La que aquí escribe es huérfana de candidato, forma parte de ese porcentaje que se ubica en color negro cuando le preguntan por quién va a votar y contesta con un sincero: "no sé".

Si usted sufre de sensibilidad electoral, esa que se manifiesta sintiéndose ofendido por cualquier comentario que ponga en duda a su candidato o candidata, y le invaden unas ganas tremendas de descalificar a todo aquel que piense diferente, ahórrese el coraje y por favor lea otra cosa. 

Hace dos años le preguntaba a la conductora del Uber que me llevaba por las calles de Chicago por quién iba a votar, ella respondió molesta: "¡Por nadie! Todos son iguales, a ninguno le importamos." Traté sin éxito de explicarle la importancia de emitir un voto útil, de entre los dos malos tenía que pensar cuál era el peor y entonces emitir un voto para evitar que el peor llegara a la presidencia.

No entendía cómo una mujer afroamericana no veía como una clara amenaza el que un hombre racista y misógino se convirtiera en SU presidente. No importaba qué tan mala le pareciera Hillary Clinton, Trump era claramente peor y no votar era darle carta abierta para la Casa Blanca. No la convencí. 

El voto útil

Como el tiempo se lleva todo, incluso la noción de que somos dueños de la razón, dos años después el "voto útil" se aparece en las sobremesas mexicanas. El voto anti AMLO ha estado presente desde hace 2 procesos electorales, la diferencia es que ahora compite en un entorno con un mucho mayor voto anti PRI. Esto hará que nos veamos inundados por encuestas de toda índole que busquen cambiar el sentido del voto de aquellos que no tienen en mente un ganador, pero claramente tienen en mente a quién quieren de perdedor. 

Escucho con atención los argumentos de quienes pretenden emitir un voto útil, o sea, un voto en contra. Quiero llorar. No por juzgar sus preferencias electorales (yo carezco de alguna y créanme: peor que creer en cualquier cosa es no creer en nada) sino por lo que el voto útil dice sobre este proceso. Cuando la única opción de voto es votar en contra es porque ya hemos renunciado a cualquier posibilidad de buscar algo mejor. Cuando emitimos un voto en contra ponemos a los candidatos en la más cómoda de las posiciones, no tienen que ser buenos, interesantes, inteligentes o tener propuestas viables, basta con que no sean el otro, con esa mediocridad estamos dispuestos a darle las llaves de nuestro país. No tengo que ser un buen candidato, solo tengo que convencerte que el otro es peor.

Y entonces nos conformamos. Perdemos de vista que llevamos muchos años dedicando tiempo y energía en lo que no queremos ser y no en visualizar aquello en lo que sí nos queremos convertir.

Hoy más que nunca entiendo a aquella conductora de Chicago, comparto su enojo. Y sé, a la vez, que la mejor forma de protestar es votando porque no hacerlo es lo que nos ha traído donde estamos hoy.

Sobre mis vecinos

@PamCerdeira · @OpinionLSR · @lasillarota



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