Opinión

La respuesta está en el viento norte

Por Gustavo Ferrari Wolfenson

  • 24/02/2017
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Hace muchos años atrás en plena efervescencia de la revolución cubana, un trovador como pocos,  llamado Carlos Puebla,  se convirtió en el relator oficial de las andadas del comandante Fidel y sus barbudos.  Uno de los éxitos más rotundos de su vasto repertorio musical -que incluyó temas como “Hasta la victoria siempre”, en honor al Che Guevara, “Voy bien Camilo” en homenaje a Cienfuegos-  fue  “Se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”, en clara alegoría de que todos los vicios de la Cuba pre revolucionaria se solucionaron con la llegada de esos muchachos rebeldes  que bajaron de la Sierra Maestra con la cruz y el escapulario sobre sus pechos.

 

Ha pasado medio siglo de aquella epopeya mística y hoy, el mundo occidental, se encuentra sorpresivamente encabezado por un personaje sin barba,  pero con un copete rubio muy particular, cuya bandera libertaria y revolucionaria la constituye su lucha contra  la inmigración.

 

Si Carlos Puebla fuera estadounidense estaría ya componiendo una simpática y pegadiza canción que dijera. “Se acabó la inmigración, llegó Trump y mando a amurar”.

 

Una cifra récord de 40,4 millones de inmigrantes viven en Estados Unidos, lo que representa 13% de la población. Más de 18 millones son ciudadanos naturalizados, 11 millones son residentes permanentes o temporales con permiso legal y más de 11 millones están en el país sin autorización (datos del Centro Hispano Pew).  Los que están en el país sin autorización representaban 3,7% de la población de Estados Unidos en 2010. Aunque la inmigración en general ha aumentado constantemente, la cifra de los que viven en el país sin autorización tocó su máximo en 2007 con 12 millones.

 

Su origen es el siguiente.  El 29% de las personas nacidas en otros países que viven en Estados Unidos, aproximadamente 11,7 millones, llegó de México, un  25% del Sur y Este de Asia, 9% del Caribe, 8% de Centroamérica, 7% de Sudamérica, 4% del Oriente Medio y el resto de otras regiones.

 

Las diferencias en las cifras son abismales en el caso de los inmigrantes sin autorización: una cifra estimada en 58% son de México. La cifra más cercana es 6%, de El Salvador, indica el gobierno.

 

California tiene la mayor proporción de inmigrantes, con 27%, seguida por Nueva York, Nueva Jersey, Florida, Nevada, Hawai y Texas, según el Instituto de Políticas de Migración. California tiene la mayor proporción de inmigrantes sin autorización, con 25%, seguida de Texas con 16%. Florida y Nueva York tienen 6% y Georgia 5%, según el Departamento de Seguridad Interior.

 

El ingreso al país es por varias vías. Algunos entran por la puerta delantera, otros por una lateral y otros por la puerta trasera, según un informe de la Oficina de Referencia de Población.  Los que llegan por la puerta delantera: personas patrocinadas legalmente por sus familiares o patrones, refugiados y solicitantes de asilo, así como inmigrantes que ganan visas en la lotería anual de “diversidad”.  Por la puerta lateral: los que llegan legalmente para una estancia temporal, como los que tienen visa para visitar, trabajar o estudiar en el país. Hay decenas de tipos de visas de no inmigrante, como por razones de negocios, atletas y artistas. Los visitantes de decenas de países ni siquiera necesitan visa.

 

La puerta trasera: un poco más de la mitad de los que están en el país sin autorización han llegado por la puerta trasera, evadiendo los controles fronterizos. El resto llegó legalmente pero no se marchó cuando debía hacerlo o de otra forma infringió los términos de su visa.

Este es el escenario de la agenda 2017, este es el debate que enfrenta hoy al mundo occidental  frente a la actitud cuasi fundamentalista del nuevo personaje  “Made in USA” . Sin embargo frente al mundo critico de estos días, frente a lo que se “fumó como diría el premier sueco,  frente a las semanales  sátiras de Saturday Night Live,  Trump fue capaz de lograr la más sorprendente victoria en la historia de la política América gracias a los estados de Pennsylvania, Wisconsin y Michigan, pero también ayudó a que Hillary Clinton perder millones de votos que Obama ganó en 2008 y 2012.

 

¿Qué debemos entender por estos números? Que casi 60 millones de estadounidenses, nacidos o naturalizados lo votaron (podríamos decir que otro tanto no lo hicieron), pero que si existe dentro del seno de la sociedad americana un fuerte rechazo a ceder espacios que han sido cubiertos, por diferentes razones que no vienen al caso analizar, por inmigrantes, ya sean documentados o no.  El American Way of Life tan marketinero de una sociedad anglosajona que se sentía festejando el día de acción de gracias indultando a un pavo como mejor ejemplo del perdón, ahora ya no perdonó y ha querido recuperar para sí, las tradiciones que la esencia de sus raíces les supo legar. No hay espacio para compartirlas, según parece.

 

Han pasado  30 días para transformar  lo que por ahí han bautizado  de la llamada ‘tierra de las oportunidades’ en la ‘nación de las hostilidades’. Donald Trump está día tras día confrontando y abriendo nuevos conflictos, con los actores internacionales y los propios locales. La luna de miel aún sigue. Resulta un personaje divertido que sigue llamando la atención por sus frases y actitudes, pero que en el fondo parece que tiene muy claro lo que pretende para su país. 

 

El muro fronterizo no representa un quiebre con México, sino una separación territorial dentro de la vieja teoría de conflicto en donde el primer enemigo es el vecino

 

La respuesta está en el viento decía el Premio Nobel Bob Dylan, (una suerte de Carlos Puebla americano). Ojalá que esos vientos de cambio reflejen ese otro principio internacional hoy tan olvidado de la coexistencia pacífica.

 

@gferrariw

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