de la administración de la función de gobierno.

En lo social, la transformación del país manda una mala señal cuando se censura, a personajes como Enrique Krauze, crítico del presidente de la república desde tiempo atrás. El régimen debe garantizar el derecho a la crítica y al disenso, y no censurarlo o perseguirlo.

Una transformación, como la independencia, la reforma o la revolución trajo consigo, un cambio cultural y de conductas en sus individuos. Es un cisma político, económico y social que, por el momento, no parece que todavía se vislumbre y, por tanto, la cuarta transformación solo administra el gobierno, pero no transforma al Estado.

El retrato de la seguridad mexicana

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