Opinión

La sociedad ante el Covid-19

Una oportunidad para que la sociedad mexicana una esfuerzos para revertir estragos importantes de un panorama que se advierte difícil. | Areli Cano

  • 19/03/2020
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En los primeros días de 2020, se empezó a difundir ampliamente la noticia del brote de una infección desconocida que afectaba las vías respiratorias con una tasa alta de contagio; vale señalar que se denominó al virus causante como Covid-19. Existe consenso en que la enfermedad tuvo como lugar de inicio a la ciudad de Wuhan, en la provincia china de Hubei, en diciembre de 2019. De acuerdo con la prestigiada revista médica The Lancet, la mayoría de los primeros casos se reportaron en la urbe mencionada; y gran parte de los que se empezaron a presentar en otros países tenían como elemento común viajes a Wuhan.

El pasado 11 de marzo del año en curso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la enfermedad se consideraba ya como pandemia, en virtud del gran número de enfermos que entonces rebasaba los 118 mil, con más de 4 mil decesos en más de cien países.

Ante la expansión geográfica de la enfermedad, en los últimos días se tomaron decisiones de gran trascendencia en diversos países. Donald Trump determinó cerrar su frontera aérea a los vuelos provenientes de países de Europa; la Unión Europea anunció el cierre de sus fronteras a viajeros provenientes de países externos al espacio Schengen, y en varias naciones de América Latina se han suspendido eventos masivos e impuesto restricciones a la entrada de extranjeros a su territorio.

Sin duda, la actuación del Estado es clave para enfrentar esta circunstancia de urgencia. La responsabilidad de los liderazgos políticos en los tres niveles de gobierno se materializará en las decisiones que se tomen respecto de las medidas para atender la pandemia y sus efectos.

Al momento de escribir estas líneas, la Suprema Corte de Justicia de la Nación suspendió sus actividades jurisdiccionales durante un mes; la Secretaría de Educación Pública federal, en coordinación con las autoridades educativas estatales, anunció el adelanto y la ampliación del periodo vacacional de semana santa para las instancias del Sistema Educativo Nacional; por su parte la UNAM anunció la suspensión paulatina de sus actividades educativas en todas sus escuelas, facultades e institutos a partir del 17 de marzo.

Bajo este contexto, a nivel individual, el miedo es un efecto natural ante un riesgo personal, que se acentúa cuando las posibles afectaciones implican a los seres queridos. Un paliativo para el temor es la información precisa y oportuna, además de la certidumbre en la acción de las instituciones. Es importante subrayar lo anterior, pues el miedo puede avanzar a escenarios de pánico en los que los que se erosionan con facilidad los lazos comunitarios, además de aflorar tensiones y desconfianza.

Por ello la relevancia de tomar decisiones y rutas de acción que permitan contener la pandemia desde un punto de vista epidemiológico, pero también orientadas a minimizar la ansiedad de las personas ante la inminente entrada a la fase contagio comunitario en nuestro país, en la que se observará un incremento importante de los afectados por el virus.

Esta situación de contingencia debe interpelar a todos los miembros de la sociedad mexicana, con la finalidad de cobrar conciencia de la enorme responsabilidad compartida que se tiene para contribuir a la contención y control de esta novedosa enfermedad. Todas las personas podemos hacer algo para propiciar mejores condiciones para enfrentar el Covid-19, por medio del autocuidado; de la protección a los demás, particularmente aquellos más sensibles a los efectos del virus, en los diversos espacios en los que desarrollan su vida cotidiana, como la casa, el transporte público, las calles y las plazas.

Medidas tales como permanecer en casa si no es imprescindible salir a las calles; no incurrir en las compras de pánico que dejan sin oportunidad a los demás de abastecerse de implementos de higiene y de otros insumos de primera necesidad; evitar compartir información sin sustento o rumores; ser solidarios si es posible, cuidando a los niños de la familia que se quedarán en casa mientras sus padres irán a trabajar, priorizando la protección de los adultos mayores o personas con enfermedades crónicas; usar la llamada etiqueta de estornudo o tos, cubriendo la boca con la parte interna del codo; mantener una distancia de por lo menos un metro y medio entre las personas; son algunos ejemplos de acciones que pueden propiciar un mejor tránsito de la etapa aguda de la pandemia.

Es tiempo de que se imponga el sentido cívico en el cotidiano de las personas, así como la solidaridad, la empatía y la calma racional, que en otros eventos igualmente emergentes se han actualizado, como fue el caso de los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y 2017, donde la población dio ejemplos de conducta ante una mala situación. Como resultado de aplicar una ética conductual ante la pandemia se salvarán vidas, y se dará oportunidad para que los investigadores y laboratorios del mundo encuentran una solución médica para la infección por Covid-19.

Debemos prepararnos para las etapas de contagio comunitario y de epidemia, donde tendrá lugar el pico de los afectados. Sin embargo, es necesario considerar que los efectos del coronavirus no concluirán con la anhelada contención de la enfermedad, sino que se extenderán al ámbito económico, tanto nacional como internacional. Caída en el consumo, incertidumbre económica, cautela en la inversión, son solo algunos rasgos de la situación que se configura. Será otra oportunidad para que la sociedad mexicana una esfuerzos para revertir estragos importantes de un panorama que se advierte difícil.

Nuestro país saldrá avante de esta emergencia con el trabajo conjunto entre las instituciones y la comunidad, la solidaridad colectiva y la atención estricta a las medidas sanitarias y de conducta social que amerita un escenario complejo como el producido por el Covid-19.