Opinión

La ruta de la seda: la reconfiguración de la geopolítica mundial

Con la configuración de la llamada “nueva ruta de la seda” Rusia y China buscan replantear el orden geopolítico y económico mundial. | Ismael Jiménez

  • 04/01/2022
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Durante al menos los últimos tres meses de 2021, las declaraciones de China en cuanto a su posición con Taiwán y frente a el respaldo de Estados Unidos a la Isla, subieron de tono.

No sólo eso, tanto el ejército chino como el estadounidense, en compañía de sus aliados, incrementaron su presencia militar en los límites marinos del mar amarillo en la frontera entre China y Taiwán.

El gobierno de Xi Jinping ha declarado en más de una ocasión que “no tolerará ninguna intervención extranjera” en la Isla de Taiwán, a lo que ha seguido una lista de descalificaciones por parte de ambos gobiernos y el incremento de sanciones comerciales de Washington a Pekín y viceversa, mismos que desembocaron en el boicot a los olímpicos invernales por parte de Estados Unidos a celebrarse en la capital china en febrero.

Para el gobierno de Washington es inaceptable la unificación de Taiwán ante, “dicen ellos”, un acto de independencia y soberanía de Taipéi. El asunto es que el conflicto no obedece a un solo sentido de la democracia, y la convulsión política y ruptura interna de la Isla explican este nuevo capítulo de la historia que comenzó a escribirse a finales de los ochenta.

Luego de la declaración de la República de China (Taiwán) en 1984, la nueva nación, buscó en compañía de sus aliados occidentales, mantener su independencia de la República Popular de China (China Continental) que, luego de la retirada de Japón de la Isla al término de la Segunda Guerra Mundial, quedó por un corto periodo bajo el gobierno de China. Esto, hasta estallar la Revolución Popular en el continente en 1946. Ante esto, Taiwán se alineó con Occidente lo que le valió el desarrollo industrial y tecnológico que lo convirtió en uno de los cuatro Trigres Asiáticos.

El tema es, que por casi 60 años, Taiwán vivió bajo un régimen semi dictatorial, eso sí apegado a Occidente pero autoritario, que culminó en 1996 con las primeras elecciones democráticas en la Isla. Lee Teng-hui fue el primer presidente elegido en comicios libres y entre su agenda, figuraba la unificación de Taiwán a China, quien para entonces, ya despuntaba como la potencia que es hoy.

Sin embargo, los deseos de unificación duraron poco tiempo y para el 2006, Taiwán ya estaba dividida, entre los pan-azul, a favor de la unificación, y los pan-verde a favor de la independencia.

A partir de este momento, la crisis y la ruptura interna en Taiwán, se hizo evidente y las manifestaciones civiles y represiones a ambos bandos, llevaron el conflicto hasta Washington y Pekín, quienes ahora se disputan el derecho a defender la “democracia” que a cada bando le conviene.

La tensión escaló más allá de las costas de Taiwán, y hoy Estados Unidos junto con Reino Unido y Australia formalizaron la alianza “Aukus” que forma un cinturón nuclear en el mar indopacífico, que pretende detener los avances chinos en su expansión marítima en aguas del Pacífico y más allá.

Por su parte, China anunció antes de terminar el año, su alianza estratégica y militar de autodefensa con Rusia, al considerar como hostiles todas las maniobras y presencia de flotas americanas, de la OTAN y Reino Unido, cerca de las fronteras de ambos países por aire, mar y tierra.

Tanto Vladimir Putin, como Xi Jinping, han mantenido el tono de sus discursos al señalar a Estados Unidos y sus aliados como estados intervencionistas que se encubren bajo el velo “de la democracia y los derechos humanos”. El asunto es que, estos dos gigantes ya sumaron a Irán en algunos de sus tratados de defensa, mientras que el país Persa se encuentra trabajando en la unificación del mundo musulmán para hacer un solo frente contra Israel y sus aliados.

Rusia tiene ya una fuerte presencia en el mundo árabe en donde abiertamente apoya al gobierno sirio frente a Daesh, grupo armado de Estados Unidos y frente a Israel, que continúa bombardeando y expandiendo su presencia en el Golán, territorio que el gobierno de Siria ha prometido recuperar a toda costa.

Mientras tanto en Irak se alza lo que parece ser una firme propuesta militar para expulsar a las tropas estadounidenses de su territorio, y los talibanes poco a poco se van consolidando en Afganistán en tanto que Yemen, está apunto de derrotar a Arabia en otra guerra financiada por Estados Unidos.

Ucrania y su salida, o entrada, a Europa es más que estratégica para ambos bandos en un contexto como éste. No sólo por su valor comercial en términos energéticos, sino porque sería una ruta de suministros en caso de estallar un conflicto en todo el mundo euroasiático.

Pero más allá de eso, estamos viendo la configuración de la llamada “nueva ruta de la seda” que abarca y cruza a las naciones mencionadas, en las que Rusia y China ven como un proyecto estratégico para replantear el orden geopolítico y económico mundial. Mientras que para Estados Unidos y la Unión Europea, consolidar dicho proyecto significaría la expansión territorial y la influencia de las dos grandes potencias enfrentadas con Washington

En el aire queda saber qué camino seguirán las potencias involucradas para definir lo que será, sin duda, el nuevo orden mundial ante un contexto de pandemia global.

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