Opinión

La sororidad que se construye y el mujerismo utilitarista

Mientras el mujerismo utilitarista se expande (vulgar o más o menos sofisticado), la sororidad continúa construyéndose y organizándose. | María Teresa Priego

  • 03/03/2020
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Ahora hablamos de feminismo fake (falso), preferiría referirme a ese fenómeno que existe desde hace tiempo y que se ha potenciado (¡y tanto!) de manera muy reciente, como a un mujerismo utilitarista. No sólo es falso. A su puesta en escena se suma el claro objetivo de retomar (domesticado), el "discurso" de los feminismos, para ganar votos, atacar al adversario, colocarse en el que comienza a considerarse como el lado "políticamente correcto" o coyunturalmente "justo" de la acera. En este último punto, "el feminismo" se convierte en un objeto narcisizante de consumo. Una prótesis "de moda". El último modelo del iphone de los movimientos sociales. El mujerismo utilitarista intenta lograr todo lo anterior y más, con el mínimo de esfuerzo posible. Fast track. Fast Food, en la era de la apropiación de las convicciones y los ideales, para convertirlos en mercancías. La sororidad se construye, la sororidad es la consecuencia espontánea de la empatía verdadera, que se reflexiona, se trabaja, se elige. Se sostiene a través del tiempo, porque se sabe indispensable. La sororidad es la anti-tesis del mujerismo de mercados.

Cuando entrecomillo la palabra "discurso", (además en singular y no en plural) tiene que ver conque el mujerismo utilitarista no se quema las pestañas en estudiar, analizar, debatir, profundizar, respetar y reconocer las aportaciones feministas a través de los siglos. Su "activismo" se reduce a reivindicar un dudoso: "porque somos mujeres". Como en una versión sin gluten del hembrismo. Ni hablar del súbito: "Porque soy un hombre que entiende a las mujeres como nadie, pobrecitas, desde antier, ¡ya hasta las están matando!". Esa diferencia abismal entre el patrocinio y la empatía. Como si fuera posible aterrizar de pronto editando la historia. El porqué de una demanda o de la otra. Editar los contenidos de las luchas. Apropiárselas. Como si bastara con apelar sin ton ni son a un "¡viva nosotras porque somos mujeres!" O, desde los privilegios: "las mujeres somos luchonas y sufridoras por eso nos tenemos que entender a ultranza". Sin causas y sin propuestas. Pretender crear un llamado a la "solidaridad femenina" a partir de la anatomía. El mujerismo utilitarista es cromosómico.

No me refiero, claro está, a las históricas y tan admirables redes de mujeres que por siglos se han apoyado creando comunidad, compartiendo cuidados, tejiendo vínculos que priorizan la solidaridad y el intercambio equitativo por sobre las relaciones de poder. Ellas son nuestras maestras. No es lo mismo entender que las mujeres nos hemos necesitado y nos necesitamos para vivir la cotidianidad y avanzar nuestras causas, y actuar en consecuencia, que este mujerismo como de máquina de Coca-Cola: aprieto un botón y una maquinita, al instante, me entrega el producto. No importa si quien enuncia es una mujer o un hombre, el mujerismo mercantilista se sirve de herramientas muy parecidas. Es un feminismo de cascarita, vacío de empatía y de contenidos. Basta escucharlas/os para que nos quede claro: la única causa de la mujerista panfletaria, es ella, la única causa del mujeristo idem, es él. Hacer uso del malestar, del dolor de las mujeres, de la necesidad de pertenencia y de una manera de vivirse en situación de desigualdad, para obtener otra cosa.

