Opinión

La seudociencia de la pandemia

Asumieron desde el principio un modelo de simulación inamovible para presagiar los contagios por covid-19. | Ricardo de la Peña

  • 29/06/2020
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Hace dos siglos algunos científicos aseguraban que midiendo las protuberancias del cráneo se podía predecir la personalidad de las personas. Esta fue una primera práctica que se denominaría como seudocientífica, calificativo que hoy en día sigue usándose para las afirmaciones que se hacen pasar por ciencia, pero que en realidad son incompatibles con sus métodos.

Características de las seudociencias

¿Qué caracteriza a las seudociencias? En general, suele encontrarse en ellas el empleo reiterado de afirmaciones inmutables, pero a la vez vagas, exageradas, contradictorias, que recurren a un lenguaje oscuro y al empleo de términos con un significado ambiguo, y que no pueden ser "falsables" — concepto empleado cuando afirmaciones científicas se pueden demostrar o refutar mediante un procedimiento preciso y conocido—, pero que sí son supuestamente confirmadas, a pesar de no recurrirse a pruebas rigurosas para refutarlas. Si la ciencia se distingue de creencias mágicas o religiosas porque ofrece un entendimiento de la realidad mediante un conocimiento logrado mediante la investigación y la experimentación que se sujeta a verificación, una manera de obstaculizar el avance científico, a veces con impacto político, es precisamente la divulgación tendenciosa de creencias que se hacen pasar por científicas sin serlo. Sus promotores, en lugar de ser autocríticos y esforzarse por superar los problemas que enfrenten, proclaman y exigen el reconocimiento de la veracidad de sus aseveraciones y descalifican de antemano todo intento de evaluación externa por expertos, recurriendo a falacias ad hominem, a volcar la culpa en los demás, a delatar conspiraciones y proclamarse perseguidos cuando sus planteamientos son rebatidos.

La seudociencia y el covid-19

Todo esto es aplicable a las afirmaciones de las autoridades sanitarias del gobierno federal ante la pandemia de covid-19 en México. Asumieron desde el principio un modelo de simulación inamovible para presagiar los contagios, tomando por pronóstico lo que era una mera extrapolación, para afirmar que "el primer ciclo de la epidemia se puede proyectar que se extendería hasta agotar cerca del 95 por ciento de los casos esperados el 25 de junio y, como suele pasar en todas las epidemias, con un hilo, una cola, una continuidad de la epidemia ya con una transmisión muy baja que se extiende por varias semanas más". Sin embargo, en vez de aceptar que la realidad no se ajustó a la predicción, ahora dicen que lo que ocurre es que se presenta aquí o allá un "exceso de casos" y que las diferencias descubiertas entre lo estimado y lo observado son producto no de cálculos errados, sino de malas prácticas sociales, pues no se siguieron las claras indicaciones para prevenir la prolongación de la epidemia mediante el confinamiento. Mas ello es sólo una evidencia más de la incapacidad gubernamental para cumplir con sus obligaciones, pues más allá de decirle a las personas lo que debieran hacer, habrían tenido que auspiciar el convencimiento para que la sociedad siguiera la conducta deseada. Eso, si asumieran la responsabilidad que les corresponde.