Opinión

La tournée de Dios

López Obrador se enfrenta al desgaste natural de su sobreexposición mediática y al incumplimiento de las expectativas que generó en campaña. | Adolfo Gómez Vives

  • 05/08/2019
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Era presidente de México Abelardo L. Rodríguez, cuando en 1932, el escritor y dramaturgo español Enrique Jardiel Poncela, publicó su novela intitulada La tournée de Dios. Se trata de una obra jocosa, como otras que escribió, entre las que destaca también Amor se escribe sin hache.

En ella narra que, un buen día, el "Supremo Hacedor" decide visitar la tierra. Y como ocurriría ante un acontecimiento de tal naturaleza, "la humanidad comenzó a avanzar en caravanas por cada uno de los caminos y, si fueron millones los que se convirtieron y los que hicieron la Primera Comunión, millones fueron también los que disciplinaron sus carnes, los que ingresaron en conventos, los que lloraron océanos de lágrimas, los que hicieron voto de pobreza y de castidad y abstinencia, y los que abrazaban definitivamente la carrera eclesiástica".

Sin embargo, la euforia inicial del hecho fue decayendo en razón de que su presencia en la tierra se normalizó, además de que Dios no cumplió con las expectativas que se habían generado en torno suyo, particularmente el hecho de que no pudo hacer los milagros que se le requerían.

Hasta que llegó el momento de su partida y un día de finales de mayo, a las 8:45 de la mañana, toma el tren en la Estación de Atocha (España) "rumbo al cerro de los Ángeles". Había estado en la tierra veintiséis días. Suficientes, para que el desencanto se generalizara, al grado de que nadie fue a despedirse de él.

Desde luego que la novela de Jardiel Poncela es una obra de humor picante, escrita hace más de 87 años, tiempo en el que los medios de difusión han cambiado notablemente y la divulgación de las informaciones se genera en tiempo real en el ámbito global.

Han transcurrido ocho meses del inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y, lo mismo que el Supremo Hacedor de Jardiel Poncela, el desencanto en torno de sus actos ha ido minando el ánimo de la opinión pública, en la medida en que no se perciben avances en los grandes problemas del país, entre los que destacan corrupción, seguridad y fortalecimiento de la economía.

La semana pasada llegó al límite de cuestionar los propios datos de la Secretaría de Hacienda que antes había informado del subejercicio de gasto por 174 mil 484 millones de pesos. Como ya es costumbre, recurrió a su estribillo de que él "tiene otros datos", lugar común que se ha convertido en motivo de befa hacia sus actos y su persona.

De seguir por el camino que va, López Obrador terminará solo, como el Cristo de la novela del dramaturgo español. El riesgo de este escenario es su radicalización, pues su carácter no le permite comprender que sus políticas no se están traduciendo en beneficio para la población más necesitada y sólo responden a caprichos que tarde o temprano se convertirán en su propio lastre.