En el contexto específico que estamos viviendo: mujeres y hombres que han trabajado en cargos públicos, que han tenido posiciones de privilegio en los medios y que jamás se ocuparon del tema porque en algún lugar, lo desdeñaban, ahora, de la manera más misteriosa son feministas. Utilizar al feminismo como un arma contra el gobierno de Andrés Manuel, es un intento de alienación que no podemos permitir. Tenemos memoria. No nos sumamos ni a las negaciones, ni a sus desmentidas de los mujerismos utilitarios. Mantenemos, en libertad, nuestros - puntuales- desacuerdos con el gobierno actual. Otra versión: el uso de las causas de las mujeres (los feminismos a la alza), por personas que pretenden ganar un liderazgo sin ningún tipo de formación o análisis de fondo. ¿Por qué les parecería necesario abrir por lo menos un manual? Un militante panista (integrante de la Comisión de "ética" del PAN, ni más ni menos), cuya violencia misógina conozco muy de cerca, aparece en un video "arengando" a las mujeres en una reunión. Las llama: "encantadoras". ¿Son "encantadoras"? ¿Cómo sabe? ¿Porque somos mujeres estamos obligadas a serlo? ¿Se trata de hablar de “encanto” o de los más elementales derechos? Ya me imagino una reunión de hombres que comience con un señor presentando a sus compañeros con un: "henos aquí reunidos, nosotros, tan 'encantadores'". Las dimensiones de la subestimación y de la ofensa.

El halago barato es una de las herramientas del utilitarismo. Como si fuéramos tontas. Como si lo que necesitáramos fuera ser "seducidas" (y tan precariamente "seducidas", para peor), y no escuchar análisis informados, profundos y claros. Que llamen a un debate verdadero. Bueno, es que el compromiso cuando no es de fast food, implica chamba. Implica respetar a quien escucha. Implica no colocarse por encima de las/los demás, que "no se van a dar cuenta de la estafa". Implica entender que la alteridad existe y es de lo más agotador, me imagino, internarse en la empatía como un primer paso para comenzar a aprender. Para desea aprender. Hay algo de inevitable, por supuesto, en el utilitarismo. Es también inevitable que los mercados intenten apropiarse, como en el caso de las botitas "feministas" de una marca. Es inevitable que existan cantidades de personas que se "sumen" sin compromiso alguno, a un movimiento social que desdeñaron, y que ahora consideran que ya puede serles útil como prótesis narcisista.        

Lo que no sabemos y las/los mujeristas de mercado tampoco saben, es, ¿de qué manera quien se sirve, sirve? ¿Quizá esa réplica oportunista en redes de una reivindicación de los feminismos puede por allí alcanzar a una persona a la que llame a la reflexión? ¿quizá esa mesa en medios, cuya intención era atacar a un gobierno, trae consigo contenidos que convoquen a la construcción de sororidad y solidaridad en independencia de su objetivo original? Nunca en México se ha hablado tanto de la violencia contra las niñas, adolescentes y mujeres. Nunca la palabra feminicidio ha sido más pronunciada. Una tragedia nacional silenciada, se visibiliza. Comienza a aceptarse que existe. Y al parecer, sucedió en tres tiempos en los que se entrecruzan la sororidad activista, la toma de consciencia de decenas de miles de ciudadanas y ciudadanos, y los pantanos de la realpolitik: las marchas lideradas por las jóvenes feministas y sus intervenciones en los espacios públicos, la respuesta indignada ante los feminicidios -y sus niveles de sadismo- de la pequeña Fátima Cecilia Aldrighetti y de Ingrid Escamilla, y la urgencia de desbarrancar al presidente López Obrador.

Exigimos respuestas concretas por parte de la Cuarta Transformación, claro que sí. Hay diversos enfoques para analizar ese horror en el que vivimos (es necesario sumarlos), que no comenzó hace un año y cuya comprensión no puede excluir el análisis del capitalismo salvaje, pero como tan bien escribió el investigador y periodista Sergio González Rodríguez: "la suma de violencia e impunidad, crea la máquina feminicida". Mientras el mujerismo utilitarista se expande (vulgar o más o menos sofisticado), la sororidad continúa construyéndose y organizándose. "defender la alegría y organizar la rabia". Es de noche y escucho "palabras para Julia", el poema que Goytisolo escribió para su hija y que es un himno a la solidaridad elegida y trabajada. Es de noche y a lo lejos, las luces de la ciudad. Imagino un mapa que es distinto, que tiene que ser distinto: cientos, miles, millones de lucecitas violeta. Imaginar lo que parece imposible. Continuar caminando juntas, hasta ese día.