Opinión

La tentación del uso del Estado

Durante décadas, el PRI, dentro de su extraño entendimiento de la política, utilizó indistintamente a las instituciones a su favor | Julio Castillo

  • 07/03/2018
  • Escuchar

Durante décadas, el PRI, dentro de su extraño entendimiento de la política, utilizó indistintamente a las instituciones a su favor. En todos los estados sabemos de fraudes perpetrados por las autoridades, saqueo de urnas en manos del ejército y el llamado “terrorismo fiscal”, que practicaba haciendo con quienes no eran “amigos del régimen”.

En el 2000, con la llegada de Fox a la presidencia, cambió el uso político de las instituciones y, cuando menos, durante 12 años, se pudo hablar con libertad de todos los funcionarios (incluyendo al mismo Fox) y se pudo ver una separación entre la política y el estado.

La regresión no solo es mala, es peligrosa y demuestra que el regreso del PRI a los Pinos no fue la llegada de un “nuevo PRI”, como se vendió hace 6 años, sino el regreso de las peores prácticas que llevaron al PRI a perder la presidencia. Sobre el tema se pueden hacer varios apuntes:

  • El uso de la PGR para intentar descarrilar la candidatura de Ricardo Anaya fue tan cínico que en varios países del mundo se publicaron críticas al uso faccioso de las instituciones mexicanas. El asunto de la publicación del video no solo lo hizo más evidente, le dio la razón a Anaya y a las decenas de intelectuales, académicos y personajes de todos los partidos que señalaron y denunciaron la anomalía. Para el Presidente de la República y para el Presidente del Senado esto es una situación normal de “dimes y diretes”. Una verdadera lástima que los titulares de dos poderes (o cuando menos de uno y medio) solapen y utilicen las instituciones para fines políticos… y además, ni siquiera, ante lo evidente, lo reconozcan.
  • Una cifra que llama la atención fue la publicada el martes pasado respecto a que el 70% de los contratos de esta administración se otorgaron sin licitación. Ahí está el patético funcionamiento de la Secretaría de la Función Pública, ahí están los años de intentar implementar transparencia y controles contra la corrupción: para que 7 de cada 10 contratos sean chuecos. No resulta sorprendente hablar de las empresas fantasma, de la “estafa maestra” o del “socavón”, cuando vemos esta cifra; la pregunta sería más bien: ¿cuántas obras más se van a caer? O ¿cuántos miles de millones más se perdieron en desvíos a empresas fantasma? No hay forma de creer que Meade es un hombre honesto cuando como Secretario de Hacienda aceptó que 7 de cada 10 contratos que pagaba, fueran tranzas.
  • La utilización de la Secretaría de la Función Pública para ser cómplice y “perdonadora” de Peña Nieto y de su esposa en el evidente conflicto de intereses con su “casa blanca” también demuestra el desprecio por la honestidad y por las instituciones.

Te recomendamos: Siguen los escándalos y no pasa nada

Son muchas las evidencias del desprecio que tienen Peña Nieto y su equipo sobre las instituciones, pero cómo se le puede pedir que ponga orden si su reacción ante las justas acusaciones que se hicieron a Rosario Robles hace algunos años fue “no te preocupes, Rosario”. Ya solo nos queda esperar a que se vaya y que el siguiente presidente de México piense en justicia antes de otorgar perdones; que piense en devolverle a los mexicanos todo lo que este gobierno nos ha robado, antes de ofrecer amnistías.

Hace tres años lo dije en este espacio: el próximo presidente de México será aquel que ofrezca meter a la cárcel a Peña Nieto y hoy solo se ve a un candidato con esa intención.

Lee también: Pobre México

@JulioCastilloL | @OpinionLSR | @lasillarota

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.