Opinión

La semilla de la corrupción

En México la corrupción es inseparable de nuestra historia. Pocos mandatarios se han comprometido en el combate y castigo de esta lacra. | José Luis Pérez Canchola

  • 06/08/2020
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Dejar el gobierno en manos de los gobernantes, es un error muy común de los pueblos. Así lo pensó y así lo escribió en 1786, Thomas Jefferson, principal redactor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y tercer presidente de aquel país.

Jefferson era un convencido de que todo gobierno lleva en sus entrañas la semilla de la corrupción, misma que germina y crece sobre todo cuando los pueblos, por ignorancia o sumisión carecen de la habilidad para supervisar, evaluar y sancionar a quienes abusan del poder y utilizan dinero público en beneficio personal. 

Para los grandes filósofos de la antigua Grecia, un tema obligado era la corrupción. Algunos de ellos llegaron a decir que esta conducta existía desde el origen de la misma civilización. Un ejemplo de un político corrupto nacido en Atenas en el año 384 A.C., lo fue Demóstenes, mismo que aceptaba regalos en especie o en efectivo, para votar en el parlamento según los intereses de los grupos de poder. Ahora en el 2020 D.C., seguramente tenemos algunos Demóstenes entre diputados y senadores que se venden al mejor postor.

En la Biblia hay infinidad de referencias sobre las conductas relacionadas con el abuso y la corrupción. Por ejemplo, el profeta Isaías recomendaba rechazar “las ganancias fraudulentas”. En el texto del Deuteronomio se recomienda rechazar todo soborno y maldice a aquellos que lo aceptan. Juan el Bautista al encontrarse con unos soldados que solicitaban ser bautizados, les dijo que para tener ese derecho debían comprometerse a no extorsionar a nadie.

En México la corrupción es inseparable de nuestra historia. Pocos mandatarios se han comprometido en el combate y castigo de esta lacra. Tal es el caso del presidente Lázaro Cárdenas que se enfrentó a políticos y empresarios de gran poder, mismos que después de la Revolución habían utilizado recursos públicos para crear empresas privadas y para adueñarse de grandes extensiones de tierra.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en su informe de 2014 mencionó a México entre los 70 países más corruptos en el mundo. El lado más oscuro de este problema se relaciona con miles de políticos, gobernantes y empresarios que se asocian con el crimen organizado y sobre todo con los carteles del narcotráfico. Estos criminales siempre están dispuestos a invertir su dinero en campañas electorales, en empresas, así como comprar la complicidad de policías y militares, de jueces y fiscales, de esto no escapan aquellos legisladores que solo buscan su beneficio personal.

No hay vuelta de hoja: la corrupción ha existido y seguirá existiendo en todo tiempo y en todo gobierno. La mejor estrategia es combatir a los corruptos, perseguirlos y castigarlos con todo el peso de la ley. Para esto, es indispensable que la más alta autoridad gobierne con honestidad, como decía Jefferson, y formar ciudadanos con el mejor nivel educativo, conscientes de sus derechos y nunca sometidos. Este es el gran reto del gobierno de la 4T, ni más ni menos.

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