Opinión

La reina está vestida de granadero

La Jefa de Gobierno va por el mundo disfrazada de granadero y evadiendo responsabilidades. | Roberto Remes

  • 10/06/2020
  • Escuchar

En muchas circunstancias políticas se suele recuperar aquel cuento en el que alguien engaña al rey y le dice que porta un traje hermoso y esplendoroso pero en realidad está desnudo. La gente lo ve y sabe que el rey está desnudo, pero éste va convencido de lleva sus mejores galas.

Algo así sucede con la Jefa de Gobierno, pero no me atrevería decir que va desnuda por la calle; en realidad, Claudia Sheinbaum va vestida de granadero. El día de su toma de posesión, uno de sus principales anuncios fue el de la desaparición del Cuerpo de Granaderos. Ella está tan convencida de que desapareció los granaderos, que el pasado viernes 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, no despertó pensando en la ecología, escribió a las 7:06: “La policía no está para reprimir al pueblo sino para darle paz y seguridad. Por ello desaparecimos el cuerpo de granaderos“.

Este mensaje fue escrito a colación de las manifestaciones suscitadas en Jalisco por la muerte de Giovanni López a manos de policías municipales en una pequeña localidad del estado. El problema es que por la tarde de ese viernes hubo una manifestación con sesgos violentos en la Ciudad de México que terminó con enfrentamientos entre policías y anarquistas. La imagen que rápidamente corrió en redes sociales: dos policías con los pies en el cogote de una manifestante menor de edad.

Al final del día, la Jefa de Gobierno, malencarada, tuvo que admitir un mal desempeño de la policía, reiterar que había desaparecido el cuerpo de granaderos, anticipar una investigación y referir que estaba teniendo un trato directo con la familia de la joven anarquista que, conforme a otras imágenes, momentos antes había estado agrediendo a policías.

Hace 32 años fui sometido a patadas por granaderos. En aquel entonces, a la misma edad que la joven de las fotografías, yo solo me manifestaba y los granaderos nos tundieron a golpes. No es el caso de las escenas de Jalisco el jueves, donde hubo vandalismo y un policía al que prendieron fuego; o de Ciudad de México el viernes, donde un ballet de granaderos logró contener los destrozos en edificios de Polanco y las agresiones que ellos mismos vivieron.

La Jefa de Gobierno niega que existan los granaderos, presume su vocación, pero finalmente existe un cuerpo policiaco, con escudos, que en vez de las funcionales pero discutibles granadas lacrimógenas que les dan nombre, ahora utiliza pesados extinguidores. El Cuerpo de Extinguidores, o como quiera que se llamen, son cuerpos de defensa de la ciudad y son necesarios para proteger a la población cuando hay grandes concentraciones de personas, sea por motivos políticos, culturales, religiosos o deportivos. Negarlo es mera hipocresía. Negarlo es ir por la calle disfrazada de granadero y creer que se viste un traje elegante.

Las manifestaciones violentas, o las manifestaciones pacíficas que se tornan violentas por cualquiera que sea la causa, no son fenómeno exclusivo de México. Son una realidad en todo el mundo. Sin embargo, de ahí a ponderar los derechos de los anarquistas por encima de los derechos de la comunidad empieza a ser peligroso: no propongo lo inverso, pero quien asalta, quien daña propiedad privada o bienes públicos, quien lastima, no puede quedar bendecido por una tolerancia infinita: si no procede la detención, por lo menos la contención.

Es muy cierto que en los años del autoritarismo, los cuerpos de defensa del Estado se utilizaron en forma represiva y sin protocolos. Es el caso de la golpiza que recibí en febrero de 1988. Pero el mundo ha aprendido, hay forma de generar esos protocolos, de enriquecer tanto los entrenamientos de los policías, como su cultura en derechos humanos; incluso me parece que ya se ha avanzado en ese tema en Ciudad de México. El problema es que para que estos cuerpos de defensa funcionen bien, es necesario reconocer su existencia, no se puede fortalecer sus capacidades e instrumentar protocolos, negando lo que es evidente.

Yo no cuestiono el actuar de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en términos generales en Polanco, hicieron lo correcto. En todo caso es cuestionable que los hayan dejado saquear comercios en su camino hacia Polanco sin que hubiera una acción de la autoridad. Pero aún llegando a Polanco los anarquistas alcanzaron a destruir cristales en distintos edificios. ¿Qué pasaría si unos cuantos se desvían de su “manifestación” y entran a los inmuebles a saquear y vejar? Al final de cuentas, pintas como el “Cállate Blanco” que también pudimos ver, reflejan un resentimiento construido por décadas, pero reforzado en los últimos meses desde el púlpito de la 4T.

No niego que deba haber sanciones contra los policías que abusen, pero también es importante tener en cuenta que replegar a los policías, como ocurrió este lunes 8 de junio en la manifestación de “Justicia para Melanie”, lo único que hace es vulnerar la seguridad del resto de las personas. Al final de cuentas, este “puritanismo” de “desaparecí el cuerpo de granaderos” refleja una visión pobre de los derechos humanos: no basta con un trato respetuoso de la policía a los manifestantes, también debe haber un sentido de protección al resto de la población, y por eso se les llama cuerpos de defensa.

La Jefa de Gobierno no viste un traje elegante libre de violaciones a los derechos humanos, por el contrario, va por el mundo disfrazada de granadero y evadiendo responsabilidades.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.