Opinión

La salud es un asunto serio

No se pueden desestimar los testimonios de médicos y pacientes que acusan escasez de medicamentos en el INSABI | Agustín Castilla

  • 16/01/2020
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A pesar del alto nivel de popularidad que mantiene el presidente, este no ha sido un inicio de año fácil para su administración. A la crisis de inseguridad y violencia que continúa a la alza, así como las bajas expectativas respecto al crecimiento económico para 2020, ahora se suman las críticas por la desaparición del Seguro Popular y el complicado arranque del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) que se creó para sustituirlo.

Nadie puede cuestionar la intención de este gobierno en un tema toral para el bienestar de las familias mexicanas: lograr la universalidad y gratuidad en los servicios de salud. Pero tampoco se puede negar que se han presentado serios problemas en su implementación debido principalmente a la falta de planeación, de reglas de operación, recursos limitados -y probablemente a la inexperiencia de su titular que más allá de su cercanía con el presidente, no se alcanzan a identificar los antecedentes que lo hagan idóneo para el cargo-, además de que la comunicación gubernamental ha sido confusa y hasta contradictoria.

Aunque el presidente ha asegurado que todos los servicios de salud deben ser gratuitos,  el Insabi ha aclarado que conforme a la ley se excluye la atención de tercer nivel e incluso la diputada de Morena, Miroslava Sánchez, quien preside la comisión de salud en la cámara baja ha dicho que por el momento la gratuidad es sólo una aspiración. Tampoco queda claro qué pasará con el fondo de protección contra gastos catastróficos que precisamente busca absorber los costos de padecimientos que requieren atención de alta especialidad, y que son prácticamente imposibles de cubrir por un paciente que no cuente con seguridad social poniendo en riesgo el patrimonio familiar.

Hay que recordar que esta no es la primera vez que se detona la discusión sobre los servicios de salud durante esta administración, sobre todo por el desabasto en medicamentos, lo que ha provocado una legítima preocupación e inconformidad en los beneficiarios. Sin embargo, también ha sido aprovechado por los opositores para acusar la incapacidad del gobierno en un afán claramente político, en tanto que los seguidores de la denominada 4T únicamente buscan cómo justificar las insuficiencias del nuevo Instituto sin el menor asomo de autocrítica.

Es lamentable que en un tema tan delicado que demanda una discusión racional y un diálogo constructivo que ponga en el centro a las personas, sigan prevaleciendo las posiciones maniqueas a partir de las cuales se ha vuelto sumamente difícil reconocer aciertos y admitir errores ya sea del actual gobierno o de pasadas administraciones, dependiendo del lado en que se ubique cada quien en este contexto de polarización social.

Tratando de ser objetivo, el Seguro Popular dista mucho de ser el programa idílico que plantean muchos de sus defensores, y de hecho ha sido objeto de señalamientos graves por corrupción y desvíos de recursos principalmente a nivel estatal. Pero aún con todas sus deficiencias hay elementos objetivos que permiten afirmar que funcionaba razonablemente bien llegando a cubrir a 53 millones de personas, y que podía servir de base para corregir y mejorar sustancialmente nuestro sistema público de salud.

Por otra parte, sin duda debe haber intereses políticos y económicos que apuesten por el fracaso del Insabi, pero no por ello se pueden desestimar los testimonios de médicos y pacientes que acusan escasez de medicamentos, dilación en los tratamientos e incremento en las cuotas de recuperación cuya solución no puede esperar hasta diciembre de 2020. La salud es un asunto de la mayor seriedad, ojalá lo entendamos todos.