Opinión

La revolución feminista: protagonistas o espectadoras (es)

Las mujeres experimentamos violencia y discriminación por el sólo hecho de ser mujeres. | Fernanda Salazar

  • 08/03/2020
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“No hay un príncipe valiente. Hay política, que es más lindo, más heroico y más verdadero. La mano salvadora viene de nuestra amistad y alianza”, Rita Segato

Dice Alda Facio que en la mayoría abrumadora de las culturas conocidas, las mujeres son consideradas de alguna manera o en algún grado inferiores a los hombres, siendo cuatro los elementos que pueden hallarse en todas para justificar esta división: 1) una ideología expresada en un lenguaje que explícitamente devalúa a las mujeres; 2) significados negativos atribuidos a las mujeres y sus actividades; 3) estructuras que excluyen a las mujeres de los más altos espacios de poder y 4) el pensamiento que divide, sexualiza y jerarquiza todo en cosas o hechos de cultura o naturaleza, subordinando a las mujeres a los “roles naturales” y otorgándole al hombre el rol de creador de cultura y, por tanto, proyectándole como el parámetro de lo humano. Esto, explicado de manera breve, es lo que llamamos patriarcado. Eso que tanto se escucha en las marchas y que juntas vamos a tirar.


A pocos días de la marcha del #8M y el paro del #9M ya todas conocemos a alguien que se sumará por primera vez a una marcha; un acto político que rompe con la idea tan arraigada en muchos sectores del país de que basta el voto para ejercer ciudadanía y cambiar lo que no nos gusta, una idea que estigmatiza a quienes protestan como “holgazanería”. También, por primera vez en México el llamado de las mujeres a parar se ha vuelto masivo y, según una encuesta publicada por El Financiero, 67% de la población está de acuerdo con el paro y 57% de las mujeres dicen que van a participar en el paro.

En la era de lo digital, el movimiento feminista y las miles de mujeres que buscan poner fin a la violencia ejercida desde ese patriarcado que nos ve como inferiores, nos vuelven a convocar -esta vez en un contexto de exigencia masiva-, a encontrarnos en el espacio público en el que constantemente se nos maltrata, para llenarlo todo de símbolos y de creatividad, de enojo y de propuestas.

Las feministas de antes y de ahora, las que nos heredaron el voto y las que queremos heredarle esperanza a las que nos siguen, tenaces e inteligentes para lograr lo que hoy parece imparable, convocamos de nuevo a apropiarnos de las calles para colocar frente al país entero una visión del mundo distinta: en la que las instituciones asuman la perspectiva de género para que las mujeres, niñas y adolescentes puedan tener acceso a la justicia y a políticas públicas que reconozcan y atiendan las diferencias estructurales para lograr la igualdad; en la que las familias se transformen en espacios verdaderamente seguros y de lazos amorosos basados en la corresponsabilidad y no en roles arbitrarios que sólo fomentan las violencias y las desigualdades, y en la que las personas -mujeres y hombres- examinemos nuestra propia contribución a una sociedad profundamente violenta en la que hay consecuencias negativas para la inmensa mayoría.

Contra las violencias marchamos y contra las violencias paramos, porque aunque de distintas formas y en distintas intensidades, las violencias nos atraviesan a todas: niñas, adolescentes, jóvenes, adultas, madres, no madres, solteras, casadas, heterosexuales, homosexuales, transexuales, binarias o no binarias, indígenas o afromexicanas, con discapacidad, clase baja, media o alta. Las mujeres experimentamos violencias y discriminaciones por el sólo hecho de ser mujeres, por el sistema que nos puso en un lugar inferior y ha justificado a lo largo de toda la historia infinidad de injusticias.

Estamos viviendo un cambio de paradigma, que es una revolución, con todo lo que ello implica: inestabilidad, confusión, incertidumbre, aprendizajes, aciertos, fallas, preocupación, múltiples negaciones y resistencias, pero sobre todo esperanza de transformar aquello que no funciona. La pregunta es ¿de qué lado queremos estar? De aquellas y aquellos que la verán pasar o de quienes apuestan por darle forma y construir lo nuevo. Esa es la gran pregunta para quienes encabezan las instituciones del Estado, para las instituciones sociales y culturales, para las familias y para las personas.

Como dice Rita Segato, “el feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos naturales. El enemigo, es el orden patriarcal, que a veces está encarnado por mujeres”. Este #8M y #9M todas y todos podemos hacer algo que contribuya a que el país cambie un poco más, para siempre, en la dirección correcta.