Opinión

La seguridad de los estados

El problema de la seguridad es amplio y complejo. Se ha convertido en una vulnerabilidad para el Estado mexicano y los tres órdenes de gobierno. | Rodolfo Aceves

  • 19/07/2020
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El presidente Andrés Manuel López Obrador emprendió una gira en Guanajuato, Jalisco y Colima, para revisar los avances en seguridad. Por principio de cuentas parece que se superaron las diferencias que causaron controversias políticas

En Guanajuato luego de la lamentable ejecución de 27 jóvenes de un centro de rehabilitación, de enfrentamientos en Celaya e Irapuato, con un cuestionable Fiscal.

Mientras tanto en Jalisco, se supo que ostenta el primer lugar en fosas clandestinas en el país; la inseguridad ha crecido en la Zona Metropolitana de Guadalajara y en el interior de Jalisco, a esto se suma la remoción del coordinador de seguridad y la designación de una persona que carece de experiencia en seguridad, y que en ese estado se suma al mal manejo en salud de la pandemia y del dengue.

Pero el común denominador entre Guanajuato y Jalisco es la desorganización en el modelo de seguridad. En Guanajuato es posible que las fuerzas de seguridad hayan omitido aportar pruebas a su Fiscalía, o bien, que esta dependencia haya carecido de origen de pruebas sólidas y consistentes para encarcelar a la madre de “El Marro”.

En el caso de Jalisco son una suma de factores. Hay una evidente falta de voluntad para modificar el modelo de seguridad, una planeación anacrónica y obsoleta, que le conviene a los intereses infiltrados y políticos en la Fiscalía de Jalisco, tal y como se evidenció recientemente, a propósito de los hechos de principios de junio pasado, en el que entre la confusión de una manifestación, indebidamente se arrestó a jóvenes que protestaban por el asesinato de Giovanni López Ramírez.

El Gobierno de Jalisco sólo se ha encogido de hombros con los señalamientos de que la delincuencia organizada ha infiltrado a la Fiscalía de ese estado, y aquí cabe la posibilidad de que también haya ocurrido lo mismo con la Secretaría de Seguridad, pero no se quiere, ni se tiene, la voluntad para cambiar las cosas, prueba de ello es la designación de un coordinador de seguridad que tiene unos meses de antigüedad en el ejercicio de su profesión, y no cuenta experiencia en seguridad, en un momento de crisis para ese gobierno, en que una secretaria de despacho presenta su renuncia por carecer de título profesional para su desempeño.

Es en este sentido que las fuerzas federales podrían ver estas señales, como una confusión para combatir la delincuencia, ya que mientras el mando federal ordena una coordinación y compromiso con las fuerzas de seguridad en Jalisco, inteligencia informa que los mandos de seguridad locales hacen tratos con la delincuencia organizada. Así no puede ser posible.

La corrupción e ineficiencia a veces son producidas por factores externos a las instituciones, para provocar que el rumbo de las operaciones de seguridad sea dirigido a objetivos ficticios que desvíen la atención para simular eficiencia y un buen desempeño.

El problema de la seguridad mexicana es amplio y complejo. Se ha convertido en una vulnerabilidad para el Estado mexicano y los tres órdenes de gobierno.

Su solución compromete una gran convocatoria a sectores político y social, principalmente, y con una firme voluntad en cuyo convocante tenga autoridad moral para hacerlo.

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