Hace unos días mi cuñada me reenvió un correo electrónico de su director de carrera donde ofrecía a sus graduados una vacante para un puesto en una empresa Fortune 500. Me dijo –claramente disgustada – que era la segunda vez que recibía un correo del mismo estilo en poco tiempo. Empecé a leer el ofrecimiento y no encontraba nada fuera de lo ordinario; buscaba a personas de una carrera universitaria en específico, enlistaba algunas habilidades tecnológicas que requerían y venía acompañado de las típicas generalidades como "queremos personas proactivas" y "con ganas de aprender". Lo desconcertante venía en el cierre del correo que sin hacer mucho estruendo pedía que los candidatos fueran "preferentemente hombres"

Sé que algunas personas pueden justificar este ofrecimiento como algo inofensivo. Quizá algunas otras vayan más lejos y opinen que existen algunos trabajos en los que además de una carrera universitaria o posgrado y destrezas propias de la persona, se necesita haber nacido hombre para desempeñarlos. Sin duda me interesa mucho conocer qué trabajos son esos, pero mientras habría que preguntarles ¿cómo no sentirse agraviada una mujer al leer ese tipo de correos sabiendo que cumple con todos los requisitos salvo el de ser hombre?

Siguiendo con las justificaciones, he escuchado más de una vez a directivos de empresas y colegas abogados argumentar en petit comité que prefieren contratar hombres porque "se entienden mejor con ellos". Algunos, han abundado con frases como "las mujeres son más proclives a la inestabilidad laboral", "cuidado con que se te casen o se embaracen" o el clásico y también obtuso "a las mujeres las tienes que tratar con pinzas". 

Estos ejemplos son una pequeña muestra de la discriminación que sufre la mujer mexicana en el lugar de trabajo. Habría que agregar los no tan silentes hostigamiento y acoso sexual. Y qué decir de la brecha salarial de género que existe en nuestro país. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo al cuarto trimestre de 2016, en nuestro país las mujeres ganaban 30% menos que los hombres.

Ahora bien, la discriminación laboral en México se extiende a otros grupos y minorías. Hace poco un despacho de abogados se vio inmiscuido en un escándalo al ventilarse en medios que sospechosamente despidió a un abogado después de dar a conocer su homosexualidad. Además, está la discriminación por el color de piel. Encuentro desconcertante que todavía existan algunas empresas trasnacionales cuyas áreas de Recursos Humanos pongan dentro de sus requisitos que los candidatos tengan "buena presentación" o que pidan que adjunten a su currículum vítae una fotografía. Lo anterior con el escondido objetivo de hacerles un test de blancura a priori a sus candidatos.

Por todo lo anterior, resulta de vital importancia que levantemos la voz cada que estemos frente a una – aparentemente inocua – situación de discriminación laboral. Es preferible pasar unos minutos de awkward silence o que nos tachen de sensibles, que abonar a la perpetuación de la marginación de un grupo de personas.

Correos electrónicos como el que menciono arriba muestran que el problema no es individual, sino colectivo. Ese ofrecimiento lo hizo quien solicitó la vacante, posteriormente fue palomeado y canalizado por la persona de Recursos Humanos y finalmente fue bien visto y reenviado por un director de carrera (de otra institución).

Celebro que cada vez más reprobemos que los principales actores en notas periodísticas, programas televisivos y demás foros sean hombres. No obstante, la cuota de género es solo una de las muchas luchas que se tiene que dar. Sigamos criticando las fotos del club de Tobi, pero no olvidemos erradicar los ofrecimientos de trabajo con lacerantes filtros que discriminen a la mujer o cualquier otro grupo de personas. Tal vez así contribuyamos a extirpar aunque sea un pedazo de la discriminación laboral en México.

@alejandrobasave 




